sábado 16 • octubre 2021
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España es el país más barato de Europa para instalar una central eólica

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El sector eólico español alerta: o el ritmo de tramitación se agiliza o no llegaremos a los objetivos marcados para 2030. La asociación discrepa ante el canon medioambiental impuesto en algunas CCAA, un criterio que en vez de propulsar el sector, lo obstaculiza todavía más. Capital habla con la Asociación Empresarial Eólica (AEE), que representa a más del 90% del sector en España con más de 200 empresas asociadas, y con Siemens Gamesa, una de las principales empresas del negocio.

Los molinos del Quijote vislumbraron hace ya siglos el potencial eólico español. Nuestro país es el quinto por energía eólica instalada en el mundo y el segundo en el ranking europeo (2,3 GW, todos parques terrestres), tan solo por detrás de Reino Unido (2,4 GW, marinos y terrestres). En cuanto a capacidad de generación, la eólica es, según la AEE, la primera tecnología renovable.

“Al haber sido pionera en el desarrollo de la energía eólica, junto a Dinamarca y Alemania, España se encuentra en una situación privilegiada frente a otros países también industrializados que no apostaron por esta tecnología al mismo nivel”, explica Heikki Willstedt, director de Políticas Energéticas y Cambio Climático de la AEE. En su opinión, el impulso “ordenado y progresivo” nos convirtió en uno de los pocos países que exporta energía eólica al resto del mundo. Como señala Enrique Pedrosa, director general de Siemens Gamesa en España, no es de extrañar que diferentes empresas multinacionales del sector coloquen su sede en nuestro país.

El sector renovable importa “por los pocos recursos energéticos no renovables que tiene España. Muy poco carbón, no tiene gas, no tiene petróleo…”, contextualiza Willstedt. Que esta tecnología, desarrollada en los últimos 20 años, esté proveyendo alrededor del 20-21% de toda la electricidad consumida es una de las mejores noticias en términos energético-sostenibles desde inicios de siglo. “Aquí, lo bueno que tenemos es la complementariedad de todas las energías renovables”, añade Willstedt.

Reducir la dependencia energética del exterior no es el principal objetivo de las políticas actuales, sino que será una de las consecuencias de la eliminación de las emisiones de CO2. Lograrlo significa otra muy buena noticia para España: “Cada año gastamos entre 30.000 o 50.000 millones de euros en comprar combustibles fósiles, una cantidad que, en vez de ir a esas compras, se quedará en el país y se invertirá en crear riqueza en nuestro territorio”. Aunque Willstedt opina que ya estamos en buena dirección.

El autoconsumo eólico, aunque es una posibilidad mucho menos explotada, también existe. Se trata de mini-molinos de viento que se pueden colocar en una casa, en un edificio o en polígonos industriales. Como en la fotovoltaica, existen ayudas y modalidades de formato crowdfunding, proyectos que reparten la energía entre sus participantes. Aunque no está tan avanzada, destaca el caso gallego, con “pequeños parques singulares” (menos de 6 MW) donde la participación pública es clave: los ayuntamientos cuentan con un 30-40%.

Inversión en el sector

“Estamos posicionados, pero no somos los que más invertimos”. Poner un parque eólico en España es, probablemente, lo más barato en Europa. Tenemos industria y no tenemos que pagar el transporte, una logística “complicadísima”, así que el ahorro es importante. Además, “la mano de obra española, aún siendo muy cualificada, es mucho más barata que, por ejemplo, la alemana”, explica la AEE. En este punto, que la inversión no sea tan alta como en Alemania no significa que se haga menos, necesariamente. Si tenemos que alcanzar los 50 GW de potencia instalada en 2030, la inversión no es suficiente: “deberíamos de incrementar un 50% más el ritmo”, según Willstedt.

Regulación

“La eólica y la fotovoltaica están llamadas a ser las grandes protagonistas de aquí a 2050 para la descarbonización total de la economía española”. Según la Ley del Cambio Climático, toda la energía tendrá que venir de fuentes renovables o de energía nuclear -que no emite CO2-, aunque Willstedt no cree que sea el caso: “las centrales actuales ya estarán fuera de su óptimo en el sentido técnico”. En el marco legal, la necesidad de agilizar el proceso es la principal denuncia de la AEE. La asociación avisa: a este ritmo, no llegaremos a los objetivos.

“Para llevar a cabo un proyecto, necesitas entre cinco y siete años. Es mucho tiempo… Demasiado si se compara con los objetivos previstos para 2030 y 2050. La potencia eólica instalada que teníamos en España, en el año 2018… la tenemos que doblar para 2030”.

