El 2 de junio marca el cincuenta aniversario del histórico discurso de Juan Carlos I en Washington, en el que por primera vez mencionó la palabra "democracia" respecto a España. Este evento es considerado por muchos historiadores como un hito en la Transición española. Durante su primer viaje oficial al extranjero como rey, Juan Carlos buscó el apoyo de Estados Unidos hacia la democratización de España, pronunciando un discurso en inglés ante 435 congresistas y senadores estadounidenses que culminó con una ovación de seis minutos.
Fue la primera visita oficial de un monarca español a Estados Unidos, incluyendo una reunión privada con el entonces presidente Gerald Ford, quien mostró una impresión positiva de Juan Carlos. Según Juan Carlos Pereira Castañares, experto en Historia Contemporánea, el discurso fue significativo no solo por la mención explícita de la democracia, sino también por el compromiso con elecciones libres en España. Otros historiadores como Guillermo García Crespo consideran que, aunque relevante, no fue más trascendental que otros eventos de la Transición, como las elecciones de 1977 o la Ley para la Reforma Política.
El discurso de Juan Carlos I fue un mensaje inequívoco que prometía liderar la democratización de España
En el contexto de la Guerra Fría, asegurar el apoyo de Estados Unidos requería una transición pacífica. La historiadora Encarnación Lemus, premio Nacional de Historia, destaca el "empujón necesario" que supuso el discurso para desbloquear el Tratado de Cooperación y Amistad entre España y Estados Unidos, que era central para el ingreso español en organismos internacionales como la Comunidad Económica Europea y la OTAN.
El discurso, dividido en dos partes, fue preparado en su inicio por Vicente Palacio Atard para enfocar las relaciones históricas entre España y Estados Unidos, mientras que su segunda parte, redactada por el entonces ministro de Exteriores José María de Areilza, se centraba en el camino político que España iba a seguir. Según Francisco J. Leira Castiñeira, el discurso buscó tranquilizar a los ciudadanos tras la reciente muerte de Franco, en un momento de "pulsión social" más allá de los partidos políticos establecidos.
Areilza organizó el viaje, aunque el rey estuvo muy implicado, supervisando los detalles. El embajador estadounidense en España, Wells Stabler, fue importante en orientar un proceso que debía ser cuidadoso, y Gerald Ford veía en Juan Carlos "la figura ideal" para llevarlo a cabo, dada su capacidad de maniobra heredada del régimen franquista, según Pereira Castañares.
Lemus destaca cómo el rey logró legitimar su proyecto político a corto y medio plazo. Pese a su falta de aceptación inicial, Juan Carlos I tuvo que enfrentarse a dudas tanto dentro de España como en el ámbito internacional, ya que, como señala García Crespo, carecía de "legitimidad de ejercicio" y del respaldo popular profundo. La cobertura mediática, especialmente la de TVE y del corresponsal Jesús Hermida, contribuyó a incrementar la visibilidad y relevancia de su discurso en España.
