Las gasolineras han dejado de ser simples puntos de repostaje. En los últimos años, se han convertido en espacios de oportunidad comercial donde conviven combustible, alimentación, café, pan recién hecho y ahora también supermercados de proximidad. Esta transformación, además de responder a los cambios en los hábitos de consumo, también responde a una estrategia clara por parte de grandes compañías energéticas y cadenas de distribución para diversificar ingresos, fidelizar clientes y ocupar espacios clave en la vida urbana.
Un ejemplo claro es el acuerdo reciente entre BP y Dia, por el que se abrirán tiendas de la cadena de supermercados en estaciones de servicio de la petrolera a partir de septiembre. El proyecto comenzará con diez establecimientos piloto en Madrid y Andalucía, pero el objetivo es extender el modelo a escala nacional si los resultados acompañan.
Esta alianza permitirá aprovechar el tráfico constante de las gasolineras y convertirlo en ventas adicionales mediante una oferta básica de alimentación, bebidas, artículos de primera necesidad y productos frescos. Además, ambas marcas han lanzado un sistema de fidelización cruzado: por cada 30 litros de carburante, el cliente gana un euro para gastar en la tienda, y viceversa. La idea es clara: convertir una parada rutinaria en una oportunidad de consumo inmediata y práctica.
Este modelo ya había comenzado a perfilarse en 2018, cuando Madrid y Barcelona autorizaron la venta de productos no energéticos en estaciones de servicio. Desde entonces, el concepto ha evolucionado de forma acelerada. Repsol, por ejemplo, ha puesto fin a su negocio conjunto con El Corte Inglés y ha comprado el 45 % que este aún mantenía en Gespevesa, la sociedad que gestionaba cerca de 700 estaciones de servicio.
Su objetivo ahora es desarrollar un modelo propio de tiendas en gasolineras, sin depender de socios externos. Bajo la marca Supercor Stop&Go, Repsol ya trabaja en modernizar y ampliar su red, con la ambición de alcanzar las 1 000 tiendas integradas en 2028.
La clave de este fenómeno está en la conveniencia. Las gasolineras son puntos de paso continuo, ubicados en lugares estratégicos, con horarios amplios y facilidad de acceso. Transformarlas en puntos de venta multicanal es una jugada lógica. Para los supermercados, es una vía de expansión con bajos costes de implantación y un flujo de clientes ya garantizado.
Para las compañías energéticas, representa una forma de compensar la caída progresiva en márgenes del negocio de carburantes y anticiparse al cambio de modelo energético. La electrificación del transporte plantea retos a medio plazo para el modelo tradicional de estaciones de servicio, y muchas marcas ya están invirtiendo en su reconversión: desde incluir puntos de carga eléctrica hasta ofrecer servicios que aporten valor durante el tiempo de espera.
El fenómeno también se expande al segmento low cost. En España operan ya más de 2 400 estaciones automáticas y desatendidas, con precios muy competitivos. Estas gasolineras, que ofrecen descuentos de hasta 20 céntimos por litro, están obligando a los grandes actores a redefinir sus servicios y su valor añadido. Frente a la oferta puramente barata, las grandes marcas apuestan por una experiencia completa, donde el repostaje se convierte en la excusa para acceder a una tienda bien surtida, un café, un producto fresco o incluso una comida preparada.
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