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Toni Ribaudí (Raona): "La tecnología habilita, pero es la cultura corporativa la que transforma"

Capital entrevista al director de Ventas y Desarrollo de Negocio en Raona, Toni Ribaudí

Por Mario Talavera

Raona es una compañía con más de 20 años de trayectoria acompañando a organizaciones de distintos sectores en sus procesos de transformación tecnológica. Desde sus inicios, ha mantenido un objetivo claro: ayudar a las empresas a convertir la tecnología en valor real, facilitando su adaptación y permitiéndoles mantenerse a la vanguardia en un entorno digital en constante evolución.

En el ecosistema tecnológico actual, la firma actúa como un puente entre el negocio y la tecnología, guiando a las organizaciones para priorizar, simplificar y acelerar su digitalización. Su labor se centra especialmente en ámbitos como el digital workplace, la automatización y la inteligencia artificial aplicada. Todo ello lo desarrolla con una aproximación cercana a los equipos, con un fuerte foco en el usuario y en la adopción, bajo la convicción de que la innovación solo tiene sentido cuando mejora de verdad la manera de trabajar de las personas.

Su visión es clara: entre la tecnología y las personas, co-crea el futuro. Así la explica el director de Ventas y Desarrollo de Negocio en Raona, Toni Ribaudí.

A lo largo de estos años habéis trabajado con grandes corporaciones y empresas líderes en distintos sectores. ¿Cómo ha cambiado la demanda tecnológica de las compañías en los últimos cinco años?

Desde nuestra experiencia trabajando con grandes corporaciones en distintos sectores, lo que percibimos es un cambio muy claro en el tipo de demanda tecnológica. Vemos una tendencia creciente hacia proyectos más cortos, de impacto rápido y muy vinculados al valor que aportan al negocio, y una menor inclinación por grandes proyectos de transformación largos y difíciles de aterrizar.

También observamos un cambio de tendencia en la incorporación de tecnología: muchas compañías ya han hecho una inversión importante en tecnología en los últimos años. Ahora buscan el retorno, no se trata tanto de incorporar nuevas plataformas, sino de maximizar el retorno de lo que ya tienen, simplificar, mejorar la adopción y facilitar el día a día de las personas. En ese contexto, aspectos como la experiencia de usuario, el cambio cultural o la formación han pasado a ser centrales.

Por último, vemos una demanda mucho más pragmática. Las empresas prefieren probar, validar y escalar, frente a grandes promesas a largo plazo. Incluso en ámbitos como la automatización o la inteligencia artificial, lo que nos piden son casos de uso muy concretos, orientados a ganar eficiencia, mejorar decisiones o liberar tiempo a los equipos.

En general, percibimos que la tecnología se entiende cada vez más como una palanca práctica de eficiencia y mejora organizativa, y menos como un fin en sí misma.

En varios de vuestros análisis defendéis que la tecnología y, especialmente, los datos se han convertido en el núcleo de la estrategia empresarial. ¿Por qué el dato ha pasado de ser un activo operativo a convertirse en un elemento estratégico?

Más que un cambio conceptual sobre el dato, lo que ha cambiado de verdad es el contexto tecnológico. Hoy las empresas pueden explotar datos casi en tiempo real, a unos costes muy reducidos, y tratarlos de formas que eran impensables hace solo unos años.

Esta evolución tecnológica ha democratizado el uso del dato. Ha permitido que muchas más empresas, no solo las grandes, puedan trabajar con información de forma avanzada, sin necesitar infraestructuras complejas ni inversiones prohibitivas.

Como consecuencia, las compañías han empezado a hacerse nuevas preguntas. No porque el dato haya cambiado, sino porque ahora es posible combinarlo, analizarlo y ponerlo al servicio del negocio con una velocidad y una flexibilidad que antes no existían.

En ese sentido, lo que percibimos es que esta disponibilidad tecnológica es la que ha permitido que el dato pase de ser un elemento meramente operativo a tener un papel estratégico. No por definición, sino porque la tecnología ha hecho viable convertirlo en información útil en el momento adecuado. A partir de ahí, cada empresa decide hasta dónde y cómo ese dato encaja en su estrategia, en función de su realidad y su modelo de negocio.

