Cuando el balón echó a rodar en Ciudad de México el pasado 11 de junio, comenzó también un experimento logístico y económico sin precedentes en la historia del deporte. El Mundial 2026, que acogen conjuntamente Estados Unidos, México y Canadá, es el macroevento deportivo más grande jamás organizado, tanto por número de participantes como por extensión geográfica y volumen de partidos.
Por primera vez en la historia, tres países comparten la condición de anfitriones. El calendario del torneo se extiende durante seis semanas y el número de partidos pasa de 64 a 104. Dieciséis ciudades sede distribuidas por todo el continente albergarán los encuentros, con una previsión de 6,5 millones de asistentes a los estadios. Las cifras son, sencillamente, abrumadoras.
Esta expansión responde a una estrategia impulsada desde hace años por la FIFA, que pretende aumentar el número de federaciones participantes y ampliar el alcance comercial del campeonato. Más selecciones significa más mercados nacionales involucrados, más aficionados potenciales siguiendo la competición y un mayor catálogo de partidos para vender a televisiones, plataformas digitales, patrocinadores y anunciantes.
Una maquinaria logística y de ingresos sin precedentes
Más allá de lo puramente deportivo, este Mundial se ha convertido en el escaparate comercial más ambicioso del planeta. Según los datos de la FIFA, los ingresos totales del ciclo económico 2023-2026 alcanzarán aproximadamente los 13.000 millones de euros, de los cuales, 8.900 millones corresponden únicamente al torneo de 2026. Esta última cifra representa un incremento del 56% respecto al Mundial de Qatar 2022 y duplica los ingresos generados en Brasil 2014.
La principal fuente de beneficios sigue siendo los derechos de televisión, que aportarán cerca de 4.000 millones de euros. A esto se suman unos 1.800 millones procedentes de patrocinios y más de 3.000 millones de la venta de entradas y servicios premium. Los ingresos combinados de ticketing y áreas VIP podrían incluso superar los 7.000 millones gracias al nuevo sistema de reventa oficial implementado por la FIFA.
En cuanto a las cifras de impacto agregado, un estudio conjunto entre la FIFA y la Organización Mundial del Comercio (OMC) -elaborado por la consultora independiente OpenEconomics- ha estimado que la producción económica bruta global del evento alcanzará los 80.000 millones de euros, con una contribución directa al PIB mundial de 40.000 millones. El mismo informe proyecta la creación de 824.000 puestos de trabajo a tiempo completo en todo el mundo.
Estados Unidos, que albergará 78 de los 104 partidos repartidos en 11 ciudades, concentrará la mayor parte de ese impacto. Según el estudio de FIFA y la OMC, el país norteamericano podría generar una producción bruta de 30.500 millones de euros y aportar 17.200 millones a su PIB, creando unos 185.000 empleos directos e indirectos. A nivel local, ciudades importantes donde se juegan encuentros como Dallas, Houston o Los Ángeles, prevén un impacto económico de entre 600 y 1.800 millones de euros.
La guerra de los patrocinios
La transformación del torneo en un producto de 48 selecciones y 104 partidos es el principal motor de este crecimiento, pero no el único. La organización conjunta entre Estados Unidos, Canadá y México ofrece una visibilidad muy importante a los patrocinadores.
Tres gigantes, Nike, Adidas y Puma, visten a 37 de las 48 selecciones participantes. Es la batalla comercial más reñida de la historia reciente del torneo. Adidas, el tradicional socio de la FIFA, lidera en número de equipos patrocinados con 14 selecciones. Nike le sigue de cerca con 12, y Puma cierra el podio con 11. Pero los analistas consideran que Nike tiene una ventaja estratégica, ya que viste a favoritos como Brasil o Francia y también a los equipos anfitriones de Estados Unidos y Canadá. La exposición mediática de estas selecciones, especialmente en el mercado norteamericano -el mayor mercado deportivo del mundo y una región en la que el fútbol está en pleno crecimiento- es un activo incalculable.
