Sam Neill, el actor neozelandés que alcanzó fama mundial interpretando al paleontólogo Alan Grant en Parque Jurásico y que construyó una de las carreras más variadas del cine, ha fallecido este lunes en Sídney a los 78 años. Según ha informado su familia a través de un comunicado, murió acompañado por sus seres queridos, que describen su muerte como "repentina e inesperada". No se ha dado a conocer una causa médica concreta, a pesar de que la familia ha precisado que el actor continuaba libre de cáncer.
Para millones de espectadores, Neill será recordado como el doctor Alan Grant, el científico de sombrero desgastado que contemplaba con una mezcla de fascinación y desconfianza los dinosaurios reconstruidos mediante ingeniería genética en Parque Jurásico, la película dirigida por Steven Spielberg en 1993. El actor regresó al personaje en Parque Jurásico III, estrenada en 2001, y nuevamente en Jurassic World: Dominion, de 2022. En esta última volvió a compartir pantalla con Laura Dern y Jeff Goldblum. Sin embargo, reducir su carrera a la saga jurásica sería ignorar una filmografía que abarcó más de medio siglo y alrededor de 150 trabajos en cine y televisión.
Nacido como Nigel John Dermot Neill en 1947, en Omagh, Irlanda del Norte, era hijo de un militar neozelandés destinado en el Reino Unido. Su familia se trasladó a Nueva Zelanda cuando él tenía siete años. Durante su etapa escolar comenzó a utilizar el nombre Sam, que posteriormente adoptaría como nombre artístico. Después de estudiar Literatura Inglesa en la Universidad de Canterbury y de participar en producciones teatrales, comenzó su carrera profesional en Nueva Zelanda. Uno de sus primeros papeles importantes llegó con Perros de presa, dirigida por Roger Donaldson en 1977, una película considerada fundamental en el resurgimiento de la industria cinematográfica neozelandesa.
Dos años después protagonizó, junto a Judy Davis, Mi brillante carrera, de Gillian Armstrong. La película le proporcionó reconocimiento internacional y lo vinculó a una nueva generación de cineastas e intérpretes procedentes de Australia y Nueva Zelanda.
A partir de entonces, Neill desarrolló una carrera difícil de clasificar. Podía interpretar a un hombre elegante y amenazador, a un intelectual atormentado, a un científico, a un oficial militar o a una figura de autoridad aparentemente tranquila.
En Un grito en la oscuridad, dirigida por Fred Schepisi, trabajó junto a Meryl Streep en la dramatización del caso real de Lindy Chamberlain, una madre australiana acusada injustamente de asesinar a su hija. En Calma total, el thriller marítimo de Phillip Noyce, compartió protagonismo con Nicole Kidman y Billy Zane.
También intervino en La caza del octubre rojo, dirigida por John McTiernan, donde interpretó a uno de los oficiales del submarino soviético comandado por Sean Connery.
En 1993, el mismo año del estreno de Parque Jurásico, Neill apareció en El piano, el drama de Jane Campion protagonizado por Holly Hunter y Harvey Keitel. Allí interpretó a Alisdair Stewart, un propietario de tierras rígido e inseguro cuyo matrimonio se deteriora en el aislamiento de la Nueva Zelanda colonial.
Su rostro sereno y su capacidad para sugerir emociones ocultas lo convirtieron también en una presencia especialmente eficaz en el cine fantástico y de terror. En La posesión, de Andrzej Żuławski, participó en una historia extrema sobre la desintegración de un matrimonio. Más adelante protagonizó En la boca del miedo, de John Carpenter, y Horizonte final, de Paul W. S. Anderson, dos películas que con los años adquirieron la condición de obras de culto.
Su filmografía incluyó asimismo títulos populares como El hombre bicentenario, junto a Robin Williams, y El hombre que susurraba a los caballos, dirigida por Robert Redford.
Neill mantuvo una presencia constante en televisión. Interpretó al cardenal Thomas Wolsey en Los Tudor y al inspector Chester Campbell en Peaky Blinders. También protagonizó la miniserie Merlín y participó en producciones más recientes como Invasión, The Twelve y Un revés inesperado, junto a Annette Bening.
En 2023 confesó públicamente que había sido diagnosticado el año anterior con un linfoma angioinmunoblástico de células T en fase tres, una forma poco frecuente de cáncer de la sangre. El diagnóstico se produjo después de que detectara una inflamación en los ganglios durante la promoción de Jurassic World: Dominion. Tras someterse a varios tratamientos, anunció en abril de 2026 que las pruebas ya no mostraban señales de la enfermedad. Su familia ha insistido en que se encontraba libre de cáncer cuando murió, por lo que no existe información confirmada que permita atribuir el fallecimiento al linfoma.
Fuera de los estudios de cine, mantuvo una estrecha relación con Nueva Zelanda. Era propietario de la bodega Two Paddocks, situada en la región de Central Otago, y compartía con frecuencia imágenes de los animales de su granja, muchos de ellos bautizados con nombres de actores, directores y amigos. A lo largo de su vida fue reconocido no solo por su trabajo interpretativo, sino también por su humor seco, su discreción y su compromiso con la cultura neozelandesa. Tras conocerse su muerte, representantes políticos y figuras del cine de Australia y Nueva Zelanda destacaron su contribución decisiva a la proyección internacional de la industria audiovisual de ambos países.
Sam Neill deja cuatro hijos y ocho nietos. Deja también una colección de personajes que rara vez necesitaban levantar la voz para imponer su presencia.
Incluso rodeado de dinosaurios, submarinos, tormentas marítimas o fuerzas sobrenaturales, parecía confiar en algo más sencillo y duradero: la capacidad de un rostro sereno para transmitir asombro, miedo, inteligencia y dignidad.
