El Banco de España ha alertado este martes de un aumento significativo de los riesgos geopolíticos que afectan al sistema financiero y ha confirmado un retroceso en la demanda de crédito durante el primer trimestre del año, en un contexto marcado por la incertidumbre internacional. Así lo recoge la memoria anual de supervisión presentada en Madrid, donde la institución ha detallado sus prioridades para el ejercicio, centradas en reforzar el control del riesgo crediticio, la ciberseguridad y la resiliencia ante posibles shocks externos.
Durante la presentación, la directora general de Supervisión, Mercedes Olano, subrayó que, aunque las entidades financieras españolas se encuentran en una posición de solvencia “adecuada”, el entorno global obliga a mantener la cautela. “Persisten riesgos geopolíticos de gran envergadura que ya se están materializando”, advirtió, al tiempo que señaló que las entidades deben adaptarse a un escenario cada vez más complejo.
Uno de los primeros efectos visibles de esta situación es la caída “generalizada” de la demanda de préstamos. Según la última Encuesta de Préstamos Bancarios, publicada también este martes, las solicitudes de crédito han disminuido en todos los segmentos durante el primer trimestre, con un impacto especialmente acusado en las pequeñas y medianas empresas. Las entidades atribuyen este descenso a la creciente incertidumbre económica derivada de las tensiones internacionales, que está frenando tanto el consumo como la inversión.
Al mismo tiempo, los bancos han endurecido los criterios para conceder financiación, en línea con una política más prudente ante el aumento del riesgo. Este doble movimiento —menor demanda y mayor exigencia en la oferta— podría limitar la actividad económica en los próximos meses, según advierte el supervisor.
El informe también pone el foco en la creciente dependencia de la banca respecto a proveedores tecnológicos externos, especialmente de origen estadounidense. El Banco de España considera “muy significativa” esta tendencia y alerta de los riesgos asociados a una excesiva concentración. En este sentido, ha instado a las entidades a diversificar sus proveedores y a desarrollar planes que permitan cambiar de servicio en caso de interrupciones o conflictos internacionales.
La ciberseguridad y el uso de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, constituyen otro de los ejes clave de la supervisión. El organismo ha mostrado su preocupación por el impacto que estos avances pueden tener tanto en la seguridad operativa como en la relación con los clientes, y ha reclamado un papel activo como autoridad supervisora en el control de los modelos tecnológicos de alto riesgo.
En paralelo, el Banco de España ha intensificado las inspecciones sobre la concesión de hipotecas y ha solicitado información adicional sobre la exposición de las entidades al crédito privado y a la denominada banca en la sombra. Estas actuaciones buscan identificar posibles vulnerabilidades fuera del sistema financiero tradicional que puedan afectar a su estabilidad.
De cara a este año, la institución también reforzará el análisis del crédito al consumo, con especial atención al sector de la automoción y a la financiación de pymes, incluyendo inspecciones presenciales. Asimismo, prevé realizar nuevas pruebas de resistencia centradas en la ciberresiliencia y en el impacto de posibles shocks geopolíticos.
En este sentido, en junio los bancos deberán remitir un test de estrés que evalúe el efecto de un escenario adverso caracterizado por un deterioro de la solvencia equivalente a 300 puntos básicos. Esta iniciativa se enmarca en la estrategia coordinada con el Banco Central Europeo y la Autoridad Bancaria Europea para fortalecer la capacidad del sistema financiero frente a crisis internacionales.
Pese a las advertencias, el Banco de España destaca que las entidades españolas han demostrado una mayor resistencia que la media europea en anteriores ejercicios de estrés, gracias a su capacidad para generar ingresos y a una evolución más contenida de los costes.
Con todo, el supervisor insiste en que el actual contexto global exige reforzar la vigilancia y anticiparse a posibles riesgos. La combinación de tensiones geopolíticas, transformación tecnológica y debilitamiento de la demanda de crédito configura un escenario en el que la estabilidad financiera dependerá, en gran medida, de la capacidad de adaptación del sector bancario.
