El Banco de Inglaterra ha decidido mantener los tipos de interés en el 3,75%, justificando su decisión ante la escasa evidencia de efectos de segunda ronda sobre la economía y pese a los crecientes costos energéticos. Esta medida contrasta con las recientes alzas implementadas por el Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal (Fed).
En un comunicado, la institución subrayó que "hasta el momento, hay poca evidencia de efectos indirectos significativos sobre los precios y los salarios; pero el riesgo de que ocurran y tengan un impacto a largo plazo en la economía aumenta cuanto más tiempo se mantengan altos los costos de la energía". Esta advertencia refleja las preocupaciones del Comité de Política Monetaria sobre cómo las disrupciones en el mercado energético, exacerbadas por el conflicto en Oriente Próximo, han incrementado los costos del combustible y las facturas en los hogares.
El riesgo de que los costos energéticos altos impacten a largo plazo en la economía crece con su prolongación
El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, reiteró la postura del banco afirmando que "hasta ahora, el aumento de los costes energéticos a nivel mundial ha tenido un efecto limitado en la fijación de precios y salarios en el Reino Unido. Sin embargo, cuanto más se prolongue esta volatilidad, mayor será su impacto en la inflación y más probable será que tengamos que subir el tipo de interés oficial para garantizar que la inflación vuelva a nuestro objetivo del 2%".
Desde diciembre de 2025, cuando se optó por reducir la tasa de referencia, no se ha modificado el nivel de los tipos de interés, lo que señala una posición consistente del banco en contraste con las acciones de sus homólogos internacionales. Recientemente, el BCE ha incrementado los tipos de interés por segunda vez desde el comienzo del conflicto; en un movimiento similar, la Fed implementó este miércoles su primera subida en más de tres años.
