Mercados e inversión

El gran rearme europeo

El aumento del gasto militar ha dejado de ser solo una respuesta a la guerra en Ucrania para convertirse en una nueva palanca económica e industrial. Defensa, tecnología, energía, infraestructuras, inteligencia artificial, drones y ciberseguridad compiten ya por una parte creciente del presupuesto público europeo. Charlamos con un experto en la materia

Por Marta Díaz de Santos

Europa ha entrado en una nueva fase económica, la del rearme. La guerra en Ucrania, la presión de la OTAN y la pérdida de confianza en el paraguas estadounidense han convertido el gasto militar en uno de los grandes vectores de inversión pública de la década. Según el Consejo de la Unión Europea, el gasto en defensa de los Estados miembros alcanzó los 343.000 millones de euros en 2024 y se estima que subió a 381.000 millones en 2025, un 62,8% más que en 2020. Además, la inversión en defensa podría rozar los 130.000 millones en 2025.

El rearme europeo no se mide únicamente en presupuestos nacionales, sino en capacidad industrial. Bruselas quiere que el aumento del gasto sirva para reforzar la base productiva del continente y reducir dependencias externas en tecnologías críticas. Para ello, la Comisión Europea ha puesto en marcha ReArm Europe / Readiness 2030, una hoja de ruta con la que aspira a movilizar hasta 800.000 millones de euros, incluidos 150.000 millones en préstamos SAFE para compras conjuntas en áreas como defensa aérea, drones, ciberseguridad, movilidad militar, espacio, inteligencia artificial y guerra electrónica.

La OTAN ha elevado aún más el listón. En la cumbre de La Haya de 2025, los aliados se comprometieron a invertir el 5% del PIB anual en defensa y seguridad antes de 2035: un 3,5% para defensa estricta y hasta un 1,5% para infraestructuras críticas, resiliencia, innovación y base industrial.

Para Diego Mazón, director general de The Grey, consultoría experta en seguridad y defensa, este movimiento puede convertirse en un verdadero motor económico para Europa. Para entenderlo, menciona la línea marcada por Mario Draghi en su informe El futuro de la competitividad europea y por el ex primer ministro finlandés Sauli Niinistö en Safer Together: Strengthening Europe’s Civilian and Military Preparedness and Readiness. "Estos dos documentos son fundamentales para entender el momento en el que estamos y el camino que debemos seguir", asegura el experto. En concreto, el informe Draghi situó la defensa dentro de una agenda más amplia de competitividad, inversión y autonomía estratégica europea, mientras que el informe Niinistö defendió una preparación civil y militar mucho más ambiciosa para la UE. En ese marco, el gasto militar deja de verse solo como coste y empieza a presentarse como política industrial.

Mazón lo formula así: "La industria de Defensa es un motor en si mismo, de innovación, de tecnología, de industria pura y dura, pero en estas circunstancias es además el vehículo por el que Europa apuesta para reindustrializarse. Cada euro invertido en Defensa aporta un retorno de entre 2, 3 y 3 euros, y genera un empleo cualificado con mucha incidencia en el tejido industrial, puesto que el producto final son programas muy complejos".

El nuevo ciclo tiene ganadores evidentes. En Europa, el núcleo duro lo forman grandes grupos como Rheinmetall, Leonardo, Thales, Airbus, BAE, Saab o Indra. Pero el negocio no acaba ahí. La fabricación de un avión, un sistema de defensa aérea, un satélite o un dron exige una cadena de suministro muy amplia: ingeniería, electrónica, sensores, software, materiales, comunicaciones seguras, mantenimiento, logística y servicios tecnológicos. "En Europa hay un número reducido de grandes empresas (Rheinmetall, Leonardo, Thales, Airbus, BAE, SAAB, Indra), que son el motor sobre el que se asientan los grandes programas. A partir de ahí, eso debe generar una cascada hacia las medianas y pequeñas empresas, que en el caso de España es el tejido principal del sector. Esas grandes empresas son los ganadores de este rearme, pero si los procesos son adecuados, las empresas que están por debajo pueden verse muy beneficiadas", asegura Mazón.

La oportunidad se extiende a sectores que hasta hace poco se veían lejos de la defensa. El director destaca sobre todo el aeronáutico, el desarrollo de IA y Quantum, robótica, misiles y vehículos no tripulados (drones aéreos, marítimos y terrestres).

