miércoles 07 • diciembre 2022

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‘El amor platónico’ de Beatriz Satrústegui

‘El amor platónico’, así se titula uno de los libros de la temporada, en el que su autora, Beatriz Satrústegui, nos muestra toda una pasarela de mesas vestidas para todos los gustos con creatividad, diversión e ingenio.

Beatriz Satrústegui. Crédito Jaime Boira

Beatriz Satrústegui es abogada y trabaja en un despacho inglés, pero su hobby es vestir mesas. Esa afición le ha llevado a publicar ‘Amor platónico: el arte de decorar la mesa’, un libro en el que la autora transmite esa pasión por todo lo que rodea a una buena mesa, desde las vajillas hasta las mantelerías, sin olvidar otros elementos decorativos. Llegó incluso a tener una tienda online de venta de mantelerías y servilletas que, aunque tuvo éxito, tuvo que cerrar por dificultades para compaginarla con el resto de su vida.

Esta abogada, que derrocha sentido del humor durante toda la entrevista, no ha olvidado incluir en su libro consejos sobre cómo recibir a los invitados o gestionar a algún comensal ‘muermo’. Para descubrir su gran referencia, eso sí, no hay que irse muy lejos: su madre, a la que todavía “roba” alguna cosa de vez en cuando para sus propias mesas.

¿Cómo se le ocurrió escribir un libro dedicado a vestir mesas?

Subí fotos a Instagram, empecé a tener seguidores y me llamaron de Espasa para escribir el libro. He impartido clases presenciales sobre cómo poner mesas, una o dos por trimestre, aunque con la pandemia la alternativa online no la veía. No sé si volveré a dar esas clases, pero me las están pidiendo mucho.

El título es Amor platónico. ¿A qué se debe?

Es un juego de palabras. Es simplemente amor al plato. Hay mucha gente que no lo entiende, pero en la editorial les gustó.
El libro arranca con esta declaración de intenciones: “Una casa se convierte en un hogar cuando pones un plato en ella”.
Se refiere a la hospitalidad. Una casa no sólo es un habitáculo sino que también es donde muestras tus afectos, y en la cultura mediterránea desde siempre todo se celebra en torno a una mesa.

Vestir la mesa es una frase hecha muy conocida. ¿Cuáles son las prendas imprescindibles?

Una vez que ya has superado lo más elemental que es tener unos platos, unos vasos y unos cubiertos, lo más importante es lo que yo llamo fondo de armario de tramoyista, que hace que la mesa no sea algo distinto, sino algo extraordinario o fuera de lo común: la decoración. Las pequeñas cosas son las que marcan la diferencia.

Empecemos por lo básico: la mesa. Si solo podemos tener una. ¿Cuál es la ideal y de qué material?

Una mesa extensible con alas. Las modernas tienen el fallo de que el ancho no es el correcto. Tienen 90 centímetros y una vez que colocas los platos y la cristalería y enfrente lo mismo, no te deja hueco central suficiente para poner una decoración bonita. Para una comida del día a día sí vale, pero para decorar no. Lo ideal es que el ancho sea entre un metro o un metro diez.

¿Y cómo se puede solucionar?

Yo cuando tuve mi primer pisito, lo que hacía era tener un tablero y lo ponía encima de una mesa de escritorio. ¡Lo guardaba debajo de la cama! Otra opción es utilizar las clásicas borriquetas y un tablero encima.

“Las pequeñas cosas son las que marcan la diferencia”

Ahora pongamos que tenemos que elegir dos manteles para las ocasiones especiales ¿Qué colores y tejidos debemos escoger?
Uno blanco adamascado que no sea nuevo. Por dos motivos: primero, es difícil encontrar un adamascado bonito blanco y, en segundo lugar, al estar usado, para planchar queda mucho mejor porque ha perdido esa textura rígida de lo nuevo. El segundo mantel debería tener algún tipo de estampado que vaya bien con la vajilla que tengamos.

¿Los caminos de mesa, lisos o estampados, son una buena alternativa para romper el fondo blanco de un mantel?

A mí no me gustan nada. Prefiero los manteles individuales de un material que no es hule, sino plastificados imitando a lino que quedan ideales. Los utilizo mucho cuando pongo una tela de tapicería como si fuera un mantel y para evitar que se manche porque es más complicado el lavarlos. Entonces, además de proteger el mantel, tiene un interés visual. Además , si tienes un mantel blanco y una vajilla blanca, el individual va a romper esa monotonía.

¿Es una buena idea tener dos o tres juegos de servilletas de colores para poder combinar con los manteles y los platos?

Sí, sí. Las servilletas como los platitos del pan, que ocupan muy poco sitio para guardarlos, aportan muchísima gracia a la mesa.

Sólo tenemos una vajilla. ¿Podemos vestir bien la mesa en cualquier circunstancia?

