En un contexto económico incierto y altamente competitivo, los jóvenes necesitan referentes y modelos que refuercen la formación que reciben dentro del ecosistema educativo. El mundo empresarial, desde la visión global que le otorga su actividad, se compromete desde hace años en la educación de los talentos emergentes que regirán los destinos de las empresas y las instituciones en el futuro. Las competencias más necesarias tienen que ver con el emprendimiento, la educación financiera y el contexto laboral en el que se desenvolverán gran parte de su vida.
Desde hace 25 años, Fundación Junior Achievement España está comprometida con la formación integral de los jóvenes, promoviendo competencias clave para su futuro académico, profesional y personal, así como su impacto positivo en el bienestar emocional. Durante el curso 2024-2025, gracias al apoyo de 2.391 voluntarios, 64.831 estudiantes de 954 centros educativos participaron en sus programas educativos.
En este contexto, Capital charla con Lucía de Zavala, directora general en nuestro país de la Fundación Junior Achievement, una institución que ha sido nominada cuatro veces al Premio Nobel de la Paz. “Me emocionan las historias de alumnos sin relación con el mundo empresarial que han pasado por la Fundación y han acabado presidiendo una empresa con 30 años”, afirma.
¿Cuál es hoy la necesidad más urgente que detectan entre los jóvenes en España?
Las necesidades del conjunto del país y los retos que afronta nuestra economía se pueden trasladar perfectamente a los jóvenes. Hoy en día, los grandes retos de este país, como son la vivienda y la falta de certeza y credibilidad, son reales, porque los jóvenes tienen la sensación de vivir en una especie de mentira sistémica. Nuestros programas aspiran a cubrir esa falta de expectativas en sus propios futuros.
La Fundación habla mucho de ‘aprender haciendo’. ¿Qué cambia realmente en un alumno cuando pasa de la teoría a una experiencia práctica con vuestros programas?
Hay dos claves, en mi opinión. La primera es que el formato experiencial ofrece a los jóvenes la capacidad de tomar decisiones propias y esto les hace sentirse importantes. Por otro lado, ellos ven que son capaces de cambiar su entorno con cosas prácticas del día a día y en un entorno seguro, lo cual les estimula de cara a sentirse con más confianza hacia el futuro laboral que les espera. Si han conseguido crear una miniempresa y encima han resuelto un reto medioambiental o social, pues ganan en autoestima.
Trabajan con estudiantes desde primaria hasta universidad. ¿Cómo adaptan los contenidos y el enfoque para que el impacto sea distinto en cada etapa educativa?
Los programas se adaptan según el currículum escolar y son adaptables a las nuevas tendencias. En primaria, los programas se centran más en aprender conceptos como el ahorro y las necesidades reales, adaptadas a su entorno, a su economía diaria y al contexto escolar. Luego, según van creciendo, van aprendiendo a tomar decisiones de forma democrática, en clase, sobre los negocios que hay que poner en marcha o las soluciones que debemos plantear para cada problema que hemos identificado. Algunos, los más atrevidos, incluso se van al Ayuntamiento a pedir ayuda y financiación. Posteriormente, en la etapa universitaria abordamos más los prototipos adaptados a las ideas.
Nuestros modelos incorporan, desde los 12 años, pequeñas ‘competiciones’ que son sanas y saludables, ya que les enseña a defender que la suya es la mejor idea, que debe ser lo más innovadora y creativa posible. Hoy en día, los jóvenes tienen todo el conocimiento al alcance de sus manos y, en este contexto, se les ocurren ideas que probablemente en muchas empresas no surgirían.
¿Qué relación tiene la Fundación con la Administración?
Llevamos ya 25 años en España y ya nos hemos hecho, como si dijéramos, un ‘nombre’ en los principales nichos y organismos educativos. Por lo general, colaboran con nosotros en muchas de las consejerías de Educación y ya nos mencionan como una institución referente en buenas prácticas, también a nivel de la Unión Europea (UE), en cuanto a emprendimiento, educación financiera y orientación laboral.
En un contexto de incertidumbre laboral, ¿qué competencias considera más decisivas para el futuro de los jóvenes en los próximos cinco años?
Considero que las áreas prioritarias son las denominadas como STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés), sin olvidar las Artes y las Humanidades. Todas las materias tecnológicas tienen que estar orientadas por personas que perciban el peligro, los sesgos y los riesgos que pueden tener todas esas tecnologías. Percibo que la inteligencia artificial (IA) ha venido para quedarse, en los colegios se acabará adoptando incluso a nivel de gestión y les va a facilitar muchísimo la vida a aquellos que la usen.
Nosotros estamos apostando por ello y tenemos un itinerario ya preparado de formación para docentes en emprendimiento con IA. La clave, como con cualquier herramienta, es utilizarla de una forma sensata para que los jóvenes aprendan de una manera segura. La ética y la concienciación sobre el uso de esa herramienta es útil tanto para el docente como para el alumno.
