Desde que estalló la guerra en Irán a finales de febrero de 2026, el precio de la electricidad en España ha experimentado un incremento pronunciado y volátil, reflejando la fuerte dependencia del país de los combustibles fósiles importados y la influencia directa de los mercados internacionales. Según datos del Operador del Mercado Ibérico de Energía (OMIE), el precio medio del mercado mayorista alcanzó los 119,42 euros/MWh el primer lunes tras el inicio del conflicto, frente a los 14,5 euros/MWh del día anterior al ataque. Solo unos días después, el martes 10 de marzo, el precio subió hasta los 136,86 euros/MWh, con picos de hasta 250 euros/MWh en las horas de máxima demanda. Este fenómeno refleja la relación directa entre los precios del gas natural y del petróleo con el coste de la electricidad en España, especialmente en las horas en que las centrales de gas marcan el precio del mercado.
La escalada en el precio de la luz ha tenido un impacto inmediato sobre los consumidores y empresas. Muchas comercializadoras han suspendido sus tarifas a precio fijo, imposibilitando la contratación de nuevos contratos estables y forzando a hogares y negocios a adaptarse a planes variables más costosos. Según el análisis de Manuel Palacín, fundador de Zonox, los hogares que renovaron sus contratos en este período podrían experimentar aumentos de entre el 30% y el 50%, reflejando la extrema volatilidad generada por la crisis geopolítica. Además, el alza en los precios del gas natural ha contribuido a una subida del recibo de la luz regulada (PVPC) del 15,5%, situándose como la tercera factura más elevada de la historia reciente en España.
No obstante, España ha contado con un mecanismo de amortiguación frente a esta crisis: la energía eólica. Según la Asociación Empresarial Eólica (AEE), la eólica ha actuado como un “escudo energético” frente a los picos de precios, aportando más del 30% de la cobertura del mix eléctrico durante el primer trimestre de 2026 y contribuyendo a contener la subida. La producción renovable permite reducir el coste marginal de la electricidad en momentos críticos, generando ahorros para los consumidores que, según la AEE, superan los 4.600 millones de euros anuales, equivalentes a unos 20 €/MWh y un recorte medio del 25% en los precios. Esta ventaja ha sido menos evidente en otros países europeos con menor penetración renovable, donde la dependencia del gas y el petróleo ha trasladado la crisis internacional casi íntegramente al precio final de la electricidad.
En comparación con Europa, España ha mostrado una mayor resiliencia relativa gracias a su capacidad eólica, aunque sigue siendo vulnerable a la volatilidad de los combustibles fósiles. Países como Alemania, Francia o Italia han visto incrementos similares en los precios del gas y la electricidad, pero sin un soporte renovable tan sólido, lo que se traduce en costes más altos para los consumidores y mayores riesgos inflacionarios. La lección es clara: la transición energética y la electrificación renovable no solo son cuestiones ambientales, sino también herramientas de estabilidad económica frente a crisis internacionales.
