Enero y febrero, inflación controlada y apenas sin cambios, en el 2,4% y el 2,5%. Mes de marzo, escala hasta el 3,4%, nueve décimas en apenas un mes que amenazan con ser solo un aperitivo de lo que veremos los a continuación. Traducido, el escenario es idóneo para una subida de precios por culpa de un producto imprescindible para la actividad humana: el combustible.
Tampoco hay que llevarse a engaño: España sufrió a finales de año cierta escalada de precios, con porcentajes superiores al 3%, muy por encima las de la zona euro, que apenas superaban el 2%. En este caso, en el mes de marzo, los precios han saltado más en nuestro país que en los comparables europeos.
De media, en la Unión Europea los precios han alcanzado una subida del 2,8% en marzo, seis décimas por debajo de lo registrado en España, según los datos de Eurostat y el INE. Si bien es cierto que España había conseguido estabilizar la inflación mucho antes que sus vecinos, en esta ocasión se ha disparado con mayor rapidez.
En lo que sí está más o menos en la media es en los precios del combustible. De media, la Unión Europea ha registrado una subida del 13% en marzo de 2026, en comparación con el mismo mes del año pasado. Y si distinguimos entre diésel y gasolina, las similitudes son claras.
El diésel se paga un 19,1% más caro, mientras la gasolina se ha encarecido un 10,6% en tan solo un mes. Y hay lugares en los que los incrementos han sido más notables, como República Checa y Suecia, donde llenar un depósito de diésel cuesta un 27,6% más. España queda en un lugar algo más centrado, puesto que el gasóleo ha subido un 20,1% y la gasolina, un 8,1%.
Según indican los economistas consultados, ese aumento de precios en los combustibles apenas se ha trasladado a los productos y servicios, pero es algo que probablemente sucederá pronto, a consecuencia de los llamados "efectos de segunda ronda".
Eso es algo de lo que ya han advertido desde varios sectores. Entre ellos, el alimentario. Ignacio González, presidente de la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (Aecoc), sostiene que el sector está sosteniendo la inflación alimentaria reduciendo sus márgenes. Pero advierte de que esa estrategia no es sostenible porque los costes se están elevando mucho.
Ese contexto obliga a apuntar los focos sobre los bancos centrales, cuyo mandato implica velar por la estabilidad de precios. En su reunión tras el estallido de la guerra en Irán, el 19 de marzo, el Banco Central Europeo (BCE) optó por la cautela, de modo que no llevó a cabo ningún cambio.
Y, por el momento, desde el BCE no hay prisa por reaccionar en exceso. Al menos, así lo manifestó en los últimos días de mes el vicepresidente, Luis de Guindos. "La política monetaria no es todopoderosa; no podemos hacer todo", dijo de Guindos.
En línea con la estrategia reciente del emisor del euro, de Guindos animó a los gobiernos a utilizar primero la herramienta de la política fiscal para amortiguar los efectos de la subida de precios. Eso es lo mismo que cree Juan Manuel Martínez, Socio del área de Corporate Treasury Advisory (Financial Accounting Advisory Services) de EY. "Más bien debería ser corregida por medidas fiscales y subvenciones", apunta Martínez.
En ese sentido, el vicepresidente del organismo defiende su papel para contener los efectos de segunda ronda, ya que no puede evitar el impacto inicial de este shock geopolítico.
Se abren varias cuestiones en este contexto. ¿Cuánto? ¿Cuándo? Para responder a ellas, se necesita una información que aún no está disponible, es si las conversaciones de paz llegarán a buen puerto. Ello eliminaría gran parte de la incertidumbre para los próximos meses. Pero, aun así, tanto los expertos como el mercado descuentan que habrá subida de tipos.
En opinión del economista Javier Santacruz, ya se descontaba una subida de tipos para final del año pasado o principios de este 2026 que, no obstante, no tuvo lugar. Esa subida habría tenido el objetivo de preparar al BCE para una futura desaceleración, es decir, con ello habría ganado margen.
Martínez, no obstante, considera que el BCE va a ser prudente, en la medida en que en su visión hay un problema de oferta, no de demanda, por lo que las subidas de tipos estrangularían la demanda. "El BCE no olvida el error que cometió en el año 2011 que subió los tipos de interés por el impulso de la inflación, teniendo que bajarlos inmediatamente por el deterioro económico que sufría la zona euro", comenta
Pero el escenario ha cambiado y la subida de tipos parece imprescindible, no porque el ciclo expansivo lo requiera, sino para limitar el impacto de la inflación. Santacruz anticipa dos subidas de tipos de interés para este año, dado que una tercera sería algo más difícil.
Una voz autorizada como es Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, apuesta porque habrá tres subidas, de manera que los tipos de interés alcanzarían el 2,75%. En su opinión, el precio del dinero escalará hasta ese nivel o, al menos, hasta el 2,5% durante este año.
En ese aspecto, Gortázar señaló el patinazo previo del Banco Central Europeo tras la guerra en Ucrania. En ese momento, el organismo pensaba que la escalada inflacionaria sería transitoria, un diagnóstico que no se ajustó a la realidad. De tal modo, el primer ejecutivo de CaixaBank se decanta por una actuación más decidida por parte del BCE.
