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La cantera invisible del talento

La formación tiene más impacto cuando no se queda en una acción aislada. Elegir un itinerario, entender qué competencias demanda un sector, identificar salidas profesionales o saber cómo poner en valor la experiencia previa son pasos que pueden marcar la diferencia en una trayectoria laboral.

La cantera invisible del talento
Por Redacción Capital

Una empresa empieza a buscar talento mucho antes de publicar una oferta. Lo hace cuando detecta que necesita nuevos perfiles, cuando una tecnología cambia la forma de trabajar, cuando una actividad requiere competencias más técnicas o cuando una persona con experiencia se acerca a la jubilación y deja tras de sí un conocimiento difícil de sustituir.

Ese talento rara vez aparece de forma espontánea. Se construye a través de una primera cualificación, de una actualización profesional, de una reorientación laboral o del reconocimiento de una experiencia adquirida durante años. No todas las personas parten del mismo punto ni necesitan el mismo recorrido, pero todas necesitan una vía posible para seguir avanzando.

Esa es la cantera invisible del talento: una red de aprendizajes, decisiones y oportunidades que muchas veces no ocupa titulares, pero que sostiene la conexión entre las necesidades del mercado laboral y el desarrollo de las personas.

Desde esa mirada trabaja Femxa, entidad especializada en formación profesional para el empleo, que entiende la formación como una respuesta a momentos distintos de la vida profesional: empezar, actualizarse, cambiar de rumbo o poner en valor lo aprendido a través de la experiencia.

“Cuando hablamos de formación, hablamos de personas. De alguien que decide volver a intentarlo, que descubre una competencia que no sabía que tenía o que consigue abrir una puerta laboral gracias a lo aprendido. Ese impacto es el que da sentido a nuestro trabajo”, señala Patricia García, presidenta de Femxa.

Formación conectada con el futuro del trabajo

El debate sobre talento suele aparecer cuando faltan perfiles, cuando cuesta cubrir vacantes o cuando determinados sectores necesitan nuevas competencias. Sin embargo, la respuesta empieza antes de ese momento: en la capacidad de ofrecer recorridos formativos conectados con la realidad del trabajo.

La formación profesional de Femxa ocupa un lugar relevante en ese proceso porque permite preparar perfiles desde una base oficial, técnica y orientada a familias profesionales concretas. En sus ciclos de FP, Femxa incorpora competencias transversales vinculadas a la evolución del entorno productivo, incluida la inteligencia artificial, de forma que el aprendizaje dialogue con herramientas y formas de trabajo ya presentes en muchas empresas.

La formación para el empleo responde a una necesidad complementaria: ayudar a personas trabajadoras y desempleadas a mejorar su empleabilidad, actualizar competencias y adaptarse a nuevas exigencias profesionales. A través de Cursos Femxa, la entidad acerca la formación a perfiles diversos, con itinerarios orientados a la mejora profesional y al acceso a nuevas oportunidades.

Para muchas personas, formarse puede suponer un punto de inflexión: ganar confianza, recuperar la sensación de avance o abrir una puerta profesional que parecía lejana. Para las empresas, estos recorridos amplían la forma de mirar el talento, más allá de trayectorias lineales o perfiles que encajan de manera exacta con una oferta.

“La formación profesional y la formación para el empleo cumplen funciones diferentes, pero se encuentran en un punto común: ambas pueden mejorar la vida de las personas y acercar talento preparado a las empresas”, explica Patricia García.

Acompañar para convertir la formación en oportunidad

La formación tiene más impacto cuando no se queda en una acción aislada. Elegir un itinerario, entender qué competencias demanda un sector, identificar salidas profesionales o saber cómo poner en valor la experiencia previa son pasos que pueden marcar la diferencia en una trayectoria laboral.

En ese proceso, la orientación ayuda a ordenar objetivos y tomar decisiones más realistas sobre el futuro profesional. También permite detectar barreras que no siempre son visibles al inicio: falta de información, inseguridad ante un cambio, dificultad para acreditar experiencia o necesidad de actualizar competencias antes de acceder a un puesto.

La acreditación de competencias forma parte de esa mirada más amplia. Para profesionales con experiencia, puede ser una vía para dar valor formal a aprendizajes adquiridos durante años de trabajo o a través de formación no formal. Ese reconocimiento puede facilitar nuevos pasos: completar una cualificación, mejorar la empleabilidad o reforzar la posición de una persona dentro de su sector.

Para las empresas, estos procesos también aportan valor. Permiten identificar habilidades que ya existen, reconocer perfiles con experiencia práctica y entender qué talento puede desarrollarse con formación, orientación o actualización de competencias. También ayudan a aprovechar mejor el conocimiento de personas que ya tienen recorrido, oficio y disposición para seguir aprendiendo.

Una red que sostiene oportunidades

La construcción del talento requiere colaboración entre administraciones, empresas, entidades educativas y personas que deciden iniciar o retomar un proceso de aprendizaje. Cada parte aporta una pieza distinta: detección de necesidades, diseño de itinerarios, formación, orientación, evaluación, reconocimiento y conexión con el empleo.

Femxa forma parte de esa red de entidades que trabajan para acercar la formación a la realidad del mercado laboral. Su actividad se sitúa en ese punto de encuentro entre aprendizaje, empleabilidad y necesidades del entorno productivo, acompañando a personas que buscan mejorar su futuro y a empresas que necesitan talento preparado.

“La empresa necesita talento, pero el talento también necesita caminos. Nuestro papel consiste en ayudar a construir esos caminos desde la formación, la orientación y la conexión con las necesidades reales del entorno productivo”, señala Patricia García.

Esa forma de entender la formación se refleja en las historias reales de su alumnado: personas que han vivido el aprendizaje como una oportunidad de cambio y que muestran, en primera persona, cómo formarse puede transformar la manera de verse, de trabajar y de proyectarse hacia el futuro.

En esas historias se entiende mejor el alcance de la formación: alguien que gana seguridad para presentarse a una oferta, una persona que descubre una salida profesional que no había contemplado, un aprendizaje que ayuda a mejorar en el trabajo o una oportunidad laboral que empieza a tomar forma.

Mirarla de cerca ayuda a entender que el talento no aparece de repente. Se acompaña, se entrena, se reconoce y se construye.

 

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