Según Pedrosa, la Ley es un elemento básico para la transición energética y refleja el compromiso del Gobierno con la energía renovable. Los fondos de recuperación para la transición ecológica -el 39% del total- contribuirán a lograr los objetivos, que establecen, como anticipaba Willstedt, que España debería contar en 2030 con 50 GW de energía eólica instalada, casi el doble que los 27 GW que hay actualmente, según Siemens Gamesa.

De cumplirse, los ambiciosos objetivos de esta Ley situarán a España en posiciones de cabeza de Europa en cuanto a energía verde se refiere. El desarrollo del sector se notará, además, en toda la cadena de valor; Siemens Gamesa cree que será un “importante impulso para nuestros proveedores en toda España”.

Diferencias entre las CCAA

En nuestra orografía confluyen diferentes vientos: Atlántico, Mediterráneo, la zona de Castilla-La Mancha, el valle del Ebro… “España es más rica en viento de lo que parte de Europa cree”. Willstedt destaca las ventajas frente al resto del continente para el desarrollo de la eólica. Pero, ¿la diferencia geometeorológica influye en la legislación? Willstedt explica que no: para exprimir el potencial eólico en cada lugar, “lo ideal es regular de la forma más homogénea posible, que no genere requerimientos especiales en cada uno de los sitios que generen desequilibrios en la parte económica del desarrollo de las plantas”. La regulación medioambiental en Ciudad Real o en Cádiz, en principio, es la misma, pero al impulsar los proyectos y tratar de obtener los permisos, cada emplazamiento se trata de forma particular. Que, por motivos de “conveniencia” medioambiental, no se permita algún proyecto es una situación que ya se ha dado. La administración tira un montón de proyectos al año por falta de viabilidad: “no es ningún drama. A todo el mundo le gustaría que se lo aprobaran, pero el juego regulatorio es ese”, añade el portavoz de la AEE.

¿Es equilibrado el desarrollo de la eólica en todas las comunidades? Según Willstedt, las “nuevas renovables” están más distribuidas a lo largo de la geografía española. Los nuevos desarrollos tecno- lógicos, como el crecimiento en altura de los aerogeneradores (mediante palas más largas que captan vientos más flojos y a mayor altura) estabilizan las posibles diferencias meteorológicas: “Ya no es necesario llevarte los aerogeneradores a zonas con mucho viento o a zonas que estén muy en altura”. Se puede generar mucha más electricidad en sitios que antes no eran interesantes, así que ya no necesitamos acumular todos los parques eólicos en el mismo lugar.

El panorama abre la puerta a nuevas zonas: un ejemplo claro es el parque eólico de Extremadura, que se instaló en 2019 gracias a subsidios: “ahora funciona como un tiro, ya no necesita de incentivos”. Otro caso particular es el archipiélago canario, donde “gracias al viento se pudieron hacer tomates”, explica Willstedt. Aunque hay mucho viento, el agua potable es escasa, así que la eólica genera electricidad para centrales de desalación, una situación que abarata el coste del agua potable y facilita el mantenimiento de huertas e invernaderos.

En este contexto, la AEE señala la diferente legislación entre las 17 CCAA. Mientras unas autonomías ponen trabas, otras promueven el sector. Nada tiene que ver el caso de Galicia o Castilla y León, que imponen el “canon medioambiental” a la eólica -un parámetro nunca impuesta al carbón, por ejemplo- con el caso de Aragón, que ha explotado la oportunidad de negocio hasta convertirse en la que más ha instalado en los últimos dos años. “Son esas cuestiones un poco extrañas que tienen las CCAA, en vez de penalizar a los contaminantes, penalizan a los renovables que no contaminan, bajo la supuesta afección paisajística”, añade Willstedt. En su opinión, se deja bastante libertad a la regulación a nivel autonómico.

Eólica marina

La eólica marina, el nuevo horizonte para las renovables, cuesta mucho más, pero también genera más electricidad. España está a punto de implementar esta tecnología: el gobierno prepara, en su plan de energías marinas, el pistoletazo de salida que, probablemente, empezará en Canarias. Según Siemens Gamesa, aún está por desarrollar. “Los fondos europeos de recuperación son una gran oportunidad para financiar proyectos que impulsen su desarrollo y para que España se convierta en los próximos años en un referente mundial”. La empresa, asegura, contribuirá a su impulso en nuestro país, compartiendo su conocimiento y experiencia en un sector donde son pioneros y líderes mundiales, con más de la mitad de la cuota de mercado.

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