Sí, cuando tienes problemas de espacio o no tienes mucho presupuesto buscaría una vajilla que me sirviera para todos los días. Por ejemplo, una vajilla vitrificada para diario y, para comidas o cenas especiales, le puedes poner algo plateado o dorado y algún detalle decorativo y la vajilla resulta maravillosa. Yo tengo una azul y blanca que se puede meter en el lavavajillas y queda ideal en cualquier circunstancia.

Ahora vamos a comprar una vajilla de diario y otra más especial. ¿Cómo deberían ser y cuántos servicios deberían tener?

Una blanca y otra estampada que puedas combinarlas. Lo ideal es de ocho servicios. Ya no hay que comprar la típica vajilla completa de doce servicios con fuentes, sopera… Ya nadie da cenas para doce. Y si aparecen doce, las mezclas y ya está. Puedes tener ocho platos de postre distintos. Eso te da muchísima libertad. Incluso puedes comprar cuatro platos que te gusten en algún viaje o en alguna tienda y los combinas con la vajilla blanca y te queda ideal. Hay que divertirse cuando pones una mesa y cuando compras platos.

¿Platos redondos o cuadrados?

Redondos, a mí los cuadrados sólo me gustan para la comida oriental. En las mesas de tu libro hay una resurrección de vajillas clásicas, de nuestras abuelas y madres. Es más, en un momento se cuenta que nuestra cerámica española, muy denostada y considerada obsoleta, está en auge en Nueva York. ¿Qué ha pasado?

Estos cambios los produce la globalización. Los proveedores son los mismos. Tú vas a una feria en Nueva York o en París y te encuentras los mismos vasos, los mismos cubiertos… Entonces a la gente no le gusta eso, todo uniformado, todo igual y ahí la artesanía ofrece lo hecho a mano, lo diferente, lo humano.

Las imperfecciones que lleva la artesanía hecha por las manos del alfarero, forman parte de la cultura y permite conocer un país.Ese es el valor de la artesanía del siglo XXI y va a ser muy bueno para que los artesanos vuelvan a tener un mercado.

En Amor platónico vamos a encontrar varias alternativas para combinar vasos y copas y todo tipo de cuberterías

Los platitos del pan, a excepción de la alta restauración, han desaparecido de las mesas de los restaurantes. También en muchas casas a diario, pero en una mesa que se precie son imprescindibles , ¿qué tipo de platitos recomienda?

El que quieras. Yo tengo cestitas de mimbre, otros platitos de falso cristal y otros plateados que me regaló mi madre. Pero, vamos los que más te gusten. También quedan muy bien los de porcelana o cerámica con formas diferentes.

El plato del pan es algo peninsular, es decir, se utiliza en España y en Portugal, pero en Inglaterra o en Francia no usan plato del pan, lo ponen encima del mantel, en cambio ahora con las redes, ves en Instagram mesas inglesas, francesas e incluso americanas que han descubierto el plato del pan y lo ponen siempre. Y están haciendo vajillas con los platos del pan a juego. Hay un ‘boom’ de subir a redes sociales imágenes de mesas bonitas.

¿A la gente le gusta recibir en su casa? El perfil de las familias ha cambiado mucho.

Yo creo que sí reciben en casa e incluso más que los de nuestra generación, que fue cuando las mujeres nos incorporamos al mundo del trabajo y no llegabas a todo. Y ahora que ya es lo normal que una mujer trabaje, el marido asume su parte de responsabilidad en la casa y en el día a día, y son capaces de hacerlo todo.

Además, la forma de recibir no es como lo hacían nuestras madres o abuelas, que te hacían el pato a la naranja. Ahora lo solucionan con una ensalada y una tortilla de patatas. Son más naturales, menos sofisticados. Lo colocan todo muy mono y ya está.

En Amor platónico vamos a encontrar varias alternativas para combinar vasos y copas y todo tipo de cuberterías, como por ejemplo mezclar cubiertos, aunque sean diferentes y cómo colocarlos correctamente. Aunque Beatriz es muy flexible en sus recomendaciones, la colocación de los cubiertos es inamovible. Y además da soluciones para los imprevistos.

¿Copas? ¿Vasos? ¿Vasos y copas? ¿Transparentes o de color?

Me gustan las copas de colores, pero para los que son muy exigentes con el vino les gusta transparentes. Para la ciudad me gustan las copas; para el campo o la playa , en cambio, queda muy divertido poner copas para el vino y vasos para el agua.
En las mesas muy clásicas colocaban hasta cinco copas: agua, vino blanco, vino tinto, champagne y licor. ¿Ahora cuántas recomiendas?

