Revista Capital

La formación en Prevención de Riesgos Laborales va más allá del cumplimiento normativo

Miguel Pérez Arroyo (Quirónprevención): "La formación en PRL se traduce en cambios reales cuando deja de ser solo teórica y se vincula con el trabajo diario"

Por Redacción Capital

Medir la eficacia de la formación en Prevención de Riesgos Laborales (PRL) aplicada al puesto de trabajo es una cuestión clave para cualquier organización que busque algo más que cumplir con la normativa. Tal y como señala QuirónPrevención, la verdadera utilidad de la formación no se encuentra únicamente en la adquisición de conocimientos teóricos, sino en su aplicación real en el día a día de los trabajadores. Es ahí donde se determina si la inversión realizada genera resultados tangibles en términos de seguridad, eficiencia y bienestar.

“Medir la eficacia de la formación en PRL va mucho más allá de cumplir con la normativa. La clave está en comprobar si esa formación realmente cambia conductas, reduce riesgos y genera un impacto positivo en la seguridad y en los resultados de la empresa”, señala Miguel Pérez Arroyo, gestor del área de Formación de Clientes de Quirónprevención, que añade que, “para llevar a cabo una correcta trazabilidad, conviene utilizar parámetros como el cumplimiento del plan formativo, las horas de formación por trabajador, la mejora en los conocimientos adquiridos y, sobre todo y más importante, la aplicación real de lo aprendido en el puesto”.

Pérez Arroyo también indica que “también son importantes los indicadores de resultado, como la reducción de accidentes, del absentismo y de los incidentes que se repiten, junto con el análisis del retorno de la inversión y del coste que se ha evitado gracias a la prevención”.

En este contexto, el concepto de transferencia al puesto de trabajo adquiere un papel central. No basta con que los empleados comprendan los riesgos o sepan identificar medidas preventivas, es necesario que integren estos aprendizajes en sus rutinas laborales. Por ejemplo, conocer el uso correcto de los equipos de protección individual (EPIs) solo tiene valor si estos se utilizan de forma adecuada y constante en el entorno real de trabajo. Por ello, medir esta transferencia se convierte en el indicador más fiable de la eficacia formativa.

Pérez Arroyo señala al respecto que “la formación en PRL se traduce en cambios reales cuando deja de ser solo teórica y se vincula con el trabajo diario. No basta con saber qué hacer: hace falta practicar, observar y reforzar lo aprendido en el propio puesto”. Y una de las formas más directas de evaluar este aspecto es a través de la observación en el propio entorno laboral. Este método permite analizar comportamientos concretos y detectar si los procedimientos de seguridad se aplican correctamente.

Aspectos como el uso de EPIs, el respeto a las distancias de seguridad, el seguimiento de protocolos o la identificación de riesgos son señales claras de hasta qué punto la formación ha calado en los trabajadores. Además, esta observación no debe entenderse como una simple inspección puntual, sino como un proceso sistemático orientado a la mejora. “Para mejorar su eficacia y que no parezca una típica inspección policial, hay que implicar a los mandos intermedios, que conocen la operativa diaria del trabajo; fomentar el diálogo con refuerzo positivo por lo bien hecho, en lugar de solo castigar errores; y hacerla sistemática, con una frecuencia regular que podría ser diaria para técnicos y semanal para los responsables”, apunta Miguel Pérez Arroyo.

El cambio real de los trabajadores “ocurre cuando la formación se adapta al riesgo real y a la tarea concreta realizada en el puesto de trabajo, cuando se comprueba después si lo aprendido se aplica de verdad, y cuando los mandos intermedios y técnicos acompañan en el proceso. Herramientas como la observación directa, las observaciones preventivas y el refuerzo positivo ayudan mucho a consolidar hábitos seguros”, añade.

Y también considera que, para el éxito del proceso, “es clave implicar a los trabajadores. Cuando estos participan, son capaces de identificar riesgos y entienden el porqué de cada medida preventiva, la prevención deja de verse como una obligación y empieza a formar parte de la forma normal de trabajar de cada uno”.

