Un reciente informe destaca las crecientes dificultades que enfrentan los jóvenes en su proyecto de vida. La percepción de obstáculos para aspectos clave como acceder a una vivienda, lograr independencia económica o formar una familia se sitúa en una escala de 0 a 10 en valores de 6,7, 6,2 y 6,1 respectivamente. Esta sensación es más acentuada entre los hombres jóvenes, quienes han experimentado un aumento en su percepción de dificultad en los últimos años.
En el ámbito educativo, persisten desigualdades influenciadas por el origen social. Un 35 % de los jóvenes con progenitores universitarios alcanza estudios superiores, en comparación con el 18,4 % de aquellos de familias con menor nivel educativo. Aunque las mujeres jóvenes superan a los hombres en muchos indicadores educativos, factores como la calidad de las relaciones familiares y la estabilidad del entorno tienen un impacto significativo en el logro educativo. Los jóvenes de familias biparentales consiguen, en promedio, mayores niveles educativos en comparación con aquellos de familias monomarentales o reconstituidas, aunque estas diferencias son menores que las asociadas al origen social.
Las desigualdades en el ámbito educativo están marcadas por el entorno familiar y el origen social, afectando el acceso a estudios superiores.
En términos políticos, los jóvenes entre 15 y 29 años muestran desconfianza hacia el funcionamiento de la democracia. Un 68 % expresa poca o ninguna satisfacción con el sistema democrático, cayendo el apoyo del 80 % en 2019 a alrededor del 60 % actual. Esta desconfianza también ha generado simpatía por soluciones autoritarias, especialmente entre quienes se ubican en la derecha ideológica. No obstante, la polarización entre los jóvenes es baja, con solo un 23 % dispuesto a romper amistades por razones políticas.
En el entorno digital, los jóvenes son conscientes de la desinformación, puntuando su disposición a verificar noticias con un 7,3. Sin embargo, la confianza en su capacidad para identificar información fiable es ligeramente inferior. Las conductas sexistas han aumentado, reflejándose en actitudes de desconfianza hacia los avances en igualdad de género.
Por su parte, la percepción sobre la inmigración ha evolucionado hacia posturas más exigentes. Un 72 % cree que los inmigrantes deben adaptarse a las costumbres locales, aumentando desde el 47 % en 2020. Sin embargo, el reconocimiento de su aportación económica se mantiene estable.
En cuanto a discriminación y violencia, el 61 % de los jóvenes ha experimentado discriminación en el último año, mayormente por apariencia física o género. Además, la violencia digital es creciente, con un incremento significativo en casos de acoso sexual y difusión no consentida de material personal.
Finalmente, las nuevas formas de ocio, centradas en el uso de tecnologías y actividades hogareñas, junto con una consolidación del hábito lector, muestran un cambio en la manera en la que los jóvenes emplean su tiempo libre.