Mi tope son tres, como mucho, y en mi vida diaria dos: agua y vino. Si vas a ofrecer vino blanco y vino tinto, tienes que poner lógicamente dos, además de la del agua. Para el champagne o el cava si lo ofrezco para el aperitivo y toda la comida, también la pongo. Así que el número de copas va a depender del número de vinos que ofrezcas. Si vas a beber champagne o cava, durante toda la comida va a la derecha del todo y si sólo es para el postre va detrás de todas, un poco a la izquierda.

La cubertería ‘buena’ puede ser desde la de plata a las que está fabricadas con aleaciones que está muy bien conseguida. ¿Cuál hay que elegir para que sea bonita y no plantee problemas de limpieza?

Puedes comprar una cubertería con mangos de materiales no metálicos, como el falso bambú, que tienen un precio muy bueno. Si queremos una clásica plateada hay marcas muy buenas y que no tienen precios disparatados, como Cristofle que es de metal, y las españolas Cruz de Malta y Meneses, que son de alpaca y son unas cuberterías muy buenas

Al final, se trata de lograr que, sin unas normas rígidas de decoración, haya una armonía.

Como se muestra en ‘El amor platónico’, la mesa en la ciudad no es lo mismo que en el campo.

El entorno influye muchísimo, todo tiene que estar acorde: el menú, la temporada del año, el ambiente exterior o interior… Poner una mesa con una decoración de corales y peces en diciembre en el campo no tiene sentido.

¿El menú influye a la hora de poner y decorar la mesa? ¿No es lo mismo invitar a comer una fabada que unas perdices con salsa de uvas?

Influye muchísimo. La fabada es algo calentito, de invierno, muy familiar y eso lo tienes que transmitir también en la mesa. Si yo, por ejemplo, tengo unos boletus buenísimos y va a ser el plato estrella, pongo una mesa otoñal y la decoración intentaré que recuerde un bosque de esa estación. Esa es la idea.

La decoración es el colofón final a la hora de vestir a la mesa. ¿Hay alguna máxima que debe prevalecer siempre?

La mesa es para poder comer y estar a gusto, así que hay evitar un exceso de decoración que impida no sólo el poder comer, sino que los comensales puedan verse y conversar sin obstáculos.

Estamos hablando de mezclar diferentes materiales, colores, texturas… ¿Todo vale?

¡Casi todo! Aunque tampoco se trata de querer ser la más original. Por ejemplo, el blanco de la loza es más hueso y la porcelana en cambio es blanco níveo y brillante y se matan entre ellos. Si la loza es de color no importa mezclarla con la porcelana. El cristal grueso artesanal de vasos y copas no va nada bien con el cristal fino y habitual.

Sobre una mesa de madera bonita, la porcelana brillante queda ideal, porque se realzan mutuamente. En definitiva, hay que tener en cuenta no sólo los colores sino también los materiales.

Supone también un aprendizaje de ir probando…

Sí, sí, claro. A mí me ha pasado de tener una idea y luego al verlo no gustarme nada y tener que rectificar. Pero también hay que tener en cuenta que no todo el mundo tiene habilidad o imaginación para poner una mesa súper especial. Entonces pueden poner mesas muy bonitas, sencillas y sin arriesgar en exceso y quedarse satisfechos con el resultado.

¿Cuándo pondremos velas y en que soportes?

Se pueden poner al mediodía y a la noche, pero sólo se encenderán por la noche. Al mediodía puedes poner, por ejemplo, unas velas de colores diferentes y no encenderlas. Pero, por la noche, sí se encienden. Para velas hay numerosos modelos de candelabros, pero puedes elegir otros soportes siempre y cuando las velas queden bien encajadas. Eso sí, tendrán que ser velas sin olor para que no interfieran en el olor y sabor de la comida.

¿Cómo elegimos las flores?

Optar por flores de temporada es lo mejor a no ser que yo tenga en mi cabeza algo muy especial y predeterminado. Las de temporada siempre van a estar a mejor precio, igual que la fruta y verdura cuando vas al mercado. Yo voy siempre al mismo puesto de flores, veo lo que tiene y ya pienso lo que le va mejor a la vajilla, a la mantelería o al conjunto. Lo que sí recomiendo es ceñirse a un solo tipo de flor y color y el verde de las hojas y los tallos. Y que no huelan para no interferir en el olor y sabor de la comida.

¿Alguna flor multiusos?

La paniculata sola sin mezclarla con nada más o las margaritas, que las hay todo el año y de muchos colores, son una alternativa ideal.

¿Qué soportes podemos utilizar para las flores? Parece que vuelve lo vintage.

Sí, sí. Se pueden poner en una salsera, en una sopera, en un vaso un poco especial, en unas jarritas, en todo recipiente susceptible de poner agua vale como florero. Además, esos recipientes, vamos a decir atípicos, hacen que personalices aún más la mesa. Muestras tu personalidad a través de la mesa.

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