viernes 23 • septiembre 2022

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José Manuel Bar: “En tiempos de crisis, hay que aumentar la inversión en Educación” 

“Este nuevo curso comenzará cambiando la forma de enseñar y de aprender”  

“Este curso contamos con un presupuesto histórico de más de 6.000 millones de euros” 

Afirma que ha llegado “la hora de la verdad” para las aulas: “Vamos a pasar a una manera de enseñar que se parece más a la vida”. Lo apunta, con la misma calma que entusiasmo, a Capital desde el Ministerio de Educación en el que ocupa la secretaría de Estado desde hace tres meses. Pero el socialista José Manuel Bar Cendón no es solo la persona de confianza de la ministra Pilar Alegría, con quien coincidió en la comisión de Educación del Congreso de los Diputados. Fue, y continúa sintiéndose, docente.  

Asegura que donde más ha disfrutado ha sido en las aulas. Y eso se nota: “Echo de menos el contacto directo con el alumnado y con mis colegas docentes. Echo de menos lo que me enseñaban cada día y los retos que se me planteaban a pie de aula, los personales y los colectivos. Pero, cuando la educación se convierte en pasión, siempre aparece la tentación de asumir nuevas responsabilidades”. 

Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Santiago de Compostela, ingresó en la docencia en 1980 y ha sido profesor, en la Enseñanza Secundaria, de Geografía e Historia y Orientación Educativa. Hoy atiende a Capital y comienza insistiendo en el compromiso continuo con su vocación: “Una de las cosas que más me atrajo de este nuevo cargo fue el gran esfuerzo que la ministra entiende que hay que hacer por bajar el ministerio a las aulas. Ese esfuerzo de cercanía a mí me parece apasionante”.  

No habla en vano. Sabe lo que son los desafíos y las oportunidades de crecer. Durante su etapa como docente tuvo destinos en su Galicia natal, en Asturias, en Madrid y en Islas Baleares, donde ejerció como director de dos Institutos de Formación Profesional y profesor asociado de la Universidad.

Antes de entrar en la política activa, también perteneció al cuerpo de inspectores educativos. Ahora, con 67 años y una dilatada carrera entre centros de estudio y de ámbito político, se enfrenta a una etapa de la educación española en la que, según nos adelanta, los cambios van a ser profundos. Comienza explicando a Capital cómo arranca el nuevo periodo académico en el que se pretende “una enseñanza mucho más competencial”. 

¿Qué novedades generales e inmediatas nos depara este nuevo curso? 

Este año entran en vigor los nuevos currículos en los cursos impares. El modelo que emana de la Ley de Educación está basado en competencias y eso implica un cambio en la forma de enseñar y de aprender, que tiene como objetivo formar a nuestros jóvenes para su futuro. En paralelo, avanzaremos en el desarrollo de la Ley de Formación Profesional, que va a transformar estas enseñanzas y que va a servir también para mejorar la formación y la cualificación de los trabajadores. Seguimos trabajando en la futura Ley de Enseñanzas Artísticas, en la mejora de la profesión docente… Tenemos una tarea apasionante por delante. 

Una de esas tareas es el desarrollo del nuevo plan para la EBAU, la prueba de acceso a la Universidad que su ministerio presentó a comienzos del verano. ¿Qué tipo de pruebas prevé esa nueva Selectividad?  

La propuesta de nueva prueba de acceso a la Universidad va cambiar la forma de aprender y de enseñar y, por lo tanto, debe cambiar también la forma de evaluar. La propuesta es un documento de trabajo que presentamos a las comunidades autónomas y a los rectores de las universidades para que la estudien y hagan sus aportaciones. Con esas aportaciones, crearemos grupos de trabajo para diseñar juntos esta nueva prueba.  

Somos conscientes de que los cambios en las aulas se introducirán de forma paulatina y, por eso, nuestra propuesta prevé un periodo transitorio de 3 años. Empezará en el curso 2023-24, porque es la fecha en la que se examinarán los alumnos y alumnas que empiezan en septiembre 1º de Bachillerato.

Durante esta fase transitoria, se efectuarán 4 ejercicios, como ahora, cada uno con el mismo peso: dos de ellos serán de las asignaturas comunes de Historia de la Filosofía e Historia de España, un ejercicio estará vinculado a la modalidad que haya cursado el estudiante, y, como principal novedad, habrá un ejercicio general de madurez académica. A partir del curso 2026-27, esa prueba de madurez supondrá el 75% de la nota. Habrá también un ejercicio sobre una asignatura que elegirán los estudiantes, que contará un 25%. 

¿En qué consiste exactamente eso a lo que denomina “prueba de madurez académica”? ¿Cómo se articulará y qué podrá aportar? 