¿Alguna de las ideas surgidas en el contexto de la Fundación ha sido adoptadas posteriormente por empresas o instituciones?
Varios de los programas que desarrollamos junto a los universitarios han sido posteriormente proyectos de éxito que luego, o bien han encontrado financiación y han acabado siendo proyectos de otros, o han protagonizado historias de emprendimiento para sus creadores. Como ejemplos, destacaría Entradium, Ola Creators, Solaris Vita, Plantae o Link3rs.
El modelo de la Fundación incorpora a voluntarios procedentes del mundo profesional y empresarial. ¿Qué aporta ese contacto directo con la realidad del trabajo que no siempre se consigue en el aula tradicional?
En los orígenes, hace 25 años, teníamos bastante dificultad en que nos abrieran las puertas de los colegios, porque no había una cultura intrínseca en España de que los padres entraran en los colegios a hacer voluntariado. Lo hemos conseguido y esta ha sido la base de nuestras buenas prácticas, no querer ‘venderles’ nada que sea de terceros y no cosificar a los alumnos.
Además, ayudamos a los docentes a llegar a donde no llegan, con orientación laboral, mentorías o acercando las empresas a las aulas. Estas ‘micromentorías’ con voluntarios les permiten estar en contacto con el mundo real de la empresa, con los trabajos del futuro y también a los voluntarios les permite, con las preguntas de los propios chicos, aprender hacia dónde van las tendencias.
¿Cómo miden el impacto real de sus programas más allá de las cifras de participación?
Tenemos dos formas de medir la satisfacción: primero, a través de cuestionarios con los voluntarios, los alumnos y los docentes, y segundo, mediante la medición del impacto, a través de un consultor externo de la Universidad de Murcia que se llama Ildefonso Méndez. Con su método, consigue averiguar qué porcentaje de alumnos se plantearían emprender por cuenta propia, cómo la mentalidad en desarrollo les impulsa a conseguir buenos resultados.
La Fundación quiere ser también un referente en ESG y en atención a colectivos más vulnerables. ¿Cómo se traduce eso en programas concretos y en decisiones del día a día?
Por ejemplo, estamos haciendo un programa que se llama ‘Emprende por el clima’, con colegios públicos de toda España. Es una competición que identifica qué reto ambiental es el mejor de los planteados entre las 17 comunidades autónomas, con casi 4.000 beneficiarios. Y eso lo hacemos con alumnos de cuarto de la ESO.
En temas sociales, con el programa ‘Oportunidades para todos’, ayudamos a chicos en riesgo de vulnerabilidad a encontrar su camino y a orientarse hacia su futuro laboral. Les acercamos al entorno empresarial y les contamos las habilidades que deben potenciar y aquellas en las que destacan, para que descubran su potencial. Y, en orientación pura y dura para el mercado laboral, tenemos una plataforma de primer empleo para los chicos que se llama ‘Trabaja’, que funciona como un pool de talento en el que las empresas pueden buscar perfiles profesionales para prácticas. Está enfocada en alumnos nuestros de entre 18 y 28 años, de origen vulnerable, que no han conseguido un trabajo.
Si tuviera que señalar una historia o caso concreto que represente el impacto de Junior Achievement en España, ¿cuál compartiría y por qué?
Las historias que más me han emocionado han sido, por ejemplo, las de aquellos alumnos que han participado en nuestros programas de emprendimiento, con orígenes no relacionados con el mundo empresarial, y han acabado presidiendo una empresa con 30 años. También hay docentes que nos cuentan historias de alumnas que estaban muy perdidas y que, años después, contactan con ellos y ven la madurez de todo el proceso, la capacidad de ‘comerse’ el mundo.
Uno de nuestros voluntarios, que es como un estandarte para nosotros, es Javier Vello, socio de EY, que va todos los años a un colegio a hablar con los alumnos. La profesora de este centro dice que muchos de ellos, que habitualmente no destacan por sus buenas notas, ven por fin que alguien los escucha. Y esto les motiva muchísimo y empiezan a progresar y a mejorar sus calificaciones.
Mirando al futuro, ¿qué objetivo les gustaría haber cumplido dentro de tres años para poder decir que estáis transformando de verdad las oportunidades de los jóvenes?
En términos generales, me gustaría ver triunfar a cada vez más alumnos nuestros como empresarios. Y que, además, se convirtiesen posteriormente en voluntarios de la Fundación. Queremos más socios como EY, presente en nuestro Patronato a nivel nacional, europeo y mundial, que nos ayuden y que adapten nuestros programas a las tendencias empresariales de cada momento. Empresas con propósito que estén alineadas con nosotros. El poder de la educación es básico y es fundamental para los líderes del futuro, nos va a todos la vida en ello si queremos tener un futuro mejor.


