El exministro de Transportes, José Luis Ábalos, concluyó el juicio en el Tribunal Supremo, que tras 14 sesiones y más de 70 testigos quedó visto para sentencia. Ábalos negó los supuestos pagos de 10.000 euros mensuales que, según la acusación, habría recibido del empresario Víctor de Aldama.
Durante su intervención final, Ábalos denunció lo que consideró una "causa predeterminada" en su contra y un "proceso inquisitorial". Afirmó que esta acusación afecta lo que le queda de vida y señaló la falta de pruebas que lo relacionen con los pagos mencionados en el juicio, en los cuales también estaría involucrado su exasesor, Koldo García. "No hay evidencia de tal contraprestación", insistió el exministro, ironizando sobre las acusaciones.
Ábalos puso en duda la inclusión de la compra de mascarillas por parte de su ministerio en la causa judicial, mientras que las adquiridas por el Ministerio del Interior al mismo proveedor no fueron objeto de investigación. "No lo entiendo, aunque me alegro de que se haya caído, pues es una carga menos", añadió.
Ábalos denunció que los juicios paralelos "constituyen toda una perversión" al influir en el proceso judicial y distorsionar la verdad.
El exministro también defendió las contrataciones de su expareja, Jéssica Rodríguez, y otra mujer, Claudia Montes, en empresas públicas, argumentando que le reprochan solo dos contratos temporales durante su gestión. Además, consideró crucial recuperar los dispositivos electrónicos incautados en el proceso, rechazando tener "ingente material".
