Una década después del referéndum que marcó la salida del Reino Unido de la Unión Europea, conocido como el Brexit, el país sigue enfrentando desafíos económicos significativos. Los análisis de Scope Ratings y Schroders destacan un panorama de bajo crecimiento potencial, finanzas públicas tensas y una moneda vulnerable.
Ambos informes coinciden en que los problemas estructurales tienen un impacto más profundo en el mercado que los relevos políticos en Downing Street. De esta manera, cualquier gobierno dispone de un margen limitado para impulsar la economía sin menoscabar la confianza de los inversores.
Scope Ratings enfatiza que la estabilidad de la calificación soberana del Reino Unido, actualmente en 'AA' con perspectiva estable, depende de la habilidad del próximo primer ministro para reavivar el crecimiento a través de reformas orientadas a la oferta, estabilizar la deuda en relación con el PIB y enfrentar los desafíos europeos derivados del Brexit. El informe prevé que el Producto Interior Bruto (PIB) real crecerá alrededor del 0,9% en 2026 y el 1% en 2027, tasas inferiores a las observadas antes de la pandemia, señalando además un problema de productividad en comparación con otros países con calificaciones similares.
El Reino Unido se encuentra en una encrucijada económica crítica, necesitando urgentemente reformas pro-crecimiento y una cuidadosa gestión fiscal
Para mejorar el crecimiento, la agencia propone la inversión en infraestructuras de transporte, vivienda y servicios públicos, además de reducir barreras no arancelarias con la UE en el contexto de un "reinicio" del Brexit. Aun así, advierte que el déficit público se mantendrá elevado, alcanzando un 4,9% del PIB en 2026, mientras que el aumento de los costes de financiación complica la dinámica de la deuda.
Desde Schroders, David Rees describe una situación de "problemas crónicos" que dificultan el crecimiento y la confianza en el mercado. Aunque el aumento de la inversión y la productividad se ven como soluciones viables a largo plazo, sus beneficios tardarán en manifestarse. El informe sugiere que modificaciones en el marco fiscal podrían ser beneficiosas, pero también percibirse como una laxitud fiscal que aumentaría la presión sobre los rendimientos de la deuda pública. Por tanto, el próximo responsable del Tesoro deberá actuar con gran cautela para encontrar un equilibrio entre el crecimiento y la credibilidad fiscal.
La inestabilidad política de la última década, desde el referéndum hasta los cambios en el liderazgo político, ha sumado incertidumbre, pero los mercados se centran principalmente en la situación macroeconómica y fiscal. Schroders subraya que los inversores están más preocupados por los desafíos estructurales que por quién esté al mando en Downing Street. Mientras, Scope considera que una tregua política podría favorecer la formulación de políticas, aunque unas elecciones anticipadas o un cambio fiscal expansivo reavivarían la incertidumbre. La conjunción de crecimiento débil, necesidad de consolidación fiscal y costes de financiación elevados coloca al Reino Unido en un "delicado equilibrio" que afectará su calificación en los años venideros.
Finalmente, Schroders también señala la vulnerabilidad de la libra esterlina, que está expuesta a cambios en las expectativas sobre los tipos de interés y a posibles deterioros en la confianza en el mercado de bonos. La actividad económica subyacente débil limita la capacidad de la economía para absorber nuevos impactos financieros sin agravar las presiones existentes. En este contexto, el Reino Unido encara esta década con un margen de maniobra muy restringido, debiendo combinar reformas, inversiones selectivas y disciplina fiscal en un entorno altamente sensible para recuperar el dinamismo económico sin comprometer su solvencia ni la estabilidad de la libra.
