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Las claves con las que Ouigo pretende liderar la democratización de la alta velocidad en España

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Viajar en tren en España ya no volverá a ser igual. La nacionalización de las líneas de ferrocarril –salvo las de vía estrecha– en 1941 y su posterior expansión a todos los niveles ha hecho de Renfe el único operador dentro del país con su consecuente monopolio y fijación de las normas. No obstante, esto acaba de cambiar.

Desde este pasado 10 de mayo, Ouigo, filial de la francesa SNCF, ha entrado en juego para inaugurar la liberalización del tren en nuestro país. Un nuevo rumbo al que también se ha sumado Avlo este junio y que ya espera la inclusión en 2022 de ILSA. Pero, hasta entonces, aún queda. Por el momento, ¿cómo ha acogido el público español al operador galo?

“Los primeros resultados nos enseñan que la acogida del mercado ha sido muy buena porque en el primer mes hemos superado el 80% de la tasa de ocupación, lo que significa que mucha gente estaba esperando, que había un mercado que no estaba atendido y que estamos donde tenemos que estar. Y estamos muy contentos”.

Estas palabras proceden de Hélène Valenzuela, directora general de Ouigo España, quien recibe sonriente al equipo de Capital para hablar desde prácticamente el corazón ferroviario madrileño –sus oficinas centrales se encuentran al lado de Atocha– sobre este esperado desembarco. Una llegada, una parada para coger viajeros, que no estuvo exenta de anécdota.

Ocurrió durante el segundo día de rodaje en un tren que salía de Barcelona. Un fallo les obligó a regresar a la estación catalana en “una decisión que tomamos con Adif por temas de seguridad”, recalca Valenzuela. Lo que ocurrió es que “no podíamos ir a más de 100km/h con este sistema, hablamos con el gestor de infraestructuras y decidimos que lo más eficaz fue volver a Barcelona a transbordar a los pasajeros”. Una anécdota que en mayor o menor medida podría haber ensombrecido el estreno en el raíl español de la que Ouigo salió airoso.

“Son incidencias que ocurren de vez en cuando a todas las compañías y nos ocurrió a nosotros el segundo día”, apunta la directora general de Ouigo España, que recuerda cómo sus trenes habían hecho pruebas previas en 100.000 kilómetros. “Lo importante es que la seguridad nunca ha estado cuestionada y que estamos satisfechos con el tratamiento de la incidencia. Además, reembolsamos al 200% a la totalidad de los pasajeros porque entendimos que la expectativa era muy alta y nuestro compromiso también lo es”, subraya Valenzuela, quien evidencia durante toda la conversación la necesidad de la empresa por agradar a sus clientes como máximo exponente de la marca.

Por eso, en virtud de su preocupación, sus trenes –y también las oficinas de Ouigo– disponen de unas fuertes medidas de seguridad con el fin de evitar cualquier tipo de resquicio de la pandemia. “Fuimos a pedir una certificación a Aenor contra la Covid-19, quien auditó todas las fases del viaje para asegurar que nuestros procesos garantizaban la comodidad y la seguridad en el viaje”, señala Valenzuela. Y cita: “Con una ventilación reforzada, una limpieza en profundidad y gel hidroalcohólico para nuestros pasajeros, que todos tienen que llevar su mascarilla, hemos conseguido que no nos haya llamado ningún rastreador para identificar a ningún pasajero”.

Y es que Ouigo guarda los datos de todos los viajeros que viajan en sus vagones durante cuatro semanas por si alguno de ellos da positivo. “Nosotros pondremos a disposición todos los datos de los viajeros si nos los piden, pero en Francia y en el resto de Europa todos los estudios nos enseñan que, si se llevan a cabo estas medidas de seguridad, este medio de transporte no es un sitio donde haya un riesgo añadido”.

Aunque implementar todos estos aspectos les haya hecho pasar más de un susto antes de su estreno. “El día que teníamos que traernos el primer tren a España para hacer las pruebas fue el anterior al cierre de fronteras en marzo del año pasado. Tuvimos que anularlo y acumulamos tres meses de retrasos hasta que conseguimos la autorización para el personal que llevaba a cabo estos ensayos de pasar la frontera”, recuerda Valenzuela, quien considera este recorrido como “una carrera y una contrarreloj para llegar al día siguiente de terminar el estado de alarma”. Y sentencia: “Era el objetivo que nos habíamos puesto y lo hemos logrado”.

El otro, alcanzar un millón de pasajeros a cierre de este 2021. Una meta ambiciosa ante la que Hélène Valenzuela se muestra optimista y sobre la que no espera que se vea mermada ante la entrada en juego de nuevos operadores. “Hay sitio para varios operadores siempre que se lo pongamos fácil y a un precio asequible a la gente”, apunta la conductora de Ouigo en España, quien se considera como “encantada” de que “la popularización de la alta velocidad beneficie a todos los clientes y también a las propias empresas”.

