lunes 16 • mayo 2022

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Tras el hachazo fiscal, ¿siguen siendo atractivos los planes de pensiones? 

Hasta 2014, un partícipe individual de estos productos podía desgravarse en el IRPF hasta 12.500 euros anuales en aportaciones, cifra que actualmente es sólo de 1.500 euros  

Los fondos de inversión ganan atractivo por rentabilidad, flexibilidad y liquidez, aunque los planes de pensiones proporcionan un compromiso más seguro para el ahorro

España es una rara avis dentro de los sistemas de pensiones. Solo existe un pilar obligatorio para abordar las jubilaciones, las cotizaciones a la Seguridad Social. Esto no supondría un inconveniente si no fuera porque la pirámide poblacional en el país está invertida desde hace años. En otras palabras, España cuenta con una población envejecida mucho mayor que la de cotizantes. 

Según las previsiones del Banco de España, en los próximos 30 años el país sufrirá un gran aumento de la tasa de dependencia (la relación entre la población dependiente y la activa en edad de trabajar). Así, para 2050, esta tasa será de un 60% (es decir, habrá cerca de dos personas mayores de 65 años por cada tres en edad de trabajar), lo que implica una subida de 34 puntos porcentuales respecto a 2010. Esta situación impediría financiar el sistema de pensiones de acuerdo con el modelo actual, que presupone para su buen funcionamiento un mínimo de 2,5 trabajadores por cada jubilado. 

A este respecto, España es uno de los países más generosos entre los de la OCDE, como demuestra su tasa de reemplazo. Este indicador muestra el porcentaje que supone la pensión pública respecto al último salario cobrado o, de forma más clara, si alguien cobraba 1.200 euros y su pensión es de 800 euros, la tasa de sustitución, como también se la conoce, será del 67%. Así, la tasa de sustitución media en la OCDE es del 57,6%, del que el 42,2% corresponde al sistema público y 15,4% al privado. En el caso de España, la tasa de sustitución es del 73,9% y es absorbida íntegramente por el sistema público. 

Por ello, desde hace años los expertos hacen hincapié en la importancia de complementar la pensión pública para disfrutar de una jubilación tranquila. Uno de los vehículos por excelencia para hacerlo son los planes de pensiones, basados en aportaciones periódicas o puntuales realizadas por el partícipe que son invertidas por los gestores del plan. De este modo, a la hora de rescatar el plan de pensiones, el titular obtiene tanto el dinero depositado a lo largo de los años como la rentabilidad que este haya podido generar.  

Además de que están formulados para el largo plazo, unos de los principales atractivos de estos productos, tradicionalmente, han sido sus ventajas fiscales. La deducción en la Declaración de la Renta por las aportaciones de los partícipes llegó a ser de hasta 10.000 euros hasta 2014 e, incluso, de 12.500 euros para mayores de 50 años.

En 2015, esta cantidad se igualó a 8.000 euros y en 2021 apenas se quedó en 2.000 para bajar a solo 1.500 euros en 2022. “Conviene recordar que este límite es tanto financiero como fiscal, lo cual se traduce en que si un ahorrador/inversor quiere destinar a este tipo de producto de ahorro una cantidad mayor, no va a poder”, señala Raúl Dueñas, asesor financiero en ATL Capital. 

¿Qué implica esta bajada? Veámoslo en un ejemplo para una persona que cuenta con unos ingresos del trabajo de 50.000 euros brutos anuales. “Si no hace ninguna aportación a planes de pensiones, pagará a Hacienda por esos rendimientos del trabajo 10.731,81 euros. Pero, si aporta 1.500 euros anuales (límite actual) a planes de pensiones, se ahorraría 538,5 euros, siendo el pago a Hacienda en este caso de 10.193,31 euros.

En cambio, si pudiese aportar 8.000 como antes de la reforma, lo que se hubiese ahorrado frente a no aportar, hubiese sido de 2.872 euros, con un pago a hacienda de 7.859,81 euros”, explican desde Abante Asesores (se ha considerado un mínimo personal y familiar de 5.550 euros con los tipos impositivos de IRPF actuales de la Comunidad de Madrid). 

