Tecnología

La brecha tech española y quién la está cerrando ya, el caso Evolve

Para España, el reto no es entender la brecha. La brecha está documentada, cuantificada y discutida en todos los foros institucionales del sector. El reto es operativo: cerrar la distancia entre lo que las empresas necesitan y lo que el sistema formativo, público y privado, está entregando, a la velocidad que la economía digital exige

La brecha tech española y quién la está cerrando ya, el caso Evolve
Por Redacción Capital

El último informe sobre el estado de la ciberseguridad en España elaborado por INCIBE (Instituto Nacional de Ciberseguridad) sitúa el déficit de profesionales en territorio nacional en varias decenas de miles de vacantes sin cubrir, una cifra que se acelera cada trimestre que pasa sin que los sistemas formativos tradicionales consigan acortarla. A escala europea, la fotografía es todavía más dura: el Cybersecurity Workforce Study del consorcio internacional ISC2 calcula la brecha en más de 500.000 puestos en el conjunto de la Unión Europea, situando a España entre los países con mayor diferencia proporcional entre demanda y oferta de talento cualificado en disciplinas tecnológicas críticas.

La cifra deja de ser anecdótica cuando se entiende lo que significa operativamente. Cada vacante no cubierta es un proyecto que se retrasa, un sistema que no se moderniza, un riesgo que no se cierra. Y la regulación europea —NIS2, DORA, los requisitos de la AI Act— no espera. Las empresas españolas tienen plazos legales para implementar controles, gobiernos de seguridad y arquitecturas que exigen perfiles específicos que el mercado, sencillamente, no está produciendo al ritmo necesario.

El problema no es nuevo, pero la respuesta sí está cambiando

Lo que diferencia el momento actual de ciclos anteriores no es la existencia de la brecha, que lleva años documentada por informes del ONTSI (Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad), de Cotec y de consultoras como Adecco o InfoJobs, sino la naturaleza de la respuesta que está emergiendo desde el sector privado. Durante años, la conversación pública sobre talento tecnológico se circunscribió al ámbito académico oficial: cuántos ingenieros se gradúan, cuántas plazas tiene cada grado, cuántos doctorandos termina cada universidad. Una conversación necesaria, pero, en términos operativos, insuficiente.

La respuesta institucional, programas como Aula Mentor del Ministerio de Educación, los Bootcamps Connect financiados con fondos europeos, las iniciativas regionales de Cataluña, País Vasco o Madrid, ha aumentado en volumen y en presupuesto, pero choca con un problema estructural: el tiempo entre el diseño de un programa formativo público y su despliegue real en aulas suele medirse en años, mientras que las tecnologías sobre las que esos programas formarán evolucionan en meses. La distancia entre lo que un alumno aprende en un programa público y lo que las empresas le van a pedir en su primer puesto se ha vuelto una variable difícil de cerrar.

En ese hueco operativo, el tiempo, el ritmo, la actualización, ha emergido un ecosistema privado de formación tecnológica intensiva que se ha multiplicado en los últimos cinco años. Academias tech especializadas, bootcamps de programación, escuelas de negocio digital y nuevos formatos híbridos que combinan formación corporativa con captación individual han pasado de ser jugadores marginales a representar una parte sustancial del flujo de profesionales que las empresas españolas terminan contratando para sus posiciones más críticas.

Tres modelos, tres velocidades distintas

El sector no es homogéneo. Conviven al menos tres modelos diferenciados, con resultados también muy distintos.

El primero, el de los bootcamps de programación intensivos, popularizado en España por nombres como Le Wagon, Ironhack o The Bridge, se centra en programas cortos —entre tres y seis meses— orientados a producir perfiles full-stack o data analyst con velocidad. Su tracción ha sido alta en los años recientes, aunque algunos de los grandes nombres internacionales del segmento han atravesado, en los últimos ciclos, procesos de reestructuración severos a escala global.

El segundo modelo es el de las escuelas de negocio digital con vertical tecnológica, donde la formación tech convive con módulos de gestión, estrategia y emprendimiento. Es un formato heredero parcialmente del MBA clásico, adaptado a perfiles más técnicos y, normalmente, con precios alineados con el ticket alto del mercado.

El tercero, más reciente y operativamente distinto, es el de las academias tech con red empresarial activa: programas máster intensivos en disciplinas específicas (ciberseguridad, data science, DevOps, IA aplicada) impartidos por profesionales en activo en grandes empresas y conectados directamente con procesos de selección de esas mismas compañías. El madrileño Evolve, fundado en 2022, ejemplifica este tercer modelo: cinco programas máster online en directo, claustro 100% en activo en empresas como Deloitte, Indra o Santander, y una tasa de empleabilidad declarada superior al 85% computando tanto nueva contratación como mejora de situación laboral en los meses posteriores al programa, según datos internos de la compañía. Por sus programas han pasado más de 8.000 profesionales y mantiene relación activa con más de 200 empresas españolas.

