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La paradoja laboral española: más ocupados, pero demasiados parados

España se acerca al pleno empleo, pero millones siguen buscando trabajo. La EPA del primer trimestre de este año refleja una contradicción cada vez más visible: el mercado laboral mantiene cifras sólidas en perspectiva anual, pero arranca el año con menos empleo, más paro y una precariedad que se concentra en determinados sectores, territorios y perfiles. Un mercado laboral fuerte, pero con señales de enfriamiento

Por Marta Díaz de Santos

El empleo en España llega al mes de mayo en una posición mucho más robusta que en crisis anteriores. El país mantiene más de 22 millones de ocupados y sigue creando puestos de trabajo en términos interanuales. Sin embargo, la última EPA del INE introduce una nota de cautela: en el primer trimestre cae la ocupación y aumenta el paro.

Esta aparente contradicción se explica por dos factores. Primero, por la estacionalidad; es decir, el inicio del año suele destruir empleo tras el final de la campaña navideña y parte de la actividad turística y comercial. Segundo, porque la población activa sigue creciendo. Es decir, hay más personas trabajando, pero también más personas buscando empleo.

Y ahí está la paradoja. España puede estar más cerca del pleno empleo en algunas comunidades y sectores, pero sigue teniendo millones de parados. La tasa de desempleo continúa siendo elevada para los estándares europeos, incluso en un momento en el que la afiliación y la ocupación se mueven en niveles históricamente altos.

El problema ya no es solo cuántos empleos se crean, sino qué tipo de empleo, dónde se crea y para quién. El mercado laboral español ha ganado resistencia, pero no ha eliminado sus viejas debilidades (dependencia de los servicios, fuerte estacionalidad, brechas territoriales, paro juvenil, desigualdad de género y dificultades de inserción para parte de la población extranjera).

Precariedad desigual: sectores, territorios y perfiles

La precariedad laboral no se mide únicamente por la temporalidad. La reforma laboral ha reducido el peso de los contratos temporales, pero muchas formas de vulnerabilidad permanecen, como las jornadas parciales no deseadas, los salarios bajos, la discontinuidad en la actividad, la rotación en sectores estacionales y las dificultades para consolidar carreras profesionales.

El sector servicios concentra buena parte de esa fragilidad. Hostelería, comercio, turismo, cuidados y actividades administrativas siguen siendo esenciales para la creación de empleo, pero también son los ámbitos donde más pesa la estacionalidad y donde una caída de actividad se traduce antes en pérdida de puestos de trabajo o reducción de horas.

La brecha territorial también sigue siendo decisiva. Mientras varias comunidades del norte y del centro se aproximan a tasas de paro compatibles con una situación cercana al pleno empleo, otras regiones, especialmente del sur, mantienen niveles de desempleo mucho más altos. España no tiene un único mercado laboral; conviven territorios con escasez de mano de obra y otros donde encontrar trabajo sigue siendo una carrera de obstáculos.

Por perfiles, los jóvenes continúan siendo uno de los grupos más vulnerables. Aunque el mercado ofrece más oportunidades que hace una década, la entrada al empleo estable sigue siendo difícil. Muchos encadenan contratos de baja calidad, prácticas, parcialidad o trabajos alejados de su formación.

Las mujeres también soportan una parte importante de la precariedad. La brecha aparece en la tasa de paro, en la parcialidad y en el peso de los cuidados. Muchas no están fuera del mercado laboral, pero sí dentro de él en peores condiciones: con menos horas, menor salario o trayectorias profesionales más interrumpidas.

La población extranjera completa el retrato. España necesita trabajadores para sostener sectores clave y compensar el envejecimiento demográfico, pero esa incorporación no siempre se produce en empleos estables o acordes con la cualificación de quienes llegan. El resultado es una integración laboral necesaria, pero a menudo desigual.

La gran cuestión para este año es si España será capaz de transformar un mercado laboral cuantitativamente fuerte en uno cualitativamente mejor. Crear empleo ya no es suficiente... Ahora el reto es reducir el paro estructural, mejorar la productividad, adaptar la formación a las vacantes reales y evitar que la recuperación siga dejando fuera, o en los márgenes, a los colectivos de siempre.

La paradoja laboral española, por tanto, es el reflejo de un país que trabaja, pero que todavía no consigue ofrecer empleo suficiente, estable y de calidad para todos.

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