Uno de los grandes temas del momento es la inteligencia artificial y se habla cada vez más de agentes de IA. ¿Qué papel van a jugar estos agentes en áreas como operaciones, recursos humanos o atención al cliente?

En los proyectos que estamos realizando, no vemos que el impacto de los agentes de IA se limite solo a áreas concretas como operaciones, recursos humanos o atención al cliente. Su impacto potencial se extiende a cualquier parte de la organización donde haya datos, conocimiento o toma de decisiones. Y precisamente por eso, es un impacto real, pero difícil de medir o anticipar del todo.

Lo que percibimos es que estamos todavía en una fase en la que los agentes aportan valor a las personas, actúan como una extensión de sus capacidades. Ayudan a acceder mejor a la información, a automatizar tareas repetitivas, a reducir fricción y a acelerar ciertos procesos, pero siempre trabajando junto a los equipos humanos. El reto al que nos enfrentamos en nuestros clientes no es solo tecnológico, también organizativo: aprender a crear equipos mixtos y a reorientar el talento humano hacia nuevas tareas de mayor valor, hablamos de hybrid workforce.

“Lo que percibimos es que esta disponibilidad tecnológica es la que ha permitido que el dato pase de ser un elemento meramente operativo a tener un papel estratégico”

En ese sentido, vemos dos grandes líneas de impacto. Por un lado, hacer más con los mismos recursos, ganando eficiencia, velocidad y foco. Y por otro, algo quizá más relevante a medio plazo: empezar a hacer cosas que antes no eran viables, porque el coste, el tiempo o la complejidad lo impedían. Los agentes abren esa posibilidad.

Sin ser ingenuos ni alarmistas, creemos que en el horizonte cercano el escenario más habitual es el de convivencia. Personas y agentes trabajando juntos, con roles complementarios, donde el verdadero valor estará en saber diseñar bien esa colaboración y en acompañar el cambio cultural que esto implica.

En el ámbito del trabajo digital, los digital workplaces están evolucionando rápidamente. ¿Cómo debe ser hoy un digital workplace moderno y qué impacto tiene en la productividad y la cultura corporativa?

Los digital workplaces han evolucionado muchísimo en los últimos años. Han pasado de ser intranets centradas en la comunicación a convertirse en plataformas que impactan en prácticamente todos los ámbitos de la experiencia del empleado. Por eso creemos que ya no pueden entenderse como un proyecto tecnológico, sino como una auténtica iniciativa de negocio.

Su función hoy es simplificar la forma de trabajar, adaptarse a perfiles muy distintos y ofrecer un alto grado de personalización. Un digital workplace moderno debe facilitar el acceso al conocimiento, a los procesos y a las herramientas en el momento adecuado, reduciendo fricción y ayudando a que las personas sean más autónomas y productivas en su día a día.

Pero su impacto va más allá de la productividad. Se convierte en el espacio donde se generan hábitos y nuevas maneras de trabajar, donde se comparte conocimiento y donde, cada vez más, personas y agentes de inteligencia artificial colaboran. Es el punto de encuentro entre lo humano y lo digital dentro de la organización.

Y todo esto solo funciona si existe una base sólida de cultura corporativa. La tecnología habilita, pero es la cultura la que transforma. Un digital workplace bien diseñado refuerza valores, fomenta la colaboración y ayuda a alinear a las personas en entornos híbridos y distribuidos. En ese sentido, no solo mejora la eficiencia, sino que se convierte en una palanca clave para construir cultura y acelerar el cambio organizativo.

En paralelo, la ciberseguridad se ha convertido en una preocupación central para las compañías. ¿Cómo deberían abordar las empresas la seguridad en un contexto marcado por la inteligencia artificial, el cloud y el trabajo híbrido?

la ciberseguridad ya no puede abordarse como un problema puramente tecnológico. En un contexto marcado por la inteligencia artificial, el cloud y el trabajo híbrido, la seguridad debe entenderse como una capa transversal del negocio, integrada en la forma de trabajar de las personas y en el diseño de los procesos desde el inicio.

