Los almacenes frigoríficos son una infraestructura casi invisible para el gran público. Sin embargo, el crecimiento del comercio internacional de alimentos, la expansión de la industria farmacéutica y el auge del comercio electrónico han convertido estas instalaciones en uno de los segmentos con mayor dinamismo dentro del mercado logístico. Cada vez son más los operadores e inversores que apuestan por este tipo de activos, cuya demanda continúa creciendo en numerosos países.
Su función es sencilla de explicar, pero compleja de ejecutar. Básicamente, los almacenes frigoríficos mantienen productos perecederos a una temperatura controlada desde que salen de la fábrica o del campo hasta que llegan al consumidor. Esta denominada "cadena de frío" resulta imprescindible para conservar alimentos frescos y congelados, medicamentos, vacunas, productos químicos o determinados componentes industriales sensibles a la temperatura.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) considera que una cadena de frío eficiente es una de las herramientas más importantes para reducir las pérdidas de alimentos. En numerosos países, una parte significativa de frutas, verduras, carne o pescado se deteriora antes de llegar al consumidor por deficiencias en el almacenamiento o el transporte refrigerado.
La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la importancia estratégica de estas infraestructuras. La distribución mundial de vacunas obligó a ampliar la capacidad de almacenamiento refrigerado y ultracongelado en numerosos países. Aunque aquella situación fue excepcional, el sector salió reforzado y muchas empresas aceleraron inversiones que ya estaban previstas antes de la crisis sanitaria.
Otro de los motores del crecimiento es el comercio internacional de alimentos. Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), el intercambio de productos agroalimentarios mantiene una tendencia de crecimiento a largo plazo, impulsado por el aumento de la demanda y por la especialización de la producción. Cada vez es más habitual consumir frutas procedentes del hemisferio sur, pescado capturado a miles de kilómetros o productos elaborados en otros continentes, lo que exige una red logística refrigerada cada vez más sofisticada.
El comercio electrónico también está modificando este mercado. Aunque la alimentación online sigue representando una parte reducida del conjunto del comercio electrónico en comparación con otros productos, su crecimiento obliga a desarrollar plataformas capaces de preparar pedidos manteniendo distintas temperaturas en función del tipo de mercancía. Grandes cadenas de distribución y operadores logísticos están ampliando sus instalaciones para adaptarse a este cambio en los hábitos de consumo.
España ocupa una posición destacada en este sector. Como una de las principales potencias agroalimentarias de Europa, el país necesita una amplia red de almacenamiento frigorífico para exportar frutas, hortalizas, carne, pescado o productos elaborados. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la industria agroalimentaria representa uno de los principales sectores industriales del país, mientras que las exportaciones agroalimentarias mantienen un peso creciente dentro del comercio exterior español.
El sector farmacéutico constituye otro importante cliente de estas instalaciones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) subraya que numerosos medicamentos y vacunas deben mantenerse dentro de rangos concretos de temperatura para conservar su eficacia. Una interrupción de la cadena de frío puede inutilizar determinados productos, lo que obliga a extremar los controles durante el almacenamiento y el transporte.
La creciente demanda también ha despertado el interés de los inversores inmobiliarios. Consultoras como CBRE, JLL o Savills destacan que los almacenes frigoríficos presentan barreras de entrada superiores a las de la logística convencional debido a su elevado coste de construcción, consumo energético y complejidad técnica. Precisamente esa especialización limita la competencia y aumenta el atractivo de este tipo de activos para fondos especializados.
No obstante, el elevado consumo energético de estas instalaciones obliga a invertir en sistemas de refrigeración más eficientes, paneles solares y tecnologías de monitorización para reducir costes y emisiones. Además, la normativa europea sobre gases fluorados está impulsando la sustitución progresiva de determinados refrigerantes por alternativas con menor impacto climático.
