El teletrabajo, que se consolidó de forma masiva durante la pandemia, atraviesa una fase digamos, de revisión, en muchas grandes empresas. Cinco años después del punto álgido del trabajo desde casa, varias multinacionales están endureciendo sus políticas de presencialidad o reforzando modelos híbridos con mayor exigencia de asistencia a la oficina.
Los datos muestran un escenario más matizado de lo que podría parecer. Según Eurostat, el porcentaje de trabajadores en la Unión Europea que trabajaban habitualmente desde casa se situó en torno al 22% en 2025, una cifra muy superior a la registrada antes de la pandemia, pero inferior al pico alcanzado en 2020 y 2021. En Estados Unidos, la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) también ha observado una estabilización del trabajo en remoto tras el despliegue masivo inicial de la pandemia, especialmente en sectores administrativos y tecnológicos.
La productividad a debate
Sin embargo, la tendencia no es uniforme. Algunas grandes empresas tecnológicas y financieras han impulsado el regreso parcial o total a la oficina. Amazon, por ejemplo, anunció en 2024 una política que exige a sus empleados corporativos trabajar presencialmente al menos tres días por semana. Google y Meta también han reforzado modelos híbridos con mayor control sobre la asistencia. Estas decisiones han reabierto el debate sobre la productividad del trabajo desde casa.
La productividad es, precisamente, uno de los principales argumentos en esta discusión. Diversos estudios han intentado medir su impacto, pero los resultados no son concluyentes. Un análisis de la National Bureau of Economic Research (NBER) señala que el trabajo desde casa puede aumentar la productividad en tareas individuales, pero puede reducirla en funciones que dependen de la colaboración espontánea y la coordinación entre equipos. Esto explica por qué muchas empresas están optando por modelos híbridos en lugar de un retorno completo a la oficina.
Otro factor clave es la cultura corporativa. Numerosas empresas argumentan que la acudir presencialmente facilita la formación de equipos, la transmisión de conocimiento tácito y la cohesión interna. Este tipo de argumentos no siempre se reflejan en métricas de productividad inmediata, pero sí en variables a medio plazo como la retención de talento o la innovación organizativa.
El mercado laboral también está influyendo en esta evolución. Durante los años de expansión del teletrabajo, muchos empleados ganaron poder de negociación, especialmente en sectores con alta demanda de talento como la tecnología o la consultoría. Sin embargo, seis años después se ha reducido esa capacidad de elección, facilitando que las empresas impongan condiciones más estrictas de presencialidad.
El teletrabajo no ha desaparecido
Aun así, sería incorrecto hablar de un fin del teletrabajo. Lo que muestran los datos es una estabilización en torno al modelo híbrido. Según el informe Future of Work de la OCDE, el teletrabajo ha dejado de ser una excepción para convertirse en una característica estructural del mercado laboral en múltiples economías avanzadas, entre ellas España, aunque con diferencias significativas entre sectores.
En la práctica, el teletrabajo total sigue siendo minoritario, pero el modelo híbrido se ha consolidado como estándar en muchas empresas. La variabilidad ahora se da en los detalles, como establecer cuántos días se trabaja en remoto, qué funciones pueden realizarse fuera de la oficina y qué perfiles deben estar siempre presentes.
