viernes 02 • diciembre 2022

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Italia y el nuevo modelo económico esperado

Italia estrena nuevo gobierno, y desde Europa se observa con preocupación las posibles consecuencias que plantea el nuevo modelo económico que se quiere establecer

Giorgia Meloni se ha proclamado vencedora de los comicios en Italia. La italiana parece la candidata más plausible para ocupar el cargo de Primera Ministra, ya que su partido, Fratelli d’Italia, ha logrado casi el 26,5% del total de los votos. Unido a los votos logrados por su coalición, que completan los partidos Forza Italia de Silvio Berlusconi (8%) y la Liga de Matteo Salvini (9%).

Este giro sin precedentes hacia la derecha no se había visto en el país transalpino desde la Segunda Guerra Mundial. La izquierda italiana ha cosechado unos resultados ridículos, que ponen sobre la mesa la llave de la gobernabilidad a la coalición de derechas, en un país que arrastra preocupantes problemas sociales y económicos. El Partido Democrático de Enrico Letta ha quedado muy atrás, con un 19,4%.

Una nueva ventana de oportunidad se abre para una derecha mucho más concentrada ante la debilidad de los movimientos de izquierdas, y un pueblo italiano harto de la situación política en su país. La inestabilidad política y la cantidad de veces que los italianos han tenido que ir a las urnas en los últimos años ha dejado la puerta abierta para que la derecha tome las riendas del país.

Eso sí, desde el continente se mira con preocupación ante la escalada de la extrema derecha en otro país de la Unión Europa. Mientras Hungría y Polonia felicitaban a Meloni por su victoria en las elecciones, Úrsula von der Leyen amenazaba con tomar las medidas necesarias si Italia se salía demasiado del tiesto.

El momento ha llegado, y desde Europa se preguntan cuál será el modelo político y económico que tomará el nuevo gobierno.

La convulsa situación política de Italia

El país transalpino mantiene una complicada relación con la política y sus políticos. Desde la Segunda Guerra Mundial y tras la implantación de la Primera República, los gobiernos duran un promedio de 401 días. Esto supone un récord insuperable por ningún otro país occidental; algo inédito que complica y mucho la toma de decisiones a largo plazo.

En los últimos ochenta años han pasado por el Ejecutivo setenta gobiernos diferentes. Sí: 70 gobiernos diferentes en apenas 80 años. Es casi imposible abordar las reformas necesarias para un país con una situación política tan inestable y precaria.

En total, 31 políticos transalpinos han ocupado el cargo de primer ministro. En ese mismo período, Alemania apenas ha tenido diez cancilleres y 24 gobiernos.

Curiosamente, el gobierno que más tiempo ha ostentado el poder ha sido el segundo mandato de Silvio Berlusconi, que duró apenas 3 años, 10 meses y 12 días.

berlusconi
Silvio Berlusconi respondiendo a la prensa en 2021. El mandatario lombardo es el responsable de presidir el gobierno más duradero de Italia desde 1946

Por lo demás, es raro ver que un Ejecutivo se mantiene el tiempo suficiente en el poder como para acometer alguna reforma en el corazón de la Repubblica.

De hecho, de los 69 gobiernos que ha tenido Italia hasta ahora (70 con el próximo de Meloni), doce han durado entre 3 y 6 meses de máximo.

Muchos de estos últimos se formaron en verano y los italianos los bautizaron con socarronería como governi balneari, literalmente “gobiernos de la temporada de baño”, para remarcar su efímera eficacia y su corta duración.

Hay que aclarar que Italia, a diferencia de la gran mayoría de los países americanos, es una república parlamentaria: sus electores eligen cada 5 años a 630 diputados y 315 senadores.

El primer ministro, conocido formalmente como el presidente del Consejo de Ministros, necesita contar con una mayoría tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado para poder gobernar.

Para ello, debe negociar el nombramiento de los miembros de su gabinete con los partidos que representen una mayoría en el Congreso, pues cada nuevo gobierno debe recibir un voto de confianza del Parlamento.

Precisamente, Mario Draghi presentó su dimisión después de que el populista Movimiento 5 Estrellas (M5E), su principal socio en la coalición gubernamental que el expresidente del Banco Central Europeo presidía desde febrero de 2021, decidiera no apoyar una moción de confianza en el Senado.

Pero la estructura institucional del Gobierno no es un factor que explique por sí solo la inestabilidad de la política italiana. Desde 1946 hasta 1992, la alternancia entre partidos fue mínima. Ya que ni el Partido Comunista ni los partidos neofascistas podían gobernar, Democracia Cristiana, un partido centrista, solía ser el encargado de formar gobierno, normalmente apoyado por otros cuatro o cincos partidos menores.

Es aquí donde surgen las disputas, pues a lo largo de su historia, Democracia Cristiana ha tenido hasta nueve facciones dentro de su partido, algo que explica fácilmente la fragmentación interna y la escasa durabilidad de los Ejecutivos.