Durante los tres años de fase de transición, la prueba de madurez académica se va a referir sobre todo al ámbito lingüístico y va a englobar el castellano, la lengua cooficial en las comunidades que la tengan y el idioma extranjero. De lo que se trata es de que, a través del análisis de una serie de textos, gráficos, tablas y otros materiales, el alumno o alumna pueda mostrar su competencia en una serie de áreas a través del dominio de las lenguas.  

En la fase final, a partir de 2026-27, la prueba será mucho más global y transversal, como lo serán también los aprendizajes. Es una prueba novedosa. Estamos trabajando en su diseño exacto y sus criterios de evaluación con las comunidades autónomas y con las universidades en los grupos de trabajo que le comentaba antes. 

¿Servirá la nueva EBAU para que los alumnos puedan demostrar si tienen competencias o no para afrontar la carrera que les gustaría estudiar?  

Ese es efectivamente el objetivo, diseñar una nueva prueba en la que medir las posibilidades que tiene un alumno o una alumna de proseguir con éxito en las carreras universitarias a partir de la demostración de su competencia en una serie de saberes. En este sentido, es importante recordar que, además de la fase de acceso a la Universidad, la nueva prueba mantiene la fase de admisión, que es la que más se centra en los estudios que quiere cursar cada joven. 

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José Manuel Bar, secretario de Estado de Educaión

Tenemos diecisiete sistemas educativos distintos. ¿Nos enriquece o, por el contrario, genera desigualdades entre los alumnos en función de la comunidad en la que estudie? ¿Continúa usted también apostando por esa descentralización?  

España en un Estado de autonomías y, entre las competencias de las comunidades autónomas, está la educación. Ese es nuestro modelo de país, el que fija la Constitución, y es sin duda una fuente de riqueza. Pero tenemos un marco legislativo común, con la Ley de Educación y la Ley de Formación Profesional, y unas enseñanzas mínimas comunes fijadas por el Ministerio (el 50% de los currículos en las comunidades autónomas con lengua cooficial y del 60% en las demás).  

¿Qué le falta a la Formación Profesional (FP) para dejar de estar devaluada y convertirse en una oportunidad eficiente para conectar con el mundo laboral? ¿Hasta qué punto es importante la colaboración e inversión empresarial para que la FP sea motor de empleo? 

La FP es ya una opción de primera, que cuenta con más de un millón de estudiantes. Estamos cambiando la imagen que la sociedad tenía hasta ahora de la Formación Profesional y estamos transformando estas enseñanzas en una puerta a empleos de calidad y bien remunerados para los jóvenes.  

Estamos rediseñando la oferta formativa, con titulaciones atractivas y con alta demanda en el mercado laboral; hemos financiado la creación más de 130.000 nuevas plazas; vamos a establecer el carácter dual de toda la FP, con periodos de formación en las empresas para todos los estudiantes. Y todo esto lo estamos haciendo desde la colaboración y el consenso con el sector empresarial, con los agentes sociales y también con las comunidades autónomas. 

La transformación de la Formación Profesional es un proyecto prioritario para el Gobierno y una herramienta imprescindible para impulsar el cambio económico y social del país. 

¿Cuáles son las mayores debilidades de nuestro sistema educativo? 

Tenemos un sistema educativo mucho mejor de lo que muchas veces pensamos, por eso no me gusta hablar de debilidades. Siempre hay margen de mejora, claro está. Por ejemplo, en el abandono educativo temprano, que ha caído del 23,6% en 2011 al 13,3% en 2021, y que queremos seguir reduciendo, motivando a los estudiantes, orientándolos, apoyándoles y ofreciéndoles refuerzo cuando lo necesiten. Lo mismo pasa con la repetición, que es excesiva en nuestro país y que desemboca muchas veces, precisamente, en el abandono temprano. 

La nueva Ley de Educación hace especial hincapié en la personalización de la educación, en el refuerzo escolar y la detección precoz de cualquier dificultad que pueda tener el estudiante para evitar el abandono. Además, establece que la repetición debe ser una medida excepcional. Para nosotros es una prioridad que nuestros jóvenes continúen estudiando y obtengan una formación que les permita desenvolverse con éxito en el futuro. 

¿Es partidario de que se llegara a alcanzar un gran pacto por la educación para que esta no se someta a los vaivenes de los cambios de gobierno?  

El diálogo es clave para mí. Si nos alejamos del ruido, que a veces tiene motivaciones que poco tienen que ver con la educación, hay más consenso de lo que se percibe. En educación hay acuerdo, también a nivel internacional, sobre la necesidad de avanzar hacia una enseñanza más competencial para preparar a los jóvenes para un futuro en constante cambio. Hay acuerdo sobre la necesidad de impulsar la Formación Profesional como puerta de acceso a un empleo de calidad y estable. 

