Economía

¿Quién controla los cables submarinos por los que pasa internet?

En torno al 95% del tráfico internacional de datos depende de esta infraestructura, lo que la convierte en uno de los activos estratégicos más importantes de la economía digital

Por Alberto Mesas

La mayor parte del tráfico de internet mundial no viaja por satélites ni por redes inalámbricas, sino por cables submarinos de fibra óptica tendidos en el fondo de los océanos. Se estima que alrededor del 95% del tráfico internacional de datos depende de esta infraestructura física, lo que convierte a estos cables en uno de los activos estratégicos más importantes —y menos visibles— de la economía digital.

Lejos de ser un sistema neutral, la red global de cables submarinos está concentrada en manos de un reducido grupo de actores. Grandes empresas tecnológicas como Google (Alphabet), Meta, Microsoft y Amazon han pasado en la última década de ser clientes de estas redes a convertirse en propietarios y financiadores directos de múltiples cables intercontinentales. Según datos de la organización TeleGeography, estas compañías han incrementado de forma significativa su participación en proyectos de cableado submarino desde mediados de la década de 2010, especialmente en rutas transatlánticas y transpacíficas.

La batalla por controlar la infraestructura

Este cambio ha modificado la estructura del poder en internet. Tradicionalmente, los cables eran desplegados y gestionados por consorcios de telecomunicaciones y operadores nacionales. Hoy, las grandes tecnológicas no solo alquilan capacidad, sino que diseñan, financian y operan parte de la infraestructura que sostiene sus propios servicios en la nube, el streaming y la inteligencia artificial.

El motivo es principalmente económico y de control operativo. Poseer cables submarinos permite reducir costes a largo plazo, garantizar mayor estabilidad en el tráfico de datos y optimizar el rendimiento de servicios críticos. En un contexto en el que el consumo de datos crece de forma exponencial, especialmente por el vídeo en alta definición y la inteligencia artificial generativa, el control de la infraestructura se ha convertido en una ventaja competitiva.

Sin embargo, los cables submarinos no son solo una cuestión de eficiencia económica. También tienen una dimensión geopolítica cada vez más relevante. Estados Unidos, China y la Unión Europea consideran estas infraestructuras como activos estratégicos vinculados a la seguridad nacional. El motivo es simple, quien controla los cables controla en gran medida las rutas por las que circula la información global.

Diversos informes de organismos internacionales y centros de análisis, como el Council on Foreign Relations, han advertido de la vulnerabilidad de estos sistemas ante posibles sabotajes, cortes accidentales o actividades de espionaje. Aunque los cables están protegidos por capas de seguridad física, su enorme extensión —más de un millón de kilómetros en todo el mundo— los hace difíciles de proteger completamente.

Además del riesgo físico, existe el debate sobre el acceso a los datos que circulan por estas infraestructuras. Aunque el contenido de internet viaja cifrado en la mayoría de los casos, el control de los puntos de aterrizaje de los cables (los llamados landing stations) y de la infraestructura de interconexión plantea interrogantes sobre la capacidad de contraol por parte de actores estatales.

China también ha entrado en esta competencia. Empresas como HMN Tech (anteriormente Huawei Marine Networks) han participado en el desarrollo de cables submarinos en distintas regiones del mundo, lo que ha generado tensiones diplomáticas con Estados Unidos y sus aliados en algunos proyectos internacionales, especialmente en el Indo-Pacífico. La tendencia actual apunta hacia una mayor fragmentación del sistema. En lugar de una red completamente globalizada y homogénea, el internet físico está evolucionando hacia un entramado de infraestructuras donde convergen intereses comerciales, tecnológicos y geopolíticos.

Al mismo tiempo, la demanda sigue creciendo. El despliegue de inteligencia artificial, servicios en la nube y plataformas de vídeo ha impulsado una nueva ola de inversión en cables submarinos de mayor capacidad y menor latencia. Según estimaciones recogidas por TeleGeography, el número de nuevos proyectos de cable ha aumentado de forma constante en la última década, con especial intensidad en rutas entre Estados Unidos, Europa y Asia-Pacífico.

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