La riqueza de las familias en España ha experimentado un notable incremento en los últimos 20 años, duplicándose en este periodo. Sin embargo, este crecimiento económico ha acentuado la brecha generacional en el país, con una diferencia patrimonial que superaba, en 2022, los 340.000 euros entre mayores y jóvenes. La información se desprende de un estudio sobre la evolución de la riqueza realizado para el periodo 2002-2022 por el Instituto Santalucía, que resalta un incremento del 3% en 2024.
El informe, elaborado por José Ignacio Conde-Ruiz y Francisco García-Rodríguez, ambos investigadores de universidades prestigiosas, analiza los datos del Banco de España sobre el patrimonio de los hogares españoles. Según el estudio, las personas entre 65 y 74 años poseían, de media, más de 425.000 euros, mientras que los menores de 35 años apenas superaban los 83.000 euros. Aunque se constata un crecimiento significativo de la riqueza general, el estudio advierte de un aumento de la desigualdad, especialmente intergeneracional.
La riqueza neta de los hogares españoles creció un 80,9% de 2002 a 2022, impulsada por el valor de la vivienda y los activos financieros, pero la crisis de 2008 y la pandemia afectaron el reparto equitativo de estos beneficios.
Los mayores de 65 años fueron quienes concentraron la mayor parte del patrimonio en 2022, con los menores de 35 enfrentándose a un panorama mucho más complicado. Estas generaciones más jóvenes han visto cómo su capacidad de acceso a la vivienda se ha reducido significativamente en los últimos años, lo que frena su crecimiento patrimonial. Desde 2008, la tasa de propiedad en este grupo ha caído notablemente, consolidando una barrera estructural que limita la acumulación de riqueza desde edades tempranas. Esto se refleja en una caída del 76,7% en la riqueza mediana para este grupo de edad.
El estudio destaca que la participación de los jóvenes en la riqueza total nacional se redujo de un 8,2% en 2002 a solo el 2,1% en 2022. En contraste, los mayores de 75 años aumentaron su cuota del 8,3% al 18,3%, consolidando su posición dominante en la distribución patrimonial. Además, el 1% más rico ahora concentra aproximadamente el 21% de toda la riqueza, mientras que la mitad más pobre representa solo el 7%. El índice de Gini, que mide la desigualdad patrimonial, ha pasado de 0,57 en 2002 a 0,69 en 2022, según el estudio.
El informe también revela que los hogares con más recursos disponen de carteras financieras más diversificadas y presentan niveles de deuda bajos. En cambio, los hogares con menos recursos concentran su patrimonio principalmente en la vivienda y soportan una mayor deuda relativa. El modelo patrimonial español, principalmente basado en la vivienda, ha beneficiado a aquellas generaciones que accedieron al mercado inmobiliario en mejores condiciones. Las generaciones más jóvenes, por su parte, enfrentan barreras como el aumento del coste de la vivienda y la precariedad laboral, dificultando su ahorro y exacerbando la desigualdad intergeneracional.
