Revista Capital

Jaime Ortiz (Asisa): "El seguro de salud entra en una nueva fase"

Analizamos de la mano de Jaime Ortiz, director Comercial y de Marketing de Asisa, cómo el encarecimiento asistencial, la mayor intensidad de la demanda y la transformación digital están redefiniendo el negocio de salud en 2026

Por Marta Díaz de Santos

El seguro de salud afronta 2026 con crecimiento, aunque a un ritmo más moderado que el registrado el pasado año, en un entorno marcado por la sensibilidad al precio, la presión sobre los costes asistenciales y una demanda cada vez más exigente. En esta entrevista, Asisa radiografía un mercado en plena transición, en el que inflación médica, envejecimiento, cronicidad y tecnología están obligando a las compañías a revisar su modelo para preservar la sostenibilidad sin renunciar a la calidad del servicio.

Jaime Ortiz, director Comercial y de Marketing de Asisa, defiende que el cambio no responde solo a una cuestión de primas o rentabilidad, sino a una transformación más profunda del papel del seguro de salud. El asegurado ya no busca únicamente rapidez de acceso cuando aparece un problema médico: demanda prevención, seguimiento, atención digital y una relación más continua y personalizada. Ese nuevo patrón de uso eleva la presión asistencial y obliga a ganar eficiencia, acelerar la digitalización y adaptar la oferta a una medicina cada vez más cercana, resolutiva y omnicanal.

En paralelo, Asisa sitúa como vectores estratégicos de esta nueva etapa la mejora de la financiación del mutualismo administrativo, la apuesta por una red asistencial propia y el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial, telemedicina y personalización. La conversación permite entender no solo los retos inmediatos del ramo de salud, sino también hacia dónde evoluciona uno de los segmentos más dinámicos y sensibles del negocio asegurador.

En un contexto de mayor sensibilidad al precio, ¿qué está pesando más en la evolución del seguro de salud en 2026?

El seguro de salud sigue creciendo en los primeros meses de 2026 y es previsible que lo siga haciendo en los siguientes, si bien el ritmo de crecimiento será menor que en 2025 a causa de diferentes factores, entre ellos, el menor impacto de la subida de primas de Muface.

La evolución del seguro de salud responde además a una combinación de elementos que se retroalimentan, aunque hay uno que claramente actúa como eje: el incremento estructural de los costes asistenciales. Factores como la inflación, la incorporación constante de tecnología médica, el envejecimiento de la población y el aumento de la cronicidad están tensionando los costes de manera sostenida.

Esto obliga al sector a ajustar primas y a mejorar la eficiencia para garantizar la sostenibilidad del modelo. A corto plazo, aunque desconocemos hasta donde llegará el impacto real, en los próximos meses enfrentaremos un incremento de los precios provocado por la situación geopolítica que, lógicamente, afectará al seguro de salud.

El incremento de coste no se entiende sin el cambio en los hábitos de uso. El asegurado ya no utiliza el seguro solo cuando enferma, sino que demanda una relación continua, más preventiva, digital y personalizada. Hemos pasado de un modelo reactivo a otro en el que el seguro es un gestor integral del bienestar, con mayor frecuencia de uso y más puntos de contacto, lo que incrementa también la presión asistencial.

A esto se suma un tercer elemento clave: la intensidad creciente de la demanda. Cada vez más personas recurren al seguro de salud como complemento al sistema público para acceder con rapidez a especialistas y pruebas diagnósticas, lo que incrementa el volumen de actividad y exige adaptar el modelo asistencial para responder con calidad y eficiencia.

Después de la reordenación reciente del modelo de mutualismo administrativo, ¿qué aprendizajes extrae Asisa de esta nueva etapa y qué elementos considera clave para que en 2026 el sistema siga siendo estable, atractivo para el asegurado y viable para las compañías?

La renovación del Concierto con Muface para 2025–2027 ha mejorado la financiación y nos ha permitido avanzar hacia modelo más sostenible. El nuevo marco nos permite seguir prestando una asistencia de calidad en todo el territorio, afrontar la variabilidad de la demanda, mejorar la retribución de los profesionales sanitarios y seguir invirtiendo en digitalización, prevención y mejora de la experiencia del paciente.

A pesar del avance, no es suficiente. La financiación del modelo sigue siendo muy inferior a la del sistema público: en cifras redondas, mientras la sanidad pública dispone de 1.900 euros por paciente, el mutualismo dispone con el nuevo concierto de 1.400 euros. La diferencia sigue siendo notable y nosotros seguimos apostando por avanzar hacia la convergencia de esas cifras.

Por lo tanto, la financiación sigue siendo una prioridad. Debemos avanzar hacia una financiación realista y predecible. Además, a finales de este año finalizan los conciertos de Isfasy Mugeju, cuya financiación actualmente está muy por debajo de la Muface.

Por otro lado, en los próximos años seguiremos asistiendo a un incremento de costes. La inflación médica en España es superior a la media europea, la concentración hospitalaria y el coste de la tecnología para garantizar las nuevas coberturas siguen creciendo y el margen para las aseguradoras es cada vez más reducido. Debemos analizar el impacto futuro de estos costes y buscar fórmulas para afrontarlos desde la colaboración entre la Administración, las aseguradoras y los proveedores asistenciales.

A todo ello se une el envejecimiento de la cartera de mutualistas, que aumenta la cronicidad y dispara los costes. Es cierto que las ofertas de empleo de los últimos años y los cambios en el modelo han mejorado en parte la situación, pero a corto y medio plazo, el envejecimiento es un desafío para todos los sistemas sanitarios.

