El avance de la computación cuántica plantea un nuevo escenario para la seguridad de las comunicaciones digitales, desafiando la eficacia de los sistemas de cifrado actuales. Ante esta coyuntura, Wayra, la iniciativa de corporate venture capital de Telefónica, aboga por que empresas e instituciones conviertan la ciberseguridad cuántica en una "prioridad estratégica". Según Paloma Castellano, directora de Inversión de Wayra, aunque los ordenadores cuánticos aún no están plenamente desarrollados, la seguridad cuántica ya es de importancia estratégica.
La anticipación será una ventaja competitiva, especialmente en sectores regulados o aquellos que gestionan infraestructuras críticas
Castellano destaca dos factores que subrayan la actualidad de esta tecnología. El primero es el riesgo denominado harvest now, decrypt later, donde un atacante puede interceptar información cifrada hoy para descifrarla en el futuro con ordenadores cuánticos. El segundo es el complejo y prolongado proceso de implementar una seguridad orientada a soportar el entorno cuántico.
En este contexto, surgen nuevas respuestas como los algoritmos post-cuánticos y la Distribución Cuántica de Claves (QKD), que se basan en principios físicos de la mecánica cuántica en lugar de depender únicamente de la complejidad matemática. Estas tecnologías son esenciales para infraestructuras críticas como telecomunicaciones, banca y defensa, aunque el enfoque futuro probablemente será híbrido. Castellano señala que el próximo reto será hacer estas tecnologías escalables, integrándolas en sistemas ya existentes mientras se reduce su costo.
Destaca también la necesidad de talento especializado para pasar de pruebas piloto a despliegues comerciales efectivos. En este sentido, Luxquanta, una startup apoyada por Wayra, representa un ejemplo de éxito en protección de comunicaciones digitales mediante tecnología cuántica innovadora.
Europa, según Castellano, ocupa un lugar destacado en el desarrollo de las comunicaciones cuánticas, gracias a su sólida base científica y al impulso institucional. Sin embargo, el desafío es transformar este liderazgo científico en un liderazgo industrial y comercial global, especialmente frente a competidores como Estados Unidos y China. Para ello, las organizaciones deben evaluar sus riesgos criptográficos, colaborar con startups y fomentar la formación de talento especializado para escalar comercialmente sus innovaciones.