La gran duda es cuánto de ese dinero se quedará en Europa. Bruselas quiere reforzar la industria comunitaria, pero la urgencia operativa obliga a comprar fuera cuando no existen capacidades disponibles. Y ahí Estados Unidos sigue siendo el proveedor dominante. Mazón advierte: "El enfoque europeo es beneficiar a la industria europea, pero es evidente que hay capacidades que tenemos que tener de manera perentoria que hay que comprar fuera, y fuera suele ser EEUU. Insisto en que el foco es nuestra defensa, la de nuestras vidas, y no el desarrollo industrial, que es la consecuencia de unas necesidades operativas para dar respuesta a unas amenazas".

También está abierta la cuestión de la factura. Más defensa significa más gasto público, y los gobiernos tendrán que decidir si lo financian con deuda, con reasignaciones presupuestarias, con fondos europeos o, más adelante, con subidas de impuestos. La Comisión Europea calcula que un aumento gradual del gasto en defensa de hasta 1,5 puntos de PIB entre 2025 y 2028 podría elevar el PIB real de la UE un 0,5% por encima del escenario base en 2028, pero también aumentaría la deuda pública en dos puntos de PIB.

Diego Mazón evita entrar en una receta única: "El incremento de un presupuesto se puede financiar de muchas maneras, pero el análisis corresponde más a un economista. Supongo que los países que tienen presupuestos generales del estado aprobados lo tienen algo más fácil que los que no, que trabajan en muchos casos sobre proyecciones a largo plazo y compromisos de gastos a repartir en años venideros. El Excel lo aguanta todo".

Una de las vías ya en marcha son los fondos europeos. "Algunos países han acudido a los fondos creados por la Comisión Europea, como los fondos SAFE, que te permiten financiar proyectos y que te lleva obligatoriamente a consorcios con otros países europeos, lo que ayuda a la búsqueda de capacidades conjuntas, que es un camino deseable", añade.

Ucrania ha acelerado el cambio, pero no lo ha creado desde cero. La exigencia de que los europeos gastaran más en defensa viene de lejos, al menos desde el compromiso del 2% del PIB impulsado en la OTAN tras la anexión rusa de Crimea en 2014. Mazón lo recuerda así: "Este empuje de Europa hacia una mayor soberanía, a una mayor inversión y a ocuparse de su propia Defensa viene de mucho más atrás que la guerra de Ucrania. Obama en 2014 ya exigió el 2% del PIB a los países europeos. La guerra de Ucrania ha acelerado un proceso en el que Europa llevaba arrastrando los pies desde entonces".

La autonomía estratégica, sin embargo, no llegará de inmediato. Europa quiere depender menos de Washington, pero todavía carece de escala tecnológica e industrial suficiente en ámbitos clave. El experto insiste en que nos queda mucho camino por recorrer para "independizarnos de EEUU, sobre todo en lo tecnológico, donde Europa está a años luz de americanos y chinos. El escenario actual nos lleva a un desarrollo de capacidades que nos irá haciendo menos dependientes de EEUU, pero eso es un proceso largo". "Pensar que de la noche a la mañana Europa puede sola no solo es absurdo sino que es contraproducente. Hay que seguir colaborando en la OTAN, que es el vehículo de Defensa más consistente a nivel global, desde el punto de vista operacional y doctrinal. Y la UE tiene que crecer para aportar en ese marco, con EEUU, no contra EEUU", matiza.

El rearme europeo será, sin duda, una prueba económica y política. Puede convertirse en una palanca de innovación, empleo cualificado y reindustrialización, o en una factura creciente que aumente deuda y dependencia exterior. La diferencia estará en cómo se gaste. Si Europa compra deprisa y fuera, perderá buena parte del retorno; si coordina compras, fortalece cadenas de suministro y convierte la defensa en tecnología propia, el nuevo ciclo militar puede transformarse en músculo económico. Como resume el experto, no conviene olvidar el objetivo final: "Lo que es clave no olvidar es que el usuario final de todo esto son los militares que tienen que defender nuestra libertad, nuestra seguridad y nuestro estado del bienestar, así que lo que tiene que ser ese gasto en Defensa es motor de libertad".

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