Economía

Tierras raras: por qué China controla el mineral que necesita la economía del futuro

El gigante asiático concentra alrededor del 60% de la producción mundial de tierras raras y cerca del 90% de la capacidad global de procesamiento y refinado.

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Por Alberto Mesas

Pocas materias primas han pasado tan rápidamente de ser un asunto técnico a convertirse en una cuestión geopolítica de primer nivel. Las tierras raras, un grupo de 17 elementos químicos esenciales para la industria moderna, se han convertido en uno de los recursos estratégicos más disputados del mundo. Y en el centro de esa disputa se encuentra China.

Aunque su nombre puede llevar a engaño, las tierras raras no son especialmente escasas. Elementos como el neodimio, el disprosio o el lantano pueden encontrarse en numerosos países. El problema no está tanto en su existencia como en la dificultad y el coste de extraerlos, separarlos y refinarlos. Es precisamente en estas etapas donde China ha construido una posición de dominio difícil de igualar.

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), China concentra alrededor del 60% de la producción mundial de tierras raras y cerca del 90% de la capacidad global de procesamiento y refinado. Esto significa que incluso cuando los minerales se extraen en otros países, con frecuencia terminan siendo enviados a China para su transformación industrial.

La importancia de estos materiales es enorme. Los imanes permanentes fabricados con tierras raras son componentes esenciales de los motores de los vehículos eléctricos, los aerogeneradores, los discos duros, los teléfonos móviles y numerosos sistemas industriales avanzados. También tienen aplicaciones militares críticas, desde radares y sistemas de guiado hasta submarinos y aviones de combate. El Departamento de Defensa de Estados Unidos considera varios de estos elementos fundamentales para su seguridad nacional.

El campo de batalla económico del siglo XXI

La posición dominante de China no surgió de la noche a la mañana. Durante décadas, Pekín impulsó una estrategia industrial basada en costes de producción reducidos, apoyo estatal y una regulación medioambiental menos estricta que la existente en muchos países occidentales. Mientras otras economías abandonaban parte de estas actividades por su impacto ambiental y su limitada rentabilidad inmediata, China fue construyendo una cadena de suministro integrada que hoy resulta extremadamente difícil de replicar.

Las consecuencias económicas de este liderazgo son cada vez más visibles. A medida que crece la demanda de vehículos eléctricos, energías renovables e infraestructuras digitales, también aumenta la dependencia de los minerales críticos. La transición energética global requiere cantidades crecientes de materiales estratégicos, y las tierras raras ocupan un lugar central en esa transformación. La propia Agencia Internacional de la Energía ha advertido de los riesgos derivados de la elevada concentración geográfica de determinadas cadenas de suministro minerales.

Esta situación preocupa especialmente a Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. En los últimos años, estas economías han puesto en marcha programas para diversificar proveedores y desarrollar capacidades propias de extracción y procesamiento. La Unión Europea incluyó las tierras raras entre los materiales estratégicos contemplados en la reciente legislación sobre materias primas críticas, diseñada para reducir dependencias externas en sectores considerados esenciales.

Sin embargo, reconstruir una cadena de suministro completa no es una tarea sencilla. Abrir nuevas minas puede requerir más de una década entre permisos, inversión y desarrollo industrial. Además, el refinado exige conocimientos técnicos, infraestructuras especializadas y una importante inversión de capital.

Por eso, más allá de los conflictos comerciales o las tensiones diplomáticas, las tierras raras se han convertido en uno de los grandes campos de batalla económicos del siglo XXI. En un mundo cada vez más electrificado, digitalizado y dependiente de tecnologías avanzadas, controlar estos minerales significa disponer de una herramienta de influencia económica y geopolítica de enorme valor. Y, por el momento, ningún país ejerce ese control con tanta fuerza como China.

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