Por lo general, las grandes sedes corporativas eran uno de los principales símbolos del éxito empresarial. Rascacielos en los distritos financieros, edificios emblemáticos y miles de empleados concentrados en un mismo lugar proyectaban la imagen de empresas sólidas y en expansión. Hoy esa lógica está cambiando. Sin abandonar por completo las oficinas, muchas empresas están replanteando cuánto espacio necesitan y hacia dónde dirigir sus inversiones.
La pandemia aceleró una transformación que ya había comenzado con la digitalización. El teletrabajo, los modelos híbridos y el uso de herramientas colaborativas demostraron que buena parte de las tareas podían realizarse sin necesidad de acudir diariamente a la oficina. Como consecuencia, muchas empresas empezaron a revisar sus necesidades inmobiliarias.
Los datos respaldan esta tendencia. La consultora inmobiliaria CBRE señala en sus informes sobre el mercado europeo de oficinas que la demanda se está desplazando desde grandes superficies tradicionales hacia espacios de mayor calidad, mejor ubicados y adaptados al trabajo flexible. JLL y Savills describen una evolución similar: las empresas no están abandonando las oficinas, sino utilizándolas de una forma diferente.
Esto ha dado lugar al concepto de flight to quality. En lugar de mantener edificios muy grandes y poco eficientes, muchas empresas optan por concentrar a sus equipos en sedes más modernas, sostenibles y tecnológicamente equipadas. La oficina deja de ser un lugar pensado únicamente para trabajar y pasa a convertirse en un espacio destinado a la colaboración, la innovación y las reuniones presenciales.
Paralelamente, aumenta la inversión en tecnología. Según el informe Worldwide IT Spending Guide de International Data Corporation (IDC), el gasto mundial en tecnologías de la información continúa creciendo impulsado por la inteligencia artificial, la computación en la nube, la automatización y la ciberseguridad. Para muchas organizaciones, estas partidas tienen hoy un impacto estratégico comparable o superior al de ampliar sus instalaciones físicas.
España no permanece al margen de esta evolución. El Instituto Nacional de Estadística (INE) muestra que el porcentaje de empresas que utiliza servicios de computación en la nube continúa aumentando, especialmente entre las grandes empresas. Asimismo, el uso de herramientas digitales para la gestión documental, las comunicaciones o el trabajo colaborativo se ha consolidado tras la pandemia.
Edificios más eficientes
Este cambio también afecta al diseño de los edificios. Las nuevas sedes incorporan sistemas de gestión energética, sensores de ocupación, salas híbridas para videoconferencias, espacios abiertos y zonas de trabajo compartido. El objetivo es aprovechar mejor cada metro cuadrado y adaptar las oficinas a una asistencia presencial que suele ser inferior a la de hace cinco años.
No obstante, los expertos advierten de que el regreso parcial a la oficina está siendo desigual. Algunos sectores, como la banca, la consultoría o las empresas tecnológicas, han consolidado modelos híbridos, mientras que otros mantienen una mayor presencialidad por las características de su actividad. Por ello, no puede hablarse de un modelo único para todas las empresas.
La transformación también tiene consecuencias para el mercado inmobiliario. Según CBRE y Savills, mientras disminuye el interés por oficinas antiguas y poco eficientes, aumenta la demanda de edificios con certificaciones ambientales, buena conectividad y servicios adaptados a las nuevas formas de trabajo. En otras palabras, el mercado no necesita necesariamente menos oficinas, sino oficinas diferentes.
