Zara atraviesa una de las etapas más interesantes de su historia reciente. Bajo la presidencia de Marta Ortega, Inditex ha empezado a reforzar una dimensión que durante años quedó en segundo plano frente a su potencia comercial: la construcción de capital cultural. La alianza con John Galliano condensa ese movimiento mejor que ninguna otra decisión reciente. No es solo una cápsula con un diseñador de prestigio, sino una operación estratégica para situar a Zara en un territorio nuevo, el de una marca global capaz de trabajar con autoría y deseo sin dejar de ser masiva.
Anunciada como una colaboración creativa de dos años, la alianza prevé que el diseñador británico intervenga prendas de archivo de Zara, las desmonte, las reinterprete y las devuelva al mercado en nuevas colecciones estacionales, con una primera entrega prevista para septiembre de este año.
Galliano representa la moda como teatro, biografía, exceso, gesto de atelier, caída y resurrección; Zara representa la moda como sistema, escala, escucha de la calle, eficacia logística y deseo democrático. Pero esa oposición ya no sirve para explicar el presente. Hoy, las casas de moda buscan alcance y conversación, mientras las marcas globales de gran distribución aspiran a construir aura, autoría y densidad cultural.
En ese territorio ambiguo se está moviendo Marta Ortega, cuya presidencia en Inditex comenzó oficialmente el 1 de abril de 2022, tras una transición que situó también a Óscar García Maceiras como consejero delegado (CEO), en sustitución de Pablo Isla. Desde entonces, el grupo ha mantenido un crecimiento sólido, pero lo ha hecho impulsando una narrativa diferente: Zara ya no parece únicamente la marca que ofrece lo que la gente quiere ponerse, sino una marca capaz de convocar a referentes culturales y de inscribirse en el imaginario de la moda.
En 2025, Inditex cerró el ejercicio con ventas de 38.632 millones de euros, un incremento del 3,2%, y con Zara —incluyendo Zara Home y Lefties en la segmentación del grupo— como motor principal, con 28.051 millones, frente a los 27.778 millones del año anterior. Las ventas online alcanzaron los 10.700 millones y el grupo terminó el ejercicio con 5.460 tiendas.
Lo disruptivo de Marta Ortega está en haber entendido que el deseo ya no se fabrica solo con producto. Su apuesta consiste en añadir a la maquinaria más eficaz de la moda global una capa de capital cultural que amplifica su ADN. Esa capa se reconoce en los fichajes creativos, en las campañas, en el uso de fotógrafos de culto, en el peso creciente de Zara Studio, en la conversación con los archivos y en la construcción de A Coruña como un punto inesperado dentro del mapa internacional de la moda visual.
La Fundación Marta Ortega Pérez, constituida en 2022, expresa esa visión de manera casi programática: moda, fotografía y A Coruña como tres pilares de un proyecto cultural que organiza exposiciones de primer nivel, apoya a jóvenes creadores y sitúa la imagen de moda en el centro de una narrativa que va más allá de la tienda.
ILUSTRES PRECEDENTES
La colaboración con Galliano es el capítulo más audaz, pero no aparece de la nada. Antes estuvo Narciso Rodríguez, que en 2022 abrió su archivo para Zara con una colección basada en piezas clave de su trayectoria. Después llegó Steven Meisel, no solo como fotógrafo de campaña, sino como creador de una colección propia, ‘Steven Meisel New York’, lanzada en septiembre de 2023 y construida alrededor de su universo personal. A esto se sumó Harry Lambert, estilista de Harry Styles y Emma Corrin, con “Cutie Chaos”, una cápsula que trasladaba a Zara un imaginario vintage, lúdico y pop, más conectado con el estímulo como lenguaje generacional que con la moda entendida únicamente como prenda.
Luego llegó Stefano Pilati, otro nombre fundamental para entender la dirección de esta etapa. Su colección para Zara, presentada en 2024 con una campaña fotografiada por Steven Meisel y protagonizada por Gisele Bündchen, introdujo una idea de sofisticación más adulta. La colaboración con Kate Moss fue otro golpe de precisión. La cápsula de fiesta de otoño-invierno 2024/25, diseñada por Moss junto a su colaboradora de largo recorrido Katy England, vendía una biografía estética.
También hay que leer Zara Studio dentro de esta arquitectura. La línea ha funcionado como laboratorio de elevación con mejores campañas, estilismos más editoriales, proporciones más arriesgadas y una construcción visual más cercana a una revista que a un catálogo.
Para primavera-verano 2025, Zara presentó Studio como una propuesta trabajada con el estilista Karl Templer y dirección creativa de Baron & Baron y campañas desarrolladas junto a algunos de los grandes nombres de la imagen contemporánea, incluido Steven Meisel. En otoño-invierno 2025, la línea volvió a insistir en esa relación entre textura, proporción y memoria, con el equipo de diseño de Zara trabajando en colaboración con Templer.
50 AÑOS Y NUEVA ESCALA
La celebración de los 50 años de Zara terminó de confirmar el cambio de escala simbólica. La marca recurrió a Steven Meisel para una campaña con 50 modelos icónicas. “50 Years, 50 Icons” se lanzó el 9 de mayo de 2025, exactamente 50 años después de la apertura de la primera tienda de Zara en A Coruña, con retratos como los de Linda Evangelista, Christy Turlington y Naomi Campbell, y con Karl Templer, maquillaje de Pat McGrath y peluquería de Guido Palau. Después, el proyecto “50 Pieces, 50 Figures”, amplió esa lógica invitando a figuras de la moda, el diseño y la cultura —entre ellas Kate Moss, Steven Meisel, Nick Knight, Linda Evangelista y Anna Sui— a crear piezas especiales.
El riesgo, evidentemente, existe. Galliano es una figura brillante, pero también compleja; su nombre arrastra tanto genio creativo como controversia pública, y su regreso a una plataforma de la escala de Zara va a ser leído con lupa. Zara, por su parte, también carga con las tensiones propias de una marca global de gran distribución (volumen, velocidad, impacto, percepción de calidad, relación entre precio y deseo). Si la colaboración es demasiado abundante, perderá misterio; si es demasiado limitada, puede alimentar frustración; si se aleja demasiado del código Zara, puede parecer impostada; si resulta demasiado fácil, diluirá el gesto Galliano. La clave estará en encontrar el punto exacto.
Lo que Marta Ortega quiere sentir al consumidor es que no solo compra una prenda, sino que llega a tiempo a algo culturalmente relevante. Zara nació como una revolución comercial porque cambió la velocidad a la que se producía, distribuía y consumía moda. Ahora, está intentando convertirse también en una revolución estética. Si el primer gran poder de Zara fue entender qué queríamos ponernos, el nuevo desafío es entender por qué queremos desearlo. Y Galliano puede ser el aliado perfecto para esa nueva fase.
El atelier improbable, entonces, no está en París ni en una maison cerrada sobre su propio mito. Está entre Arteixo, A Coruña, una campaña de Meisel, una colaboración con Kate Moss, una colección de Pilati, una línea Studio concebida como laboratorio editorial y una prenda antigua de Zara que Galliano puede devolver convertida en aparición. Ese es el cambio real. Zara ya no quiere limitarse a interpretar el deseo. Quiere producirlo, dirigirlo y firmarlo.