Lo que observamos es que el perímetro clásico ha desaparecido. Los datos, las aplicaciones y los usuarios están distribuidos, y cada vez más interactúan también con agentes de IA. En este escenario, la clave no es restringir, sino diseñar entornos seguros que no penalicen la productividad. La seguridad tiene que ser prácticamente invisible para el usuario, pero muy robusta en cuanto a control, trazabilidad y cumplimiento.

Por eso, creemos que las empresas deben avanzar hacia un enfoque donde cloud, identidad, datos y dispositivos se gobiernan de forma coherente, y donde la inteligencia artificial se utiliza también para reforzar la propia seguridad: detectar comportamientos anómalos, prevenir riesgos y automatizar respuestas.

Pero, de nuevo, la tecnología por sí sola no es suficiente. En un entorno híbrido, la ciberseguridad depende en gran medida de la cultura corporativa. De la concienciación, de los hábitos de trabajo y de cómo las personas entienden su responsabilidad en la protección de la información. Las organizaciones que mejor están avanzando son aquellas que combinan buenas plataformas, buen gobierno y una cultura de seguridad integrada en el día a día.

El último año, Raona cerró con una mejora de doble dígito. ¿Sobre qué se asienta este crecimiento? ¿Cómo planean mantenerlo de cara a este año?

No responde a un crecimiento coyuntural, sino a un modelo que llevamos tiempo construyendo. Se asienta, en primer lugar, en un foco muy claro: concentrarnos en aquellas áreas donde realmente aportamos valor y donde tenemos capacidades diferenciales, evitando dispersarnos.

En segundo lugar, es clave nuestra relación a largo plazo con los clientes. Apostamos por vínculos estables, basados en confianza y conocimiento profundo del negocio, más allá del proyecto puntual. Eso nos permite acompañar a las organizaciones en su evolución, crecer con ellas y generar un impacto sostenido en el tiempo.

“Los digital workplaces han evolucionado muchísimo en los últimos años"

Otro pilar fundamental es el talento. Hemos invertido de forma constante en equipos especializados y en construir una cultura interna sólida, porque creemos que la calidad de lo que hacemos depende directamente de las personas que lo hacen.

A todo esto, se suma el desarrollo de aceleradores y activos propios, que nos permiten hacer las cosas bien, pero también de forma repetible y predecible. Esto es clave para escalar sin perder calidad y para ofrecer a los clientes resultados consistentes

Sumamos a estos pilares nuestra internacionalización y la salida al mercado de nuevas empresas del grupo, nacidas de nuestros laboratorios internos llamado Raona Garage, focalizadas en el mercado SaaS.

Para cerrar, si tuviera que señalar tres o cuatro apuestas tecnológicas en las que ninguna empresa debería dejar de invertir en los próximos años, ¿cuáles serían y por qué?

Si tuviera que señalar cuatro apuestas claras, la primera sería invertir seriamente en inteligencia artificial. No como una moda, sino como una capacidad que va a ir transformando progresivamente todo nuestro entorno de trabajo. La IA va a cambiar cómo tomamos decisiones, cómo trabajamos y cómo somos más eficientes. Quedarse al margen no es una opción.

La segunda apuesta imprescindible son las plataformas de datos. No solo para alimentar la propia IA, sino para construir modelos de toma de decisiones más sólidos. La capacidad de integrar, explotar y entender los datos es la base sobre la que se apoyan tanto la automatización como la inteligencia artificial aplicada.

En tercer lugar, un digital workplace maduro, que entienda los nuevos escenarios de trabajo híbrido, colaboración entre personas y agentes, y que ponga el conocimiento en el centro. No como una herramienta, sino como el espacio donde se generan hábitos, nuevas formas de trabajar y se articula la experiencia del empleado.

Y, por supuesto, la ciberseguridad, integrada desde el diseño. En un entorno de cloud, IA y trabajo distribuido, la seguridad debe permitir avanzar con confianza, sin frenar la productividad ni la innovación.

Dicho esto, para nosotros hay una idea clave: ninguna de estas apuestas tiene sentido si no se trabaja en paralelo el cambio cultural dentro de la propia empresa. La tecnología habilita nuevas posibilidades, pero son las personas, los hábitos y la cultura corporativa los que determinan si esa inversión se traduce en valor real. Sin ese cambio cultural, cualquier apuesta tecnológica se queda a medio camino.

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