Un análisis realizado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) destaca que solo cuatro sectores de la industria manufacturera española han logrado verdaderas mejoras en eficiencia energética. Estos sectores son el químico y petroquímico, productos textiles y cuero, equipos de transporte y maquinaria. Gracias a estas mejoras, se ha logrado reducir el consumo de energía por unidad de valor añadido hasta un 9,7%, lo que impulsa su competitividad.
Aunque España ha visto una caída del 9,7% en su coste energético por unidad de valor añadido entre 2008 y 2020, esta reducción no se debe a un avance general en eficiencia, sino a un cambio hacia actividades menos intensivas en energía. De hecho, en 2020, la industria manufacturera española necesitó un 9,7% menos de energía por unidad de valor añadido en comparación con 2008. Sin embargo, esta mejora es inferior a la de otros países como Alemania, que logró reducir este indicador en un 32,2%, o Portugal, en un 42,4%.
El estudio revela que la mejora en competitividad no ha sido uniforme entre los sectores y responde a factores diferentes a la eficiencia energética directa, tales como la evolución de los precios de producto frente a los costos energéticos o cambios estructurales en la industria.
Los sectores con mayor consumo energético, como la metalurgia, la industria química y petroquímica, productos minerales no metálicos y papel, representaron el 66,3% del consumo energético de la industria manufacturera española en 2024. El informe destaca que el peso de la factura energética en costas de explotación es considerable, llegando hasta el 12,5% en productos minerales no metálicos y aproximadamente el 7% en metalurgia y papel.
La volatilidad de los precios de la energía, exacerbada por conflictos geopolíticos globales, representa una vulnerabilidad significativa para la competitividad industrial española.
El informe hace énfasis en la necesidad de implementar mejoras tecnológicas para fomentar la eficiencia energética, como la electrificación de hornos, recuperación de calor residual y la cogeneración. Además, subraya el creciente papel del autoconsumo industrial, que en 2025 alcanzó 1.975 MW de potencia instalada y 3.533 GWh de energía autoconsumida, según datos de Red Eléctrica de España.
Asimismo, se destaca el impacto de los Certificados de Ahorro Energético (CAE) como una herramienta crucial para financiar inversiones en eficiencia. A principios de 2026, se solicitaron ahorros por 8.420 GWh, de los cuales casi el 60% corresponde a la industria.
Finalmente, el análisis concluye que la resiliencia de la industria española ante futuros "shocks" energéticos dependerá de una estrategia que integre electrificación, eficiencia e incentivos. Mª Dolores Furió, catedrática de Economía Financiera y Contabilidad en la Universitat de València, ha subrayado que los sectores mejor preparados serán aquellos que logren reducir su dependencia de los combustibles fósiles, señalando el importante papel de las energías renovables, especialmente la biomasa, en este proceso.
