África se ha convertido en el escenario principal de la violencia yihadista a nivel mundial en los últimos años, con el Sahel como foco predominante. Grupos como Al Qaeda y Estado Islámico, a través de sus filiales, compiten por el control de la región. Ambas organizaciones han modificado sus tácticas, adoptando nuevas herramientas como el uso de drones y el cobro de cuantiosos rescates por extranjeros secuestrados.
El African Center for Strategic Studies (ACSS), un think-tank vinculado al Departamento de Defensa de Estados Unidos, estima que el año pasado más de 23.800 personas murieron a causa de las actividades de grupos yihadistas en el continente, lo que representa un aumento del 150% respecto a 2017. El Sahel encabeza la lista con el 42% del total de las víctimas, seguido por Somalia y el Lago Chad con el 28% cada uno.
El informe subraya un aumento significativo en las víctimas mortales causadas por bombardeos aéreos y drones, alcanzando un 42% más en comparación con el año anterior. Esto refleja un cambio en las tácticas, utilizado tanto por ejércitos africanos como por los grupos islamistas. Aunque la mayor parte de estas muertes sigue siendo consecuencia de bombardeos aéreos, el uso de drones ha ido en aumento.
El uso de drones por parte de grupos terroristas está evolucionando, incorporándose a acciones armadas y adaptándose a nuevos contextos con la experiencia obtenida en conflictos como la guerra en Ucrania
Un informe de Naciones Unidas ha documentado el uso de drones en diversas acciones de las filiales de Al Qaeda y Estado Islámico. La filial de Al Qaeda en el Sahel, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), destaca por su avanzada capacidad en el uso de drones comerciales modificados, aunque sus ataques todavía son rudimentarios.
Por otro lado, Estado Islámico en el Sahel (ISS) utiliza drones en ataques como el del aeropuerto de Niamey, aunque su capacidad sigue siendo limitada. Esta filial también ha adquirido drones comerciales para operar en el Sahel y la cuenca del Lago Chad. Sin embargo, no hay indicios de que ninguno de estos grupos use drones de fibra óptica o técnicas de ataques masivos.
En cuanto a las prácticas de secuestro, tanto Al Qaeda como Estado Islámico continúan utilizándolas para financiar sus operaciones. En años anteriores, los países europeos pagaron alrededor de 125 millones de dólares para liberar rehenes. Un caso reciente fue el rescate de un miembro de la familia real de Emiratos Árabes Unidos por 50 millones de dólares, clave para financiar operaciones en Malí.
Coincidiendo con la publicación del informe, el misionero estadounidense Kevin Readout fue liberado casi diez meses después de su secuestro en Níger. Según algunas fuentes, habría mediado en este proceso un rescate, lo que reforzaría las finanzas de Estado Islámico para futuros ataques.