Por lo tanto, tenemos que seguir trabajando con la Administración en un plan ambicioso que permita afrontar con determinación los desequilibrios económicos del mutualismo administrativo y garantizar su pervivencia, que es necesaria para miles de profesionales sanitarios. También influye que la edad de los mutualistas que eligen sanidad pública es menor, y provoca el envejecimiento constante del colectivo.

Hablan de transformación digital, IA y telemedicina. En 2026, ¿qué procesos concretos están ya resolviendo mejor que hace dos años y con qué métricas lo demuestran?

Asisa está aplicando la tecnología con un enfoque muy claro: mejorar la eficiencia operativa y, al mismo tiempo, mejorar la experiencia del asegurado con resultados medibles. El impacto que buscamos se refleja en tres métricas: mayor rapidez en la gestión, alta capacidad de resolución asistencial y niveles elevados de satisfacción.

En cuanto a la gestión administrativa, especialmente en el ámbito de las autorizaciones, la inteligencia artificial (IA) ya está teniendo un impacto directo. Hemos automatizado procesos clave, lo que permite reducir tiempos de respuesta, minimizar errores y simplificar trámites, haciendo la relación de los asegurados con la compañía mucho más ágil. Además, la digitalización también contribuye a optimizar el uso de recursos y mejorar la gestión de la siniestralidad, algo clave en un contexto de incremento de costes.

En paralelo, la telemedicina ha dado un salto cualitativo. Plataformas como Asisa LIVE permiten acceder a videoconsultas en múltiples especialidades, a un Chat Médico 24 horas y otros servicios digitales. Hoy, casi 8 de cada 10 consultas digitales evitan una visita presencial, lo que demuestra su capacidad real para resolver demanda asistencial y mejorar la accesibilidad a las prestaciones.

La experiencia del cliente también muestra avances claros. Herramientas como el Chat Médico alcanzan niveles de satisfacción del 87%, lo que confirma que la digitalización no solo aporta eficiencia, sino también calidad percibida por el asegurado. Además, el uso de datos y analítica está impulsando la personalización, permitiendo diseñar productos, coberturas y programas de prevención adaptados a cada perfil, avanzando hacia un modelo más continuo y centrado en el bienestar.

Asisa defiende un modelo basado en reinvertir en red propia. En un contexto de mayor demanda, ¿qué ventaja competitiva real les da controlar hospitales y centros médicos?

Asisa cuenta con la red asistencial propia más extensa propiedad de una aseguradora. Liderada por HLA Grupo Hospitalario, nuestra red ya cuenta con 18 hospitales, 37 centros médicos y más de un centenar de clínicas especializadas (dentales, oftalmológicas, audiológicas, etc.).

Contar con un dispositivo asistencial propio tan amplio nos permite tener más control sobre la calidad y la experiencia del paciente, algo clave cuando la demanda crece. Además, tenemos una mayor capacidad para gestionar costes y eficiencia, al integrar aseguramiento y provisión. Y, en tercer lugar, tenemos más agilidad para innovar y desarrollar proyectos conjuntos para adaptarnos mejor a las demandas de los asegurados, a la vez, realizar inversiones más eficientes.

En cuanto a las tensiones asistenciales que nos encontramos, no solo en nuestra red propia sino también en la concertada, está la capacidad asistencial en algunas especialidades, la escasez de profesionales sanitarios y la necesidad de seguir invirtiendo en tecnología sin comprometer la sostenibilidad.

¿Qué está cambiando más deprisa en la demanda de los asegurados en 2026 y cómo están rediseñando productos y servicios para no quedarse en un seguro puramente reactivo?

La demanda de los asegurados está acelerándose en tres grandes ámbitos: salud mental, envejecimiento y prevención. La salud mental es, probablemente, el cambio más rápido: se ha normalizado la demanda de apoyo psicológico y servicios emocionales y esta cobertura ya no es un complemento, sino una cobertura esencial.

En paralelo, el envejecimiento está redefiniendo el seguro. Cada vez hay más asegurados con patologías crónicas o necesidades de seguimiento continuo, lo que impulsa una demanda de servicios más integrales, no solo asistenciales sino también de acompañamiento. Por otra parte, el aumento en la expectativa de vida ha hecho que la prevención esté ganando peso de forma estructural. El asegurado quiere anticiparse a la enfermedad y reclama chequeos, programas personalizados, seguimiento de hábitos, etc. y demandad una visión más amplia del bienestar.

Para atender esta demanda, Asisa ha impulsado un cambio en su enfoque para pasar de un modelo reactivo a uno preventivo y personalizado, apoyándonos en tres líneas de trabajo. Por un lado, la personalización real de productos, con coberturas modulables, precios adaptados y programas específicos según el momento vital (menopausia, maternidad, etc.). En segundo lugar, hemos apostado por la omnicanalidad real integrando servicios digitales y presenciales, lo que facilita al asegurado acceder a sus prestaciones y permite un seguimiento continuo de su estado de salud. Por último, hemos incorporado programas de prevención y bienestar, que convierten el seguro en un acompañante activo.

En este enfoque se enmarca el Plan Esperanza de Vida Plena, una propuesta innovadora de Asisa que integra ciencia, tecnología y acompañamiento profesional para abordar de manera integral los principales pilares de la salud: nutrición, ejercicio físico, descanso y salud mental. Este plan refleja una nueva forma de entender la medicina, en la que el objetivo no es solo tratar enfermedades, sino optimizar el estado de salud global de las personas y prolongar su vida en condiciones de bienestar.

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