Economía

¿Por qué los semiconductores se han convertido en un asunto de seguridad nacional?

Los semiconductores son el componente esencial de prácticamente toda la economía digital

La fiebre de los semiconductores
Por Alberto Mesas

Hace tiempo que la fabricación de chips dejó hace de ser un asunto puramente industrial para convertirse en uno de los ejes centrales de la competencia económica y geopolítica entre grandes potencias. Estados Unidos, la Unión Europea, China, Japón y Corea del Sur están desplegando programas públicos multimillonarios para atraer fábricas de semiconductores, en una carrera que no se explica solo por razones tecnológicas, sino también por cuestiones de seguridad nacional.

Los semiconductores son el componente esencial de prácticamente toda la economía digital, desde teléfonos móviles y ordenadores hasta coches eléctricos, sistemas de defensa, inteligencia artificial o infraestructuras energéticas. La pandemia de COVID-19 puso de relieve la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro cuando la escasez de chips provocó paradas de producción en la industria automovilística y retrasos en múltiples sectores.

Gran dependencia del mercado asiático

Según la Semiconductor Industry Association (SIA), la fabricación de chips avanzados está altamente concentrada geográficamente, con Taiwán y Corea del Sur desempeñando un papel dominante en los nodos más sofisticados de producción. Esta concentración ha generado preocupación en gobiernos de Occidente por la enorme dependencia de unos pocos países para un bien tan sumamente estratégico.

Para intentar paliar esta situación, Estados Unidos aprobó en 2022 la CHIPS and Science Act, una ley que moviliza alrededor de 52.000 millones de dólares en subvenciones e incentivos para la producción nacional de semiconductores y la investigación tecnológica. El objetivo es reducir la dependencia de Asia en la fabricación de chips avanzados y reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro.

La Unión Europea siguió una estrategia similar con el European Chips Act, que busca movilizar más de 43.000 millones de euros en inversión pública y privada para aumentar la cuota europea en la producción global de semiconductores. Actualmente, la UE produce aproximadamente el 10% de los chips del mundo, pero el objetivo es incrementar esa cuota en la próxima década.

Por su parte, China lleva impulsando desde hace años una estrategia de autosuficiencia tecnológica. A través de planes industriales y fondos estatales, Pekín ha tratado de reducir su dependencia de proveedores extranjeros, especialmente en el contexto de las restricciones comerciales impuestas por Estados Unidos sobre la exportación de tecnología avanzada. Japón y Corea del Sur también han entrado en esta dinámica, apoyando a sus grandes conglomerados tecnológicos para mantener posiciones estratégicas en la cadena de valor global de los semiconductores, especialmente en materiales, equipos de fabricación y dispositivos d ememoria.

Un activo crítico para la seguridad nacional

El motivo de esta competencia no es únicamente económico. Los semiconductores se consideran un activo crítico para la seguridad nacional. Los sistemas de defensa modernos dependen de chips avanzados para radares, satélites, comunicaciones seguras y armamento de precisión. Una interrupción en el suministro puede afectar directamente a la capacidad militar de todo un país. Además, la inteligencia artificial ha incrementado aún más la importancia estratégica de estos componentes. Los chips especializados en procesamiento de datos de alto rendimiento son cruciales para entrenar modelos de IA, lo que convierte su producción en un factor determinante de la competitividad tecnológica presente y futura.

Sin embargo, esta carrera por atraer fábricas de chips implica que los costes también se disparen. Las plantas de fabricación requieren inversiones que pueden superar fácilmente los 10.000 o 20.000 millones de euros por instalación, además de un elevado consumo de energía y una compleja cadena de suministro global de materiales y maquinaria. A pesar de ello, hay gobiernos que están dispuestos a asumir ese esfuerzo financiero. La lógica subyacente es que el control parcial o total de la producción de semiconductores no solo tiene impacto económico, sino que reduce vulnerabilidades estratégicas en un contexto donde la tensión geopolítica se ha incrementado.

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