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El coronavirus aumenta la brecha de género en el mundo laboral

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El número de mujeres ocupadas en España ha retrocedido algo más que el de hombres entre octubre de 2019 y junio de 2020, y la recuperación del empleo en el tercer trimestre de 2020 ha sido ligeramente mayor entre ellos, ampliando la diferencia de género.

Estas son algunas de las conclusiones del informe de BBVA Research ‘Diversidad de género y formación’ que ha sido presentado este 1 de diciembre en el marco de unas jornadas sobre diversidad en BBVA, en las que se ha señalado a la formación como un factor esencial para revertir esta situación y mejorar la participación de la mujer en la economía digital.

Tras el primer impacto de la COVID-19, los datos de empleo muestran una ligera tendencia creciente en la diferencia de género de la tasa de paro. Pero ya antes de la llegada de la pandemia, el crecimiento del empleo ha sido ligeramente más favorable en hombres que en las mujeres, ha recordado BBVA.

“La COVID-19 ha generado un descenso muy brusco del número de ocupados durante el primer semestre de 2020, más fuerte en las mujeres que en los hombres”, ha explicado Alfonso Arellano, autor del estudio. El economista de BBVA Research ha expuesto cómo “la recuperación del empleo vivida del segundo al tercer trimestre de 2020 ha sido algo mayor en hombres que en mujeres”, ampliando la brecha de género.

El impacto de la pandemia en el empleo es muy diferente por sectores económicos. La anterior crisis económica -centrada en sectores como la construcción- redujo las diferencias en la tasa de paro por género. Sectores como las actividades financieras y seguros o las Administraciones Públicas aguantan mejor el impacto en el empleo frente a actividades artísticas y otros servicios, el comercio, el transporte y la hostelería.

“Más del 50% del empleo de las mujeres se concentra en cuatro sectores: comercio, hostelería, educación y servicios sanitarios y sociales, sectores directamente implicados en el impacto de la pandemia“, afirma Arellano. Y, según recoge el estudio, aunque por el momento la COVID-19 mantiene la representatividad de hombres y mujeres en los sectores en su conjunto, sí se observa un efecto composición en las mujeres ocupadas, que reducen su peso en la hostelería frente a una subida en las actividades sanitarias y de servicios sociales. Son los sectores con peor comportamiento en términos de empleo los que más han aumentado la representatividad de las mujeres (salvo en el caso de la hostelería).

En este sentido, el autor del estudio recuerda que la educación tiene un gran impacto sobre las oportunidades de encontrar y mantener el empleo, y las diferencias de representatividad entre población y ocupación se reducen con la educación. La educación tiene mayor importancia en las mujeres, pues comparando las diferencias de género en la tasa de paro, estas se reducen con el nivel de educación.

“Esto nos indica que la educación se convierte en un elemento diferenciador para los trabajadores, muy especialmente para las mujeres”, ha asegurado el economista. Mientras que la brecha de género en el grupo de analfabetos es de 19,55 puntos porcentuales, esta se reduce hasta 1,2 puntos porcentuales para la educación superior.

La mujer, menos presente en el sector

La mujer se encuentra menos representada de media en la economía digital que en el total de España (42,7% frente a 46,3%). El comportamiento de la economía digital durante la COVID-19 es ligeramente mejor que la media de España, sobre todo en las actividades vinculadas a los servicios y con datos previos a la pandemia (INE, 2019): estos sectores representaban más de un 17% del valor añadido bruto de España, y cerca del 17% del empleo total.

Por lo general, este tipo de sectores tiene además mayor peso de contratos indefinidos y las trabajadoras asalariadas con educación superior también tienen mayor probabilidad de tener un contrato indefinido en estos sectores, según el informe.

Además de la formación, el estudio destaca la posibilidad de mejorar la diversidad de género en el mercado laboral más allá del conocimiento. Estas necesidades formativas constituyen un elemento más dentro de los requerimientos de las empresas en la oferta de trabajo, pero no las únicas. Otras necesidades que cada vez cobran más peso incluyen factores como el desarrollo de las capacidades, las habilidades o las formas de trabajo, las denominadas ‘soft skills’.

Por todo ello, el informe concluye que un mayor nivel de formación permite generar resiliencia y mejorar la situación laboral de la persona, incluso durante la pandemia, una conclusión relevante en el caso de las mujeres a la hora de reducir las diferencias de género en el empleo. “La mejora de otros factores relacionados con la educación, como las habilidades, capacidades y formas de trabajar puede constituir una herramienta potente ante el impacto laboral de la COVID-19″, concluye el estudio.

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