El motivo, señala ésta, “al haber una bajada en los precios, todos queremos dar lo mejor y cada operador querrá subir el nivel de calidad de sus productos”. Y no sólo eso. “El planeta se beneficia porque lo que queremos es que los viajeros actuales dejen de coger el coche”. Porque para Valenzuela “el coche es mi mayor competidor, no el tren”.

Por ello se pueden encontrar billetes con Ouigo desde 5, 9, 15, 19 o 25 euros en una línea que hasta la fecha podía suponer un desembolso superior a los 100 euros. “Nosotros apostamos por una alta velocidad sencilla y responsable. Hay que ponérselo fácil a la gente”, destaca Valenzuela.

“Antes se cogía porque salía más barato, ya que viajar en tren era elitista. No era para autónomos o para familias, sólo las grandes empresas podían pagarlo. Había un precio por asiento muy alto y nosotros hemos llegado con un planteamiento muy diferente, por una apuesta de volumen sin renunciar a la calidad”. ¿Cómo lo hacen? “Producimos sin sobrecostes porque sabemos de tren y llevamos haciendo trenes de alta velocidad por toda Europa”.

“Lo hacemos de manera sencilla de forma que nuestro coste por asiento sea más bajo que el resto a base de digitalización y sostenibilidad. Por eso, aunque el margen sea pequeño, que haya mucha gente –en sus trenes pueden viajar hasta 509 personas– nos permite tener un modelo sostenible”. Y eso incluye también una fuerte filosofía por la eficiencia energética dentro de un transporte que ya de por sí es bastante verde.

De hecho, un tren de alta velocidad genera entre cinco y siete veces menos las emisiones de CO2 que el transporte en carretera y entre siete y diez menos que el avión. “El tren es el medio de transporte más verde del planeta”, recuerda Valenzuela, quien ensalza también “la posibilidad que tenemos de reducir el consumo de electricidad de manera inteligente”.

Entre las formas ésta destaca “usar la energía cinética del tren cuando bajas una pendiente como en tu coche”, por ejemplo. “Somos muy digitales y nuestros maquinistas disponen de una pantalla donde seles indica cómo pueden utilizar de la mejor forma la electricidad”. Además, añade, “en España la electricidad cada vez es más renovable y esto es muy importante porque todos los proveedores que trabajan con nosotros tienen el contrato de tener el objetivo de cero desechos con el fin de mejorar cada vez más en este aspecto”.

Otro de los objetivos marcados por Ouigo es la diversidad e inclusión. El porcentaje de mujeres ferroviarias oscila alrededor del 5%, motivo por el que para Valenzuela que “el 43% de nuestra plantilla sean mujeres es un orgullo”. Asimismo, afirma, “hemos creado 1.300 empleos, directos e indirectos, donde el 98% son fijos, y favorecemos la inclusión y diversidad”.

De esta forma se presenta Ouigo al público español, una clientela a la que quiere conquistar en primera instancia a partir de sus trayectos low cost de alta velocidad con paradas en Madrid, Zaragoza, Tarragona y Barcelona a las que habrá que sumar próximamente el corredor mediterráneo y Andalucía.

“La liberalización fue organizada por España de una manera original comparada con otros países, no fue un open access tradicional. Adif, de forma muy inteligente, hizo un estudio de la capacidad que ofrecían las estaciones y en base a eso elaboraron unos paquetes prediseñados” entre los que escogieron el que incluía cinco trayectos al día en cada sentido en dichos destinos. Aunque Valenzuela no descarta en un futuro seguir creciendo.

“Mi marido es del País Vasco y pido por favor que me pongan la Alta Velocidad a San Sebastián”, bromea la directora general de Ouigo España, quien pide “hacer las cosas con orden, bien, tomarnos nuestro tiempo y de manera gradual para dar un buen servicio. Y si luego hay otras opciones, ya las miraremos”.

Por el momento recuerda que “España ha invertido 65.000 millones en los últimos 30 años para desarrollar la mayor red de alta velocidad de Europa y la segunda del mundo, sólo por detrás de China”, y que con su aterrizaje y “los cánones que pagaremos durante los próximos 10 años, que son de 1000 millones, haremos un retorno sobre esta inversión hecha con fondos españoles y europeos”. Aunque para ella, sentencia, “el mayor retorno que podemos dar es a la sociedad española cambiando por completo el concepto de viaje”. ¿Cómo? “A través de la democratización de la alta velocidad más allá de los euros que pagamos”.

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