La otra pregunta era cuándo. El día 30 de abril ha tenido lugar una reunión que marca el margen de maniobra para el resto del año. En tanto que no se ha producido ya la subida, los cálculos de los analistas señalan al 11 de junio como la fecha en la que se producirá el primer movimiento.
En opinión del economista Javier Santacruz, habrá dos subidas de tipos de interés, del 0,25% cada una. Martínez, por su lado, se sitúa del lado del consenso: "El mercado maneja la posibilidad de que el Banco Central Europeo suba el tipo de interés oficial el próximo mes de junio por 25 puntos básicos". "Hoy en día parece un poco excesivo hablar de tres subidas cuando la inflación debería ajustarse a la baja una vez se normalicen los precios y los canales de suministro", indica Martínez.
Coincidiría con la visión de Luis de Guindos y con la de la presidenta del BCE, Christine Lagarde, que afirman que necesitan "recabar más información antes de llegar a conclusiones definitivas" sobre la política monetaria.
En ese aspecto, Lagarde ha tratado de ser predecible, de forma que el mercado no se sobresalte en exceso. "Hasta ahora, no hemos visto que los precios de la energía suban lo suficiente como para llevarnos directamente a nuestro escenario adverso", afirmó Lagarde.
Tiene sentido que se produzcan dos subidas, la primera de ellas en junio, tal y como afirma Santacruz. "Tres subidas son demasiadas, teniendo en cuenta que cambiaría el mensaje que está dando hasta ahora el BCE y que se necesita una política monetaria acomodaticia para apoyar el crecimiento", reflexiona.
En esa línea se expresa Martínez, quien afirma que es "muy arriesgado" si finalmente se producen subidas. Sobre todo, como dice, "tras haberse publicado la revisión de las previsiones macroeconómicas de diferentes organismos públicos y privados (FMI, OCDE, Banco Mundial, etc.) que anticipan un fuerte deterioro económico global y dificultades en la creación de empleo".
El estratega jefe de la gestora Evli, Valtteri Ahti, apunta que sigue habiendo suministro de petróleo, pero solo Teherán decide adónde se envía. En su opinión, “Estados Unidos podría haber frenado los envíos de petróleo de Irán mediante un bloqueo si hubiera querido. Pero la Casa Blanca no se atreve a restringir aún más la oferta, porque eso llevaría a un mayor precio del petróleo y a más presión política”.
¿Frenazo a la economía?
El caso es que la banca ya estaba replanteándose su oferta comercial, por lo que esta subida aporta una mayor justificación. Desde la visión de Santacruz, las subidas de tipos facilitarían que los resultados bancarios sean aún mejores de lo que se esperaba.
Por otro lado, el impacto de la inflación sobre la economía dependerá de la prolongación del conflicto. No obstante, en un escenario en el que la guerra no se extienda durante muchos meses, la inflación permanecería alta, al menos, dos o tres meses más, lo que nos llevaría hasta julio.
La cadena natural indica que el precio de la energía ha sido el primero en subir, pero después irían otros productos como los alimentos, los insumos industriales básicos, el plástico, los fertilizantes y, por último, los servicios, apuntan los economistas.
Por el momento, los precios de la electricidad se están conteniendo, lo que es un factor positivo que evita una escalada inflacionista mayor. No obstante, puede ser cuestión de tiempo, en la medida en que tanto el gas natural como el petróleo forman parte de los ciclos combinados de generación de electricidad.
Con todo lo dicho, ni la subida de los tipos de interés ni la de la inflación representaría una gran amenaza para el dinamismo de la economía española, más allá del impacto coyuntural que va a tener. A no ser que, como apunta Santacruz, se produzca un empeoramiento de las expectativas económicas y los consumidores opten por ahorrar.
Por ejemplo, en el terreno de la vivienda no sería determinante, según explica el socio de EY: "La posible subida de los tipos de interés encarece más aun la posibilidad de adquisición de una vivienda. Pero no consideramos que sea un factor fundamental para poder comprar una vivienda. El problema es el elevado precio actual de las viviendas, la escasa oferta y la regulación existente".
Con respecto al consumo, uno de los principales motores del crecimiento económico de España, Martínez cree que el entorno "no favorece el consumo y las unidades familiares tienden al ahorro".
Es por ello que, una vez que el mercado sea capaz de sortear los problemas de suministro actuales, los bancos centrales tendrán que preocuparse por la evolución de la economía, que tiende a enfriarse.
El consenso actual espera una desescalada rápida del conflicto. Ahti apunta que “los mercados se recuperarán relativamente rápido. Además, en ese escenario desaparecerían las tres o cuatro subidas de tipos del BCE que actualmente descuenta el mercado”.
El socio de EY resume esto: "La situación macroeconómica global que transmite un cierto enfriamiento económico no puede convivir de una forma sostenida con tipos de interés elevados. Por lo tanto, mientras dure el conflicto, la curva podrá estar tensionada, pero una vez se resuelva, los tipos deberían acomodarse a la baja y volver a los niveles anteriores al conflicto geopolítico actual".
