martes 07 • diciembre 2021

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Gustavo Gimeno: “La expresión artística es parte inseparable del ser humano”

Nacido en Valencia, Gustavo Gimeno comenzó su carrera internacional como director de orquesta en 2012, como asistente de Mariss Jansons, mientras formaba parte del Concertge bouworkest de Ámsterdam. También adquirió experiencia inestimable como asistente de Bernard Haitink y Claudio Abbado, que le apoyaron e influyeron fuertemente en muchos aspectos como mentor.

Actualmente, es director musical de la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo (OPL) y director musical de la Orquesta Sinfónica de Toronto (TSO). Capital analiza con Gimeno las claves que configuran la carrera musical en esta especialidad y hace un recorrido por su extensa trayectoria.

¿Cómo fueron sus orígenes en la música? Según sabemos, el mundo de las bandas de música valencianas marcó su trayectoria.

Bueno, mis orígenes en la música van directamente ligados a mi familia, ya que mi padre era músico profesional. Mi hermano mayor era un estudiante apasionado de la música, y, por tanto, desde que nací, la música ha estado presente en mi vida diariamente. De hecho, nunca tuve la duda de que me dedicaría a esto.

La dirección musical a nivel mundial tiene un nivel de exigencia muy importante y no exento de una continua evolución y formación musical. ¿Qué ha supuesto para usted su etapa internacional y de qué manera ha influido para convertirle en un referente en la actualidad?

Es cierto que la profesión de músico requiere un estudio y una actitud de superación diaria, con los momentos duros que eso conlleva. Pero también con momentos maravillosos e inigualables cuando todo sale bien. Y, sin duda, la labor de director de orquesta, con tantísima buena música escrita que uno desea conocer e interpretar…

Aun cuando has interpretado una composición en repetidas ocasiones, con el paso del tiempo, sigues haciéndote preguntas y dándote cuenta de que las posibilidades son ilimitadas y de que siempre es posible profundizar, lo cual es un proceso verdaderamente enriquecedor. Además, no olvidemos que nosotros los directores de orquesta no producimos ningún sonido. Lo hacen los músicos que forman una orquesta, por tanto, el proceso de preparación es muy interesante. Es incluso misterioso.

¿Cómo explicaría el proceso de dirección de una orquesta?

Por una parte, uno mismo en soledad estudiando la música, y luego, transmitiéndolo a los músicos con los que trabajamos. Ya sea con nuestros gestos, con nuestras indicaciones, o de la manera que sea, esperando unificar las visiones múltiples que se dan y conseguir una unidad en la que todos nosotros nos podamos sentir libres a la vez que realizados. En definitiva, el resultado final es el producto de la interacción colectiva, aunque a veces es difícil explicarlo verbalmente.

Pero cuando la energía de todos los presentes en un escenario se une y va en la misma dirección, el resultado va más allá de lo que cada uno de nosotros podría dar o imaginar individualmente. Como decía anteriormente, es en realidad un gran misterio. En efecto, me siento muy afortunado de poder hacer música con tan- tas orquestas y músicos de muchas partes del mundo, lo cual a nivel personal y cultural es enriquecedor.

La música de orquesta no está exenta de la evolución marcada por la digitalización, pero, en esencia, se mantiene la apuesta por la experiencia musical en vivo. ¿Cómo cree que los nuevos hábitos digitales están influyendo en la música?

Creo que los hábitos digitales pueden ser útiles para promocionar, acercar, comunicar… Pero en un mundo en el que se vive con máxima rapidez, acceso inmediato a casi todo y rodeados de tanta información, ruido, actividad, electrónica, redes sociales, etc. Creo que es cada vez más evidente que las experiencias en directo son inigualables y nos permiten conectar con nosotros mismos, con la esencia de nuestra personalidad.

Y, a la vez, compartir con tantos otros seres humanos experiencias, sensaciones, pensamientos y emociones que creo son parte esencial del hombre y que nos permiten desarrollarnos intelectual y emocionalmente.

De la música clásica a la experiencia de poder compartir gira con Zimmermann. A su juicio ¿apostar por nuevos formatos o estilos musicales, como la música de cine, puede ser una oportunidad para atraer a un público nuevo?

Sin duda hay formatos muy interesantes que nos van a acercar a nuevos públicos. Pero, más importante aún que eso, considero la presencia diaria de las artes y la música en el sistema educativo. Es para mí inconcebible que aprendamos a leer y a escribir, matemáticas o idiomas, y que no prestemos la suficiente atención al desarrollo de nuestra sensibilidad a través de la música y otras artes. Repito, la expresión artística es parte inseparable del ser humano.

España ha sido tradicionalmente un país con grandes talentos en la composición y ópera. Desde su punto de vista, ¿qué le falta a España para generar más talento?

En España no hay ningún problema de talento. Al contrario, hay muchísimos y excelentes músicos, instrumentistas, cantantes, etc… En, cambio sí creo que, para nosotros, es un reto mejorar nuestra capacidad para funcionar mejor colectivamente, con paciencia, con estabilidad institucional y con la actitud adecuada para construir proyectos sólidos. Un aspecto importante sería el verdadero y genuino interés político en la cultura. Además, sería relevante intentar crear un marco adecuado en el que la burocracia no fuera un obstáculo para el desarrollo.

La carrera musical entraña un importante esfuerzo, pero también una motivación y una pasión muy personal. ¿Cuáles han sido, en su caso, las principales motivaciones en tu carrera?

Amo la música. Mi motivación viene, únicamente, por mi pasión por la música y por el deseo de ser cada día un poquito mejor que el anterior.

¿Cuál es la obra que ha dirigido de la que guarda un recuerdo más especial?

Sinceramente, hay tantas, que tengo la suerte de no tener por qué elegir.

¿Dónde le vamos a poder escuchar en 2022?

Sin duda (y en muchas ocasiones), en Luxemburgo y en Toronto, ya que soy el director musical de ambas orquestas. Pero también en el Teatro Real en Madrid, en Valencia, en Barcelona, en Tenerife y en Las Palmas. Fuera de España, en Oslo, en Los Ángeles, en Amsterdam, en Colonia, etc.

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