Este mundial también está suponiendo innovación en aspectos como la visibilidad de las marcas. Firmas como Michelob Ultra o Bank of America han integrado su patrocinio del Mundial 2026 en toda la estructura de la empresa más allá del simple logotipo. Sin embargo, “no estamos ante el fin del patrocinio tradicional, pero sí claramente ante el fin de su papel como eje principal”, asegura Félix Jordán De Urríes, director Comercial, Asuntos Públicos y Nuevo Negocio de la agencia RPM Sports (Grupo Experientia), dedicada al marketing y eventos deportivos. El experto comenta que este tipo de movimientos son la consolidación de un nuevo paradigma donde el patrocinio deja de ser una táctica publicitaria para convertirse en una plataforma estratégica de negocio.
“Durante décadas, el patrocinio se entendió como una herramienta de visibilidad con presencia de logotipo, asociación con valores deportivos y campañas vinculadas al evento. Su eficacia se medía fundamentalmente en términos de alcance y notoriedad. Ese modelo no ha desaparecido, pero ha quedado insuficiente, especialmente en grandes propiedades globales donde la saturación publicitaria diluye”, aclara Jordán De Urríes.

El Mundial 2026 se perfila como una oportunidad única para que marcas no americanas, como Lenovo o Aramco, se afiancen en el continente. No obstante, y como hemos visto, el ecosistema de patrocinios está cada vez más fragmentado. El experto de RPM destaca que “no se trata tanto de elegir entre ser patrocinador oficial de la FIFA o apostar por federaciones y jugadores como de entender que el patrocinio del Mundial 2026 exige una arquitectura que combine las dos apuestas”.
Para Jordán de Urríes, la condición de partner (socio) global aporta escala, legitimidad y visibilidad inmediata, algo clave para marcas internacionales que buscan consolidarse en nuevos mercados. Sin embargo, apunta, “por sí sola puede resultar insuficiente en un entorno saturado como es este, por eso las estrategias más efectivas complementan esa presencia con acuerdos locales que permiten conectar con el negocio real en cada mercado, y con embajadores o talentos que aportan relevancia cultural y amplificación digital”.
Alessie, de World Football Summit, subraya que esto es lo que hoy separa a los que aprovechan el fútbol de los que simplemente lo financian. “Las marcas buscan retorno demostrable: datos, interacción directa con el consumidor, asociación a valores que resuenen con su audiencia. El patrocinio ha dejado de ser una partida de marketing para convertirse en una herramienta de negocio.
El mundial de TikTok
Hasta ahora, el Mundial era sobre todo un evento pensado para la televisión, pero esta edición está confirmando la transformación del fútbol en un producto concebido para circular simultáneamente por múltiples plataformas digitales, sobre todo las redes sociales.

La importancia de estas plataformas radica en que han alterado la forma en que los aficionados siguen los grandes eventos deportivos. Para una parte creciente de la audiencia, especialmente entre los menores de 35 años, la experiencia del Mundial ya no consiste únicamente en ver partidos completos, sino en consumir resúmenes, reacciones, entrevistas y memes.
TikTok ocupa una posición especialmente relevante en este ecosistema. La plataforma ha consolidado su papel como uno de los principales canales de contenido deportivo entre los más jóvenes, obligando a federaciones, clubes, patrocinadores y medios de comunicación a adaptar sus estrategias. Ya no basta con aparecer en la retransmisión oficial, sino que las marcas buscan generar contenidos capaces de viralizarse y prolongar su impacto mucho más allá del estadio.
“Las redes sociales son lo que hace que, a día de hoy, todo lo que son eventos cobren muchísima más importancia”, insiste Bonal. “Antes no merecía la pena pagar por un evento así para luego únicamente contarlo. Ahora ya no solo ves el evento y lo cuentas, sino que, a través de las redes y el contenido que subes, puedes demostrar que estuviste allí”.
Esta evolución ha dado lugar a una nueva economía del fútbol basada en la atención digital. Influencers, creadores de contenido, exfutbolistas y periodistas especializados compiten por audiencias millonarias. Para los patrocinadores, estas cifras representan una oportunidad de oro, ya que les permiten segmentar mensajes, generar interacción y medir resultados con una precisión inimaginable en la publicidad tradicional.