El otro motivo que se suele esgrimir es la naturaleza fragmentada y diversificada de la actual sociedad italiana. Esto genera un sistema político conformado por muchos partidos; algunos de ellos fueron barridos del mapa tras los escándalos de corrupción de los años 90, lo que posibilitó la creación de aún más facciones políticas todavía más débiles.

A este caos se le suma otro problema casi endémico de Italia: el transfuguismo. Esto es, el cambio de partido. De los 945 diputados y senadores elegidos en 2018, 400 cambiaron de bando. Algo complicado de entender desde la Península Ibérica, pero que parece lo más habitual en el país transalpino. Por ello, es normal que se produzcan casos como la victoria de Meloni.

Un nuevo modelo económico para Italia

Italia es una de las mayores economías de la Unión Europea, pero sus cuentas están lejos de estar saneadas. Antes de la pandemia, la economía italiana ya estaba en recesión, decreciendo un 0,2% en el último trimestre de 2018. Con una bajada de la producción, una deuda que supera el 100% de PIB y la caída en picado tras el confinamiento, los italianos se enfrentan ahora a otra crisis: la misma que está viviendo todo el continente.

evolucion del pib en europa
Evolución del PIB (en términos de PPA) en los cinco grandes de Europa y Grecia. Se observa la gran caída de la economía por la pandemia en Italia y España, y el estancamiento del mercado griego Fuente: Banco Mundial

No es lo mismo afrontar lo que viene con una economía fuerte que hacerlo con una como la italiana, la española o la griega. Países con una deuda muy alta, mucha desigualdad entre regiones, y en el caso hispano-heleno, unos salarios insuficientes para unos precios que siguen alza por culpa de la inflación.

Desde la introducción del euro Italia ha sufrido cinco recesiones, mientras que España ha vivido dos. Las economías mediterráneas se han quedado algo ancladas con respectos a sus homólogas del norte de Europa, aunque la Guerra de Ucrania y la inflación parecen estar dañando también a los países más estables como Alemania, Suecia o Dinamarca.

Además, Italia debe hacer frente a una crisis migratoria y a un aumento de la criminalidad provocado por las oleadas de inmigrantes que no se adaptan a la sociedad local. Un cóctel perfecto para que un partido como este alcance el poder.

Giorgia Meloni y Fratelli d’Italia han llegado al poder (se supone) para cambiar todo eso. Por el momento, el FTSE MIB de Milán registró sus mejores números en la última semana tras conocerse la noticia. Parece que la confianza en el mercada italiano no ha decaído. Valores como Telecom Italia, FinecoBank o Moncler han subido con fuerte tras las pérdidas registradas la semana pasada.

Los bonos italianos tampoco han sufrido y se han mantenido estables tras saberse el resultado final. Es posible que la pronta previsión de la victoria más que abrumadora del partido de Meloni ya hubiera preparado a los mercados. Esto, sumado a que el nuevo gobierno cumplirá en gran medida las reglas y se ceñirá a la agenda de las reformas pendientes, han dado tranquilidad a muchos inversores.

Aunque hay muchos interrogantes, son dos las grandes incógnitas económicas que hay ahora mismo: qué ministro de Economía se elegirá (tecnócrata o un perfil duro) y si se estará la altura con los fondos europeos para la recuperación tras el covid.

El proceso de formación del Ejecutivo durará unas semanas, pero Meloni no tiene la intención de disgustar a los mercados. Es más, pretende acatar el Plan de Recuperación y Resiliencia acordado con la Comisión Europea.

En materia fiscal, la entente de derechas plantea una rebaja de impuestos, dentro de un debate más amplio en el que la derecha estudia imponer un tipo único para todos los niveles de renta -del 15%, según Salvini, líder de la Liga. Meloni busca revertir algunas de las reformas que Draghi introdujo en un esfuerzo por impulsar el crecimiento. Buscar revisiones significativas podría poner en riesgo un plan de gasto de unos 200.000 millones de euros de los citados fondos de recuperación europeos.

Meloni tiene también planes más polémicos. La romana sabe que es muy probable que la economía italiana apenas crezca un 0,4% este año, muy por debajo del 2,4% esperado. Y si hay algo que está haciendo sufrir a los mercados europeos es la Guerra de Ucrania.

Fratelli d’Italia aún no se ha posicionado oficialmente sobre a quién va a apoyar, pero en su momento ya dejaron caer que las sanciones impuestas desde Bruselas a Moscú no son justas, y suponen un perjuicio para la propia economía del Viejo Continente. Si a todo esto le añadimos las buenas relaciones que mantenía su actual socio Silvio Berlusconi con Vladimir Putin, y sus visitas a la Península de Crimea durante la anexión en 2014, las dudas están muy lejos de disiparse.

La bajada de impuestos, la importancia de la economía italiana y el discurso anti Unión Europea son algunos de los sellos que Meloni se ha traído consigo como baza para impulsar la confianza en su país y mejorar la economía transalpina. Ahora solo falta ver si sigue la estela europea de una Unión que ya ha amenazado a Italia, o si por el contrario decide actuar por su cuenta como otros países de su misma cuerda ideológica.

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