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Un futuro lleno de oportunidades: el impacto real del acompañamiento educativo en entornos vulnerables

Contar con un lugar estable para aprender parece algo básico, pero para muchos chicos y chicas no lo es

Un futuro lleno de oportunidades: el impacto real del acompañamiento educativo en entornos vulnerables
Por Redacción Capital

Facundo Alexander García tiene 19 años y vive en el Raval. Estudia Hostelería y sueña con trabajar algún día atendiendo mesas y conversando con los clientes. Su proyecto de futuro hoy parece claro, pero no siempre fue así. Como a muchos jóvenes que crecen en entornos marcados por la desigualdad, la falta de recursos y la inestabilidad familiar le dificultó avanzar en la escuela y confiar en sus propias capacidades. El cambio comenzó cuando entró en contacto con la Fundación de la Esperanza, una de las entidades de la red CaixaProinfancia que ofrece acompañamiento socioeducativo más allá del simple refuerzo escolar.

Al cruzar la puerta de la fundación, en pleno barrio Gótico, Facundo saluda a educadores y compañeros con la naturalidad de quien está en un espacio seguro. La tarde siempre empieza igual: un rato de merienda y conversación, seguido del estudio. “Aquí puedo concentrarme de verdad. Y tener a educadores que me ayudan con lo que no entiendo me da tranquilidad”, cuenta.

Contar con un lugar estable para aprender parece algo básico, pero para muchos chicos y chicas no lo es. “Hay jóvenes que no tienen en casa un espacio adecuado para estudiar, o cuyas familias no pueden acompañarlos tanto como les gustaría”, explica Gabriela Macchi, educadora de la fundación. “Aquí encuentran un ambiente tranquilo, apoyo académico y, además, un espacio donde relacionarse y sentirse parte de un grupo”.

El contexto de desigualdad queda reflejado en estudios como La educación en la sombra en la península ibérica, elaborado por el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”. Según sus datos, uno de cada cuatro estudiantes entre 6 y 18 años recibe clases particulares fuera del horario escolar. Para las familias con menos recursos, asumir ese gasto supone renunciar a otras necesidades básicas, lo que amplía aún más la brecha educativa. El informe muestra una diferencia clara entre la probabilidad de asistir a clases de refuerzo y el dinero invertido en ellas, dependiendo del nivel socioeconómico.

En 2025, el programa CaixaProinfancia atendió a más de 67.000 menores en situación de vulnerabilidad en toda España

En este escenario, el papel de organizaciones como la Fundación de la Esperanza resulta decisivo. “A menudo trabajamos con familias que, además de dificultades económicas, se sienten desorientadas por no conocer bien el sistema educativo o por no dominar el idioma”, comenta Macchi. “Para los jóvenes, este acompañamiento es esencial para superar la etapa escolar y empezar a pensar en su futuro con más posibilidades”.

En 2025, el programa CaixaProinfancia atendió a más de 67.000 menores en situación de vulnerabilidad en toda España. Les ofreció apoyo educativo, acompañamiento emocional, actividades de ocio y orientación profesional. Los resultados hablan por sí solos: el 84,7 % logró graduarse en la ESO y el abandono escolar se redujo hasta el 3,54 %, muy por debajo de los índices habituales en contextos similares.

Las entidades trabajan además en coordinación con escuelas, institutos y servicios sociales, lo que multiplica su impacto.

En el caso de Facundo, ese apoyo permitió que recuperara el ritmo en sus estudios, mejorara su lectura y escritura y descubriera que podía aspirar a mucho más. “Cuando llegó, necesitaba ayuda para organizarse y entender cómo planificar su tiempo”, recuerda Macchi. “Ahora sabe hacia dónde quiere ir”.

Hoy, Facundo cursa un ciclo formativo de Hostelería y mira al futuro con ilusión. “Quiero sacarme el título y trabajar de camarero. Me gusta hablar con la gente”, dice con una sonrisa.

Su recorrido no se queda ahí. Lo que empezó como un apoyo académico se ha convertido en un compromiso social. Además de colaborar con la fundación, Facundo participa como voluntario en la Comunidad de Sant’Egidio, ofreciendo comida y abrigo a personas sin hogar. También está formándose para ser monitor de ocio y espera poder trabajar en el casal de verano de la fundación donde creció.

Su historia empezó casi por casualidad, cuando su familia buscaba un casal para su hermano pequeño. A partir de ahí, encontró una red de apoyo que le permitió superar barreras personales y académicas, descubrir sus capacidades y construir un proyecto de vida propio. “Lo importante es que los jóvenes conozcan los recursos que tienen a su alcance”, concluye Macchi. “No solo para terminar la escolarización obligatoria, sino para seguir creciendo como personas”.

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