La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto una vulnerabilidad que llevaba años latente en Europa, la dependencia de terceros países para fabricar medicamentos y principios activos esenciales. Los problemas de suministro registrados durante la crisis sanitaria y las posteriores tensiones geopolíticas han impulsado un cambio de estrategia. Bruselas quiere reforzar la producción farmacéutica dentro de la Unión Europea y España aspira a convertirse en uno de los países que más se beneficien de ese proceso.
El objetivo no consiste en dejar de importar medicamentos desde Asia, algo que ni la Comisión Europea ni la propia industria consideran realista, sino en reducir la dependencia de determinados productos considerados estratégicos. En la actualidad, una parte importante de los principios activos farmacéuticos (API) utilizados por la industria europea procede de países como China e India, una concentración que ha generado preocupación por la estructura de las cadenas de suministro.
Reducir la dependencia de China e India
La Comisión Europea ha situado esta cuestión entre sus prioridades industriales. La Estrategia Farmacéutica para Europa, presentada en 2020, y la posterior propuesta de reforma de la legislación farmacéutica buscan, entre otros objetivos, reforzar la seguridad del suministro de medicamentos, reducir los desabastecimientos y aumentar la capacidad de producción dentro del mercado comunitario.
Nuestro país parte de una posición favorable. Según Farmaindustria, el país cuenta con más de un centenar de plantas de producción de medicamentos distribuidas por varias comunidades autónomas y exporta productos farmacéuticos a más de 150 países. El sector farmacéutico constituye además uno de los principales inversores industriales en investigación y desarrollo, concentrando una parte muy significativa del gasto privado en I+D realizado en España.
La industria también tiene un peso relevante en el comercio exterior. De acuerdo con los datos de ICEX y de la Agencia Tributaria, los medicamentos figuran de forma recurrente entre los principales productos exportados por España, tanto por volumen como por valor económico. Cataluña y la Comunidad de Madrid concentran buena parte de esta actividad, aunque también existen importantes instalaciones industriales en Castilla-La Mancha, Aragón, Galicia, Andalucía o la Comunidad Valenciana.
Oportunidad para los fabricantes locales
La apuesta europea por reforzar la autonomía estratégica puede abrir nuevas oportunidades para fabricantes nacionales, empresas de ingeniería, compañías de envases farmacéuticos, fabricantes de maquinaria especializada y proveedores de servicios logísticos. La producción de un medicamento requiere una extensa red de suministradores que incluye desde laboratorios de control de calidad hasta empresas de automatización, refrigeración industrial o transporte especializado.
Algunas multinacionales ya han anunciado inversiones para ampliar su capacidad productiva en Europa, aunque no todas se localizan en España. De momento no existe un plan europeo que contemple una relocalización masiva de fábricas desde Asia, pero lo que sí se observa es una estrategia gradual para diversificar la producción de medicamentos esenciales y reducir riesgos en las cadenas de suministro.
No obstante, traer de vuelta parte de la fabricación farmacéutica no es tan sencillo. Los costes laborales y energéticos europeos son superiores a los de muchos países asiáticos, mientras que la construcción de nuevas plantas requiere inversiones muy elevadas y largos procesos regulatorios. Diversas organizaciones del sector, entre ellas Medicines for Europe y la Federación Europea de Industrias y Asociaciones Farmacéuticas (EFPIA), han advertido de que la competitividad será un factor determinante para atraer nuevas inversiones.
Otro reto es la disponibilidad de profesionales cualificados. La fabricación farmacéutica exige perfiles altamente especializados en química, biotecnología, ingeniería industrial, automatización o control de calidad, ámbitos en los que la competencia internacional por el talento es cada vez mayor. A pesar de estas dificultades, la tendencia parece consolidada. Si las políticas comunitarias logran traducirse en nuevas inversiones, España podría reforzar su papel como uno de los principales polos farmacéuticos del continente.