Junto a la observación, el uso de indicadores cuantitativos aporta una visión complementaria imprescindible. Establecer KPIs relacionados con la PRL permite medir de forma objetiva la evolución de la seguridad en la empresa. La reducción de accidentes, la disminución de incidentes, el aumento de comportamientos seguros o la participación de los trabajadores en propuestas de mejora son ejemplos de métricas que ayudan a valorar el impacto de la formación. Estos datos, analizados de manera conjunta, ofrecen una imagen más completa de la situación.

“En la práctica, los KPIs más útiles son los que combinan prevención, comportamiento y resultado. Además, es importante que sean KPIs inteligentes y que puedan visualizarse de forma sencilla, por ejemplo, con un sistema de semáforo para detectar desviaciones a tiempo”, señala Pérez Arroyo.

Sin embargo, la clave está en no tratar esta medición como un ejercicio aislado. Tal y como destaca el gestor del área de Formación de Clientes de Quirónprevención, es fundamental integrar la evaluación de la formación dentro del sistema de gestión de PRL de la organización. Esto implica alinear los objetivos formativos con los objetivos estratégicos de seguridad, recoger y analizar los datos de manera estructurada y, sobre todo, utilizarlos para la toma de decisiones.

Cuando los resultados muestran desviaciones, es necesario actuar. Puede tratarse de reforzar contenidos, adaptar metodologías o incluso revisar procedimientos que no están funcionando correctamente. En algunos casos, la formación adicional puede centrarse en colectivos específicos o en tareas concretas donde se detecten mayores riesgos. En otros, puede ser necesario replantear cómo se están transmitiendo los contenidos para hacerlos más prácticos y aplicables.

Y, para ello, en un contexto de uso intensivo de la información digital, “los datos de incidentes, observaciones y sugerencias del personal son el motor para mejorar la PRL de forma real, alimentando un ciclo de ajustes basados en lo que pasa en el día a día. Para la formación, se usan para detectar fallos (como grupos de trabajo que no utilizan los EPIs), programar refuerzos específicos o tutorías, y rediseñar contenidos con enfoques prácticos como microlearning o talleres, haciendo que sean más útiles y cercanos al puesto”, añade Pérez Arroyo.

Este enfoque permite generar un proceso de mejora continua en el que la formación, la evaluación y la gestión preventiva se retroalimentan. La formación mejora las competencias de los trabajadores, la evaluación mide su impacto real y los resultados obtenidos sirven para optimizar tanto los contenidos formativos como el propio sistema de prevención. De este modo, se crea un ciclo que contribuye a consolidar una cultura de seguridad sólida y sostenible.

Además, los beneficios de este proceso son evidentes. Desde una perspectiva económica, la reducción de accidentes implica menores costes derivados de bajas laborales, indemnizaciones o sanciones. A nivel organizativo, se optimizan los recursos destinados a formación, enfocándolos hacia las necesidades reales. Y, lo más importante, se mejora la seguridad y la salud de los trabajadores, lo que repercute directamente en su bienestar y en la productividad de la empresa.

El portavoz de Quirónprevención ilustra los beneficios de esta operativa con el ejemplo práctico de “una empresa líder en maquinaria agrícola y de construcción destaca por su enfoque proactivo en seguridad laboral, protegiendo a empleados, clientes y distribuidores ante riesgos de maquinaria pesada. Su programa integral combina una formación rigurosa (como simulaciones en realidad virtual para practicar situaciones de riesgo), innovaciones tecnológicas (sistemas de monitoreo en tiempo real que alertan sobre fallos o errores) y una cultura organizacional centrada en la seguridad”.

Pérez Arroyo explica que “estos esfuerzos han logrado tasas de accidentes muy bajas en sus plantas y operaciones de clientes, múltiples premios por excelencia en seguridad, mayor lealtad y satisfacción del cliente, y un posicionamiento como líder de mercado. Así, demuestra que invertir en prevención mediante formación, tecnología y compromiso corporativo crea entornos seguros, productivos y rentables, integrando la PRL en su estrategia global”.

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