Esta situación ha provocado que el volumen de aportaciones brutas cayese un 40% en 2021 frente al año precedente, según los datos de Inverco. Según estimaciones de la asociación, el nuevo límite puede suponer previsiblemente una reducción adicional superior a los 320 millones en las aportaciones al Sistema Individual (12% menos de las realizadas en 2021). 

“Estas reducciones van a afectar de forma sensible a una gran parte de los ahorradores en planes de pensiones: con información disponible de la Agencia Tributaria, el 73,5% de aportantes (salarios inferiores a 45.000 euros) realiza una aportación media inferior a 2.000 euros, y el 54,9% (salarios menores a 33.000 euros) realiza una aportación media inferior a 1.500 euros”, destacan desde Inverco.  

¿Sigue mereciendo la pena? 

En este contexto, ¿han perdido los planes de pensiones todo su atractivo? “Son interesantes en la medida en que supongan una disciplina para el ahorrador el aportar 1.500 euros, como máximo, a los planes individuales”, sostiene Jesús Pérez, profesor del IEB, quien añade que “la otra posibilidad es que la empresa puede aportar por el trabajador hasta 8.500 euros al plan de empleo, pero para eso primero la empresa ha de tener un plan de pensiones de empleo y querer aportarlo, y esto es más difícil”.  

Para Paula Satrústegui, socia de asesoramiento patrimonial de Abante, “es interesante seguir aportando. Sigue ayudando a generar el capital que necesitamos para la jubilación, gracias al diferimiento fiscal, que nos permite ir rentabilizando ese ahorro que tenemos hoy. Además, al ser ilíquido y tener ese objetivo claro, nos permite un mayor compromiso con nuestro plan de ahorro”.  

Esta última característica, para Dueñas (ATL Capital), resta atractivo a estos productos, ya que “las situaciones en las que se puede rescatar un plan de pensiones están tasadas”. Como su propio nombre indica, este vehículo está pensando para rescatarlo después de la jubilación. Recuperar el dinero antes de este momento solo está permitido en casos como la incapacidad laboral o gran invalidez, una enfermedad grave, el desempleo o por el fallecimiento del partícipe. A partir de 2025 se podrán rescatar aquellas aportaciones y rendimientos generados vinculados a las mismas cuando éstas tengan más de 10 años de antigüedad. 

A esto, añade el experto, hay que recordar el tratamiento fiscal de su rescate en la medida en que “el capital aportado y las eventuales plusvalías que se obtengan tributan como rendimientos del trabajo en el IRPF, lo que comporta, en esencia, que los tipos de gravamen pueden llegar a superar el 50% (dependiendo de la comunidad autónoma)”. Por ello, muchos expertos recomiendan rescatar lo ahorrado de forma periódica y una vez llegue la jubilación, para que el tipo impositivo sea el menor posible. 

Por su parte, Satrústegui (Abante) destaca que con el dinero que se puede aportar a planes de pensiones individuales (1.500 euros al año) no es suficiente para conseguir el capital necesario para la jubilación. “Por eso, aconsejamos complementar este ahorro con otras inversiones, por ejemplo, en fondos de inversión, que también tienen una serie de ventajas para el ahorrador particular”. 

Para muestra un botón: la diferencia entre invertir 1.500 euros al año (sin revalorización, invertimos esa cantidad fija al año) en un producto que ofrezca una rentabilidad 3 puntos por encima de la inflación durante 20 años arrojará una cantidad acumulada de 33.379 euros actuales (49.599 euros nominales). “Si, por el contrario, invertimos 8.000 euros anuales (también sin revalorización), en un producto que nos dé la misma rentabilidad, al cabo de 20 años habremos acumulado 178.020 euros actuales (264.528 euros nominales)”, ejemplifica Satrústegui. 

En esta misma línea, Dueñas resalta los fondos de inversión como una de las mejores alternativas para rentabilizar el ahorro. “Se trata de vehículos lo suficientemente sofisticados desde el punto de vista financiero y atractivos desde el punto de vista fiscal para optimizar a través de ellos el ahorro financiero de familias y particulares. Además, son más flexibles que los planes de pensiones a la hora de realizar aportaciones (no tienen límite), son más líquidos que éstos (pueden ser rescatados total o parcialmente cuando el inversor lo necesite sin necesidad de que se cumplan determinadas circunstancias) y permiten al ahorrador construir carteras diversificadas y globales”. 

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