El conflicto bélico de Israel y EEUU en Irán representa la prolongación de un proceso de ruptura de un equilibrio geopolítico que ha demostrado ser eminentemente frágil. En este contexto de guerra, al que se suma a la invasión rusa de Ucrania, los inversores buscan refugios de rentabilidad y menor nivel de riesgo, con el objetivo de preservar el capital, pero el mercado ofrece niveles elevados de volatilidad e incertidumbre que añaden tensión tanto a la reacción de los bancos centrales como al comportamiento de las principales variables macroeconómicas.
Según explica Equipo Económico en su estudio “Geopolítica en acción: poder y conflicto en la economía global. Implicaciones estratégicas ante la crisis en Oriente Medio’, la guerra en Irán “basada en la primacía del poder sobre las normas”, rompe el “statu quo global” y reintroduce el “riesgo en los mercados”. El informe de la firma que preside Ricardo Martínez Rico apunta, además, que el Ibex 35 es uno de los índices “con mayor volatilidad” durante el mes de marzo, al cierre de esta edición de Capital, una situación que justifica por “la exposición energética del país, el mayor peso de sectores regulados y menor de las tecnológicas, y la tensión entre el Gobierno español y la Administración Trump”.
¿Y qué harán los bancos centrales? Según Juan Gómez Bada, CEO y director de Inversiones de Avantage Capital, “se resistirán todo lo que puedan a subir tipos. Y tienen argumentos muy buenos. El primero es que el repunte de los precios estará liderado por los precios de la energía y de los alimentos, que quedan fuera de la inflación subyacente”.
Y añade que “creo que el repunte de los precios del del petróleo y de otras energías es temporal, por el estrecho de Ormuz solo pasa el 20% del petróleo y el 80% restante de los productores mundiales tiene capacidad para incrementar su producción”. Y cita, concretamente, a EEUU, Venezuela y Argentina, entre otros. Además, en el contexto de impacto energético, Gómez Bada señala que “si el gas sube, se utiliza más energía nuclear y energías renovables, que son recursos energéticos que pueden incrementar su producción”.
Por otra parte, Gómez Bada resalta “un efecto adicional que no tiene nada que ver con el petróleo y que los bancos centrales tienen que vigilar, que es la estampida de capital en los fondos semi líquidos de crédito privado”. Concretamente, se han producido importantes reembolsos de liquides invertida en deuda de empresas no cotizadas, “por miedo a la disrupción de muchos modelos de negocio de startup y de compañías tecnológicas a las que los inversores les han prestado dinero”. “Esto puede tener un efecto importante de contracción del crédito”, añade.
El estudio de Equipo Económico, por su parte, “señala que Europa se ve particularmente afectada por este escenario de mayor confrontación, a través de una doble vulnerabilidad estructural. Primero, la dependencia energética exterior y déficit de capacidad defensiva. A ello se suman la fragmentación política interna y un margen fiscal escaso”. No obstante, destaca algunos “vectores de reactivación” que pueden “sentar las bases para una mayor resiliencia: un mercado laboral en mínimos históricos de desempleo, el estímulo fiscal alemán en defensa e infraestructuras, la entrada en vigor del acuerdo UE-Mercosur y capacidad de atracción de inversión internacional gracias a las garantías de su Estado de Derecho”.
En lo que respecta a nuestro país, el estudio destaca que “la economía española mantendrá un diferencial de crecimiento positivo, que desde Equipo Económico (Ee) prevemos del 2,5% para 2026, sostenido por el consumo, el empleo y el turismo. No obstante, se reparte de forma muy desigual entre sectores y empresas. Y si bien aporta resiliencia, no neutraliza destacadas vulnerabilidades estructurales: falta de flexibilidad en el mercado laboral y restricciones por el lado de la oferta, brecha entre ahorro e inversión productiva, deterioro de la competitividad exportadora de bienes, desequilibrios en las cuentas públicas, alta dependencia energética y una relación con Estados Unidos cargada de incertidumbre por las tensiones recientes.
De vuelta al mercado, según la opinión de Nicolas Laroche, director global de asesoramiento y asignación de activos de UBP, el contexto de un elevado precio del petróleo, “probablemente presionará las ganancias en el sector global de consumo discrecional”. “Se ha reducido la duración en todas las divisas, mientras que se ha recortado la exposición a bonos en moneda local de mercados emergentes”, apunta, al tiempo que anticipa una posible “debilidad del euro y el yen”.
Juan Gómez Bada añade que, para el inversor, lo más recomendable es buscar “economías que estén al margen de la guerra y con buenas perspectivas de crecimiento. Y, además, aquellas a las que el repunte de precios de la energía le viene bien. Por ejemplo, Argentina”.
El experto apunta, por extensión, que los reguladores y los gobiernos deberían apostar por “políticas fiscales y monetarias que impulsen la liquidez del sistema, que es lo que hicieron en la crisis de 2008. Para salir de ella, pueden perfectamente solucionar el problema del crédito privado. Y, en esto, la administración Trump va a poner todo a punto para ser más ágil que otras, porque le interesa el crecimiento”.
El informe de Equipo Económico también apunta que, en el corto plazo, para los bancos centrales “no es fácil actuar tratándose de una restricción de oferta y no de demanda”. “Si perdura el conflicto y dependiendo de sus mandatos, los bancos centrales deberán elegir entre control de la inflación y menor crecimiento”.
En este contexto, en marzo la Reserva Federal de EEUU (Fed) “mantuvo los tipos de interés en el rango del 3,50 % al 3,75 %”. El estudio de Equipo Económico resalta que “la inflación subyacente se sitúa aún por encima del objetivo, y considera que la política monetaria se encuentra cerca de una posición neutral”. Mientras que, en Europa, “el BCE se ha reservado también el margen de maniobra y ha mantenido estables los tipos, con la facilidad de depósito en el 2 %”.
