martes 09 • agosto 2022

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Así es el legado económico que deja Boris Johnson

La dimisión del primer ministro británico deja un legado de crisis y malas expectativas de futuro

Boris Johnson ha dimitido finalmente tras unas semanas caóticas para la política y la economía británicas. Las deserciones en cadena del secretario del Tesoro, Rishi Sunak, y del secretario de Salud, Sajid Javid, han puesto al premier Boris Johnson en una situación límite. Esta situación ha sido la gota que ha colmado el vaso de una crisis interna que ha terminado con la dimisión de hasta cincuenta altos cargos del Gobierno de Johnson. Ahora, la renuncia del propio primer ministro deja al país al borde de una grave crisis económica, con una inflación galopante y con unos indicadores muy poco halagüeños.

El primer indicio de declive y caos económico en su Gobierno fue la continuación del Brexit iniciado por Theresa May. Con su eslogan “get Brexit done”, el hasta ahora primer ministro se apresuró para llegar a acuerdos con sus socios de la Unión Europea que le permitieran no solo salir de Europa, sino mantener el prestigio de la economía británica en el futuro. Sin embargo, tras la firma de última hora donde se sellaba la salida definitiva del Reino Unido de la UE, los problemas logísticos y financieros no se hicieron esperar.

Su siguiente reto fue lidiar con la escasez de productos en el mercado, debido a las políticas implantadas por el Brexit. En otoño de 2021 Johnson parecía ignorar las implicaciones de no permitir el paso de los miles de camioneros extranjeros (ahora eran extracomunitarios) que cruzaban cada día las fronteras británicas.

El experimento terminó con el desabastecimiento de muchos supermercados, el cierre de gasolineras y las colas de los transportistas que se agolpaban en la frontera esperando la autorización para cruzar. Según los cálculos del momento, se necesitaban 90.000 camioneros para recuperar la normalidad en cuanto a suministros. Finalmente, Johnson tuvo que recular y accedió a contratar trabajadores de la UE para evitar el colapso total.

De desgracia en desgracia

Las consecuencias económicas de los retrasos en el abastecimiento local y las huelgas de los camioneros no se hicieron esperar. Previamente, el equipo de gobierno tuvo que capear el temporal causado por la pandemia de la Covid-19, que hizo estragos en casi todos los países desarrollados.

En junio de este mismo año, otro aluvión de huelgas en el transporte paralizaban la actividad británica. Primero fue el ferrocarril, donde más de 40.000 trabajadores del sector fueron convocados a raíz de las malas condiciones económicas. En unas declaraciones a la prensa británica, el secretario general de los Trabajadores del Ferrocarril, Marítimos y de Transporte (RMT), Myck Linch, afirmaba: “Las compañías ferroviarias han propuesto subidas salariales muy por debajo de la actual tasa de inflación, a lo que hay que añadir que los sueldos llevan varios años congelados”.

La subida salarial que proponen las ferroviarias no llega al 3%, mientras que los sindicatos reclaman que el aumento se aproxime al 7%. La huelga en el sector ha sido la mayor desde la de 1989, y sin ningún acuerdo preestablecido nos dirigimos a lo que la prensa británica ya ha denominado como “el verano del descontento”.

El ferrocarril no es el único sector que está sufriendo las carencias del legado económico de Boris Johnson. Durante el half term (la semana bimestral de descanso que tienen los colegios) de primeros de junio se ha evidenciado la falta de organización y las carencias del sector aéreo. Los miles de recortes de personal que se hicieron en los inicios de la pandemia no se han repuesto.

En el aeropuerto de Heathrow, centenares de personas se quedaron en tierra debido a la cancelación de vuelos. Montañas de maletas se agolpaban mientras las autoridades trataban de poner orden y la compañía low cost EasyJet anunciaba la cancelación de hasta 11.000 vuelos programados para verano.

La inflación desmedida

Cuando Boris Johnson llegó al poder en 2019, prometió subidas de salarios y un crecimiento económico por encima del 6,5%. Con estos datos, pretendía regar de dinero las carreteras (25.000 millones), los ferrocarriles (60.000 millones) o la sanidad (20.000 millones). Los expertos anunciaban un posible aumento de la inflación si las medidas de gasto público continuado se mantenían, y la oposición laborista tampoco lo veía claro.

La realidad es que al poco de anunciar estas medidas, Johnson tuvo que dar marcha atrás y anunciar una subida de impuestos que incumplía su programa electoral. Poco después llegó la pandemia, y las expectativas económicas cayeron en picado. Lo que parecía una ilusión se convirtió en una pesadilla. Desde entonces, la incapacidad del Ejecutivo para controlar las finanzas ha llevado a un aumento gradual de la inflación.

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Evolución de la inflación anual en el Reino Unido Fuente: Bank of England

Según los datos del Banco de Inglaterra, la inflación en el Reino Unido ya se situaba en el 7,9% en el mes de mayo. Sin embargo, a estas alturas está ya entorno al 9,1%. A pesar de que este dato casa con el de otras economías desarrolladas de Europa, las previsiones económicas auguran que seguirá aumentando hasta alcanzar el 11% en verano.

El futuro inmediato

La dimisión de Boris Johnson ha provocado un aumento de la confianza en los mercados, alentando la subida de la libra y del índice Ftse 100. De momento, esto es algo testimonial, pues este miércoles la libra marcaba unos mínimos históricos de 1,1876 dólares por libra. La dimisión del ex primer ministro ha aliviado la presión momentánea de los mercados británicos, pero las perspectivas siguen siendo desalentadoras. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR, en sus siglas en inglés) ha cifrado en un 4% el impacto negativo sobre el PIB que tendrá el Brexit a largo plazo.

El nuevo gobierno tendrá que lidiar con una inflación galopante, unos sindicatos que continúan presionando para mejorar las condiciones salariales de los trabajadores y un malestar social que ha dejado tocado el orgullo de los británicos y la confianza de los inversores extranjeros.

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