De hecho, la Ley de FP, tanto en el Congreso como en el Senado, solo tuvo el voto en contra del Partido Popular. Hay acuerdo también sobre la universalización de la educación de 0 a 3 años como una medida de equidad y de mejora de la calidad del sistema educativo. De la misma forma, quiero recordar que, en lo más duro de la pandemia de la Covid-19, estuvimos todos de acuerdo, administraciones centrales y autonómicas, en la importancia de recuperar la presencialidad lo más rápidamente posible. Y así se hizo, España fue modelo en ese sentido. Por lo tanto, sí, se puede llegar a acuerdos y por ello nosotros trabajamos siempre apostando por el diálogo y el consenso. 

Usted ha llegado a pedir más inversión en educación ante la UNESCO. ¿Cuáles son las áreas educativas donde esa inversión es más urgente?  

Invertir en educación es invertir en futuro. Es importante que en tiempos de crisis y de incertidumbre se mantenga e incluso se aumente la inversión en Educación. Porque estamos hablando de la formación de nuestros niños y nuestros jóvenes y son ellos quienes tendrán que construir el futuro. En España, el Gobierno lo ha entendido muy bien y, gracias en parte a los fondos europeos, este año el Ministerio cuenta con un presupuesto histórico de más de 6.000 millones de euros.  

Como responsable del sistema nacional de becas, ¿cree que el importe de las mismas es suficiente? ¿Cuál es la cuantía media de una beca y cuántos alumnos se beneficiarán de ellas este curso? 

Como explicaba antes, estamos haciendo un esfuerzo muy importante sobre este tema. En los últimos cuatro años, el presupuesto para becas y ayudas al estudio del Ministerio ha aumentado más de un 45% y la convocatoria 2022-2023 cuenta con 2.134 millones de euros de presupuesto. A esto hay que sumar un esfuerzo adicional del Gobierno de 400 millones para dar una beca complementaria mensual de 100 euros a todos los beneficiarios de becas mayores de 16 años entre septiembre y diciembre de este año, para hacer frente a la incertidumbre provocada por la guerra en Ucrania. 

Además de esto, se han introducido cambios importantes en la convocatoria con el objetivo de devolverle a las becas su carácter de derecho subjetivo y para garantizar que estas ayudas llegan a quienes más las necesitan. Gracias a estos cambios, han aumentado las cuantías, especialmente las que perciben los estudiantes con menores niveles de renta, y ha aumentado también el número de alumnos y alumnas que reciben una beca. Este año hemos tenido un 11% más de solicitudes de becas y la previsión es que estemos a en torno a un millón de alumnos y alumnas con beca.  

Las aulas, las ratios, la escasez de medios y de formación tecnológica… ¿Por dónde pasa el futuro de la educación en nuestro país? 

El futuro pasa por la colaboración, por el trabajo conjunto de los docentes en las aulas y de las administraciones educativas fuera de ellas. Nuestra apuesta es firme y se refleja en las distintas iniciativas y programas puestos en marcha por el Ministerio. Como el Plan Código Escuela 4.0, recientemente anunciado por el presidente del Gobierno y que llevará la enseñanza de la programación informática a los alumnos de infantil, primaria y secundaria. 

Y otros Programas de Cooperación Territorial como el PROA+, para mejorar los resultados educativos y prevenir el abandono escolar, o las Unidades de acompañamiento y orientación personal y familiar. Debemos mejorar la equidad de nuestro sistema educativo y que todos los estudiantes tengan las mismas oportunidades.  

Dentro de ese nuevo marco educativo, ¿se plantea también un sistema que fomente la exigencia de formación continua y actualizada del profesorado? 

Si queremos impulsar una reforma educativa, quien la hace realidad son los docentes. Por eso, la reforma de la profesión docente es otra de nuestras prioridades y ya hemos empezado a trabajar en ella. Hemos presentado a sindicatos y comunidades autónomas un documento de trabajo con 24 medidas de mejora que inciden en la formación inicial, la formación permanente, el acceso a la profesión docente y su desarrollo profesional. Es una tarea compleja en la que queremos avanzar con el mayor consenso posible con todos los agentes implicados. 

¿Qué gran objetivo le gustaría ver cumplido antes de dejar el Ministerio de Educación? 

Mi deseo es coincidente con el de toda la sociedad y muy especialmente con el de los docentes: el que consigamos un sistema estable, pero también con la suficiente flexibilidad para ir evolucionando de cara al futuro. Un sistema adaptado a lo que necesita la sociedad en general, pero también cada alumno o alumna en particular. Mi deseo es el de que se instaure una verdadera cultura del bienestar en la educación: bienestar de las familias que confían en sus centros educativos, bienestar de los docentes con su enorme tarea y bienestar, sobre todo, del alumnado que está construyendo su futuro. 

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