“Vivimos en la era en que los atletas operan como empresas de medios propias”, aclara Jan Alessie. Los datos lo confirman, el engagement promedio de una publicación de un jugador de LaLiga supera las 60.000 interacciones, frente a las 10.000 de media de un equipo. Las nuevas generaciones siguen a personas, no a instituciones como FIFA. “Pero ese alcance institucional necesita complementarse con algo más cercano. Marcas que buscan afianzarse en el mercado americano necesitan también creadores de contenido regionales, estrellas individuales y mensajes adaptados a cada cultura”, añade el experto de World Football Summit.
El Mundial más caro de la historia
Si Catar 2022 destacó por la proximidad de sus estadios, Norteamérica representa el extremo opuesto. Las dieciséis ciudades anfitrionas se distribuyen a lo largo de miles de kilómetros y atraviesan múltiples husos horarios. Un aficionado que quiera ver a su selección durante todo el torneo podría verse obligado a realizar varios vuelos entre costas y cruzar fronteras internacionales en cuestión de pocos días.
Las ciudades sede compiten desde hace años por atraer grandes eventos deportivos debido a su capacidad para generar gasto por parte de los turistas. Hoteles, restaurantes, comercios, empresas de alquiler de coches y operadores turísticos son solo algunos de los principales beneficiarios de la llegada masiva de turistas.
El torneo ya es, según todas las comparativas, el más caro de la historia del fútbol, y el epicentro de esta inflación no está solo en las entradas, sino en todo lo que rodea al aficionado, que va desde los billetes de tren y avión hasta la habitación de hotel, pasando por las entradas para los partidos.
La reacción de los aficionados no se ha hecho esperar. A principios de junio, NJ Transit apenas había vendido el 5,5% de los 320.000 billetes disponibles para los ocho partidos del MetLife Stadium, y de los 40.000 viajeros diarios que se esperaban, solo 17.739 habían comprado su billete con antelación. Ante este desastre a nivel de imagen, los patrocinadores han intervenido para moderar parcialmente el precio, logrando rebajarlo a 90 euros. Aun así, el aumento sigue siendo del 660% con respecto al precio normal.
¿Cuánto cuesta seguir a una selección?
Si el transporte está siendo un quebradero de cabeza para la organización, el alojamiento no se queda atrás. Un estudio realizado por The Athletic analizó la subida de precios en las 16 ciudades sede comparando las tarifas de mayo de 2025 con las de junio de 2026, y la conclusión es demoledora. Ciudad de México ha registrado una subida de los precios de hotel del 961%, la más alta de todo el torneo. Le siguen Monterrey con un 466% y Guadalajara con un 405%. En el caso concreto de la capital azteca, el estudio tomó como ejemplo un hotel cuya noche pasó de costar 140 euros en mayo de 2025 a 3.400 euros en junio de este año.
Las estimaciones del sector apuntan a que el torneo generará unos 21,3 millones de pernoctaciones hoteleras en los tres países anfitriones (Canadá, México y Estados Unidos), con una afluencia total estimada de 13 millones de visitantes entre asistentes a los estadios y a las fan zones. Seguir, por ejemplo, a la selección de Argentina durante toda la fase de grupos (tres partidos en Kansas City y Dallas) le costará a un aficionado argentino aproximadamente 9.000 euros solo en transporte, hoteles y entradas.
Si ese aficionado quisiera acompañar a la albiceleste hasta una hipotética final en Nueva Jersey, el precio total ascendería a unos 27.000 euros. Un dato especialmente llamativo si se tiene en cuenta que el PIB per cápita de Argentina ronda los no llega a los 14.000 euros anuales. Es decir, asistir al Mundial costaría más del doble de lo que gana un argentino medio en todo un año. Para los aficionados estadounidenses, la factura tampoco es baja. Seguir a su selección solo durante la fase de grupos les cuesta una media de 3.000 euros por persona.