Lo que las cifras de empleabilidad realmente dicen

Las tasas de empleabilidad declaradas por proveedores privados conviene leerlas con criterio. Importan la metodología de medición —¿se cuenta solo la contratación nueva o también la promoción interna?—, el plazo desde graduación hasta colocación, el tipo de empleo computado y la cohorte sobre la que se calcula. Las cifras varían ampliamente entre proveedores, y no todos las publican.

Los rangos que aparecen en informes sectoriales independientes apuntan a una conclusión general: los programas formativos privados con conexión empresarial activa producen tasas de inserción significativamente superiores a los formatos genéricos online sin acompañamiento, y dentro de ese subgrupo, los programas que operan con claustro en activo y red de empresas partner muestran sistemáticamente los mejores resultados. Los analistas del sector lo formulan en términos de densidad de canal: cuanto más cercano está el alumno al tejido empresarial real durante el programa, mayor es la probabilidad de inserción rápida después.

La brecha tech española y quién la está cerrando ya, el caso Evolve

El salto al enterprise: la línea menos visible y más estratégica

Hay un segundo movimiento dentro del ecosistema privado que las cifras agregadas no recogen bien. Una parte creciente de las academias tech con red empresarial ha empezado a operar también en formato corporativo, vendiendo a grandes empresas no cursos individuales sino programas de adopción tecnológica diseñados sobre el stack y los casos de uso reales del cliente. Es una propuesta que se sitúa entre dos categorías tradicionales del mercado español: las grandes consultoras, que entregan diagnósticos y arquitecturas pero no necesariamente transfieren capacidad técnica al cliente, y las plataformas de formación corporativa, que enseñan contenidos sin necesariamente conectarlos con el stack productivo y las prioridades reales del cliente.

Evolve ha bautizado a esta línea corporativa Tech Enablement y ha cerrado proyectos directos con Indra, compañía cotizada en el IBEX 35, así como mantiene relación activa con cuentas como Banco Santander, L'Oréal, Mapfre o Santa Lucía. El movimiento es significativo no solo por la entidad de las cuentas implicadas, sino por lo que apunta del propio mercado: que las grandes corporaciones españolas están dispuestas a contratar capacidad técnica especializada a proveedores formativos cuando estos llegan con un modelo operativo que las consultoras tradicionales no estaban entregando. Es una señal de fondo de cómo está cambiando la cadena de valor del talento tecnológico en España.

Las trayectorias humanas detrás de las cifras

Las cifras de la brecha cuentan una parte de la historia. La otra parte está en las trayectorias profesionales concretas que el ecosistema formativo privado ha hecho posibles en los últimos años. Profesionales en activo en otros sectores que han reorientado su carrera hacia la tecnología en menos de un año, jóvenes recién graduados que han accedido a un primer empleo cualificado sin pasar por los circuitos clásicos de prácticas mal remuneradas, perfiles seniors que se han reciclado en disciplinas emergentes, para no quedarse atrás en su sector.

Esas trayectorias, multiplicadas por miles cada año, son la materia operativa con la que la brecha se cierra, una persona cada vez. Y son también la prueba empírica de que la respuesta institucional, por sí sola, no estaba siendo suficiente para resolver el desajuste que el propio Estado documenta en sus informes.

Lo que viene

El mercado proyecta seguir creciendo en demanda de perfiles tech en los próximos años. Los informes salariales más recientes de Adecco y de las grandes consultoras de reclutamiento coinciden en una idea: los salarios de los perfiles más demandados —ingenieros de IA aplicada, arquitectos cloud, analistas de ciberseguridad ofensiva, ingenieros de datos seniors— han subido un porcentaje significativo en los últimos tres años, y la tendencia no muestra signos de revertirse.

Para España, el reto no es entender la brecha. La brecha está documentada, cuantificada y discutida en todos los foros institucionales del sector. El reto es operativo: cerrar la distancia entre lo que las empresas necesitan y lo que el sistema formativo, público y privado, está entregando, a la velocidad que la economía digital exige. Las edtech privadas con modelos intensivos no son la única respuesta, pero están demostrando que pueden formar parte de la solución de una forma que hace cinco años no estaba claro que pudieran. Lo que pase en los próximos ejercicios dirá si esa contribución se consolida o se queda en una fase transitoria del mercado.

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