Mercados e inversión

La vida vuelve a encarecerse: qué está subiendo ya y qué puede pasar en los próximos meses

La energía vuelve a tensar los precios, el euríbor deja de dar alivio y las familias encaran la primavera con la sensación de que el respiro duró menos de lo esperado

Gobierno y CNMC aumentan vigilancia en mercados energéticos por la guerra en Irán para controlar precios
Por Marta Díaz de Santos

Durante unos meses pareció que la economía empezaba a aflojar. La inflación descendía, el discurso público se relajaba y muchos hogares confiaban en que la gran sacudida del coste de la vida había quedado atrás. Pero el final de marzo ha cambiado otra vez el tono. En España, el indicador adelantado del IPC situó la inflación anual en el 3,3%, un punto por encima de febrero, y el propio INE atribuyó buena parte de ese repunte al encarecimiento de los combustibles. En paralelo, en la eurozona la inflación volvió a situarse en el 2,5%, por encima del objetivo del 2% del Banco Central Europeo.

Lo primero que se encarece de nuevo es lo más visible… llenar el depósito. La energía ha recuperado protagonismo en muy poco tiempo por el impacto del conflicto con Irán sobre el mercado del crudo. Reuters recoge que el consenso de analistas ha elevado su previsión para el Brent en 2026 hasta 82,85 dólares por barril, frente a los 63,85 dólares que esperaba en febrero. La misma información señala que el petróleo ha llegado a subir alrededor de un 60% desde el inicio de la guerra, con el estrecho de Ormuz en el centro de todas las alarmas porque por esa vía pasa alrededor del 20% del transporte mundial de petróleo y gas natural licuado.

Ese encarecimiento no se queda en la gasolinera. El combustible más caro termina elevando el coste del transporte, de la distribución y de buena parte de la logística cotidiana. Por eso el efecto real no se mide solo en el repostaje, sino en la capacidad del shock energético para filtrarse a otros precios. En la eurozona, la energía subió un 4,9% interanual en marzo, mientras la inflación subyacente (la que excluye energía y alimentos) bajó ligeramente al 2,3% y la de servicios se moderó al 3,2%. Esa combinación sugiere que el rebrote no viene de una demanda desbocada, sino sobre todo de un golpe externo sobre la energía. Pero también deja abierta la posibilidad de que, si el shock dura, acabe trasladándose a más sectores.

La segunda factura que vuelve a crecer es la de las hipotecas. El euríbor cerró marzo en el 2,565%, frente al 2,221% de hace un año, y eso significa que las hipotecas variables vuelven a revisarse al alza por primera vez en dos años. Según informa El País, alrededor de 3,32 millones de hogares con préstamos variables o mixtos pueden notar ese cambio, con un impacto medio cercano a 30 euros más al mes. No es una subida explosiva, pero sí lo bastante clara como para borrar la sensación de alivio que había dejado la estabilidad de los últimos trimestres.

Lo relevante no es solo la cifra mensual, sino la coincidencia de varias presiones a la vez. Cuando suben el combustible y la cuota hipotecaria al mismo tiempo, el margen de muchas familias se estrecha de forma casi automática. La reacción suele ser silenciosa pero rápida porque se aplazan compras, se recorta ocio, se enfrían reformas domésticas y se aplana el consumo. Ese comportamiento no siempre aparece de inmediato en los grandes titulares macroeconómicos, pero sí termina afectando a comercios, hostelería y servicios. Y ahí es donde un encarecimiento inicialmente energético empieza a convertirse en un problema más amplio para la economía. La propia Reuters señala que dentro del BCE crece la preocupación por los llamados efectos de segunda ronda, es decir, por el momento en que el alza de la energía deja de ser puntual y empieza a instalarse en otros precios y decisiones.

En España, además, ese nuevo encarecimiento llega en un contexto ya tensionado por la vivienda. Aunque el foco inmediato esté en la energía y en los tipos, el acceso a la casa sigue actuando como una gran fuente de presión estructural sobre los hogares. Una síntesis publicada este 1 de abril por El País sitúa la subida del precio de la vivienda en el 14,3% interanual en el primer trimestre y recuerda que el esfuerzo hipotecario medio alcanza ya el 32,5% de la renta anual, con niveles mucho más altos en lugares como Madrid o Baleares. Es decir, incluso si la inflación energética se moderara, muchas familias seguirían atrapadas en una economía cara por el peso de la vivienda.

La gran pregunta es qué puede ocurrir en los próximos meses. El escenario más benigno pasa por una moderación relativamente rápida del precio del petróleo. Este mismo miércoles el Brent caía hasta el entorno de los 100,64 dólares por barril tras señales de posible desescalada, aunque Reuters advierte de que los daños a infraestructuras y las disrupciones marítimas pueden mantener la oferta tensionada incluso aunque baje la temperatura política. En ese escenario más favorable, el repunte actual quedaría contenido sobre todo en combustibles y energía, sin derivar necesariamente en una nueva oleada general de inflación.

El escenario menos amable es que la crisis energética dure más de lo que hoy descuentan los consumidores. Si el petróleo se mantiene alto durante semanas o meses, el encarecimiento puede propagarse a transporte, alimentación, servicios y financiación. Reuters explica que los mercados han pasado de esperar recortes de tipos a contemplar ahora varias subidas del BCE en 2026, precisamente por el temor a que la inflación vuelva a enquistarse. Y algunos responsables monetarios ya advierten de que la eurozona podría estar acercándose al escenario “adverso” que manejaba el banco central (más inflación, menos crecimiento y una política monetaria atrapada entre ambos riesgos).

Lo que más se encarece de nuevo es la energía. Detrás aparecen las hipotecas variables y, con cierto retraso, puede llegar parte del consumo cotidiano. No estamos necesariamente ante una repetición exacta de la crisis inflacionaria de 2022, pero sí ante un recordatorio muy claro de lo rápido que una perturbación exterior puede volver a colarse en la economía doméstica. El verdadero riesgo no está solo en pagar más hoy por llenar el depósito, sino en que esa subida se convierta en la referencia de precios de la primavera y del inicio del verano.

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