Morgan Stanley ha señalado que la ola de calor que afecta a Europa en 2026 está teniendo un impacto considerable en la economía, debido a la disminución de la productividad laboral, problemas en el transporte fluvial, tensiones en los sistemas eléctricos y disrupciones en sectores como la alimentación, el comercio minorista y el turismo. Según el análisis del banco de inversión, estos fenómenos climáticos extremos serán cada vez más comunes si el calentamiento global se sitúa entre 2,6 y 3,1 grados. En este contexto, la adaptación climática se consolida como una de las grandes preocupaciones de sostenibilidad para los inversores este año.
La entidad subraya que las altas temperaturas han forzado el cierre temporal de reactores nucleares en Francia, restricciones de agua en varios países y complicaciones en las redes ferroviarias en Alemania, Bélgica, Reino Unido y Países Bajos. Aunque estas condiciones tienen implicaciones en los costes y la actividad económica, el impacto general sobre el PIB y la inflación es moderado, gracias a las medidas de contingencia implementadas por las empresas.
La adaptación al calor extremo y la resiliencia de sistemas básicos se han convertido en una prioridad para gobiernos y empresas europeas
En el caso de España, la Península Ibérica se ve especialmente afectada, con condiciones de sequía que aumentan el riesgo de incendios, creando situaciones de "peligro de fuego muy extremo" en extensas áreas del país. Un ejemplo alarmante es el incendio en Los Gallardos, que ha devastado cerca de 7.000 hectáreas y causado al menos 13 muertes, además de varios desaparecidos. Esto refleja el impacto humano y económico de tales incidentes.
Morgan Stanley señala que España está entre los países europeos con mayor nivel de aire acondicionado, presente en el 47% de los hogares, en comparación con la media europea del 19%. Sin embargo, una parte significativa de la población sigue siendo vulnerable al calor extremo. El aumento de "noches tropicales" y episodios de calor prolongado afecta a la salud y el descanso, lo que puede impactar negativamente en la productividad, especialmente en sectores como la construcción, la agricultura o el turismo.
Según el informe, las olas de calor reducen la productividad al limitar la actividad durante las horas centrales del día y obligar a interrumpir trabajos físicos intensos bajo alertas rojas en países como Francia, Italia y España. Sectores como la hostelería y la restauración sufren una disminución del tráfico en entornos urbanos extremadamente calurosos, mientras que el consumo de bebidas y alimentos se ve alterado por cambios en los hábitos de compra.
En cuanto a las infraestructuras y la energía, la mayor demanda de refrigeración, combinada con la menor disponibilidad de ciertas tecnologías por restricciones térmicas, estrecha los márgenes de seguridad en los sistemas eléctricos. Morgan Stanley prevé que el mercado global de refrigeración, que incluye bombas de calor, alcanzará un valor de más de 300.000 millones de dólares para 2030, aunque con desafíos en términos de rentabilidad y competencia para los fabricantes europeos.
Finalmente, la entidad financiera insta a los inversores a integrar estos riesgos físicos en sus modelos de valoración y a monitorear de cerca las estrategias de adaptación que adoptan las empresas, desde la diversificación logística hasta la inversión en refrigeración y medidas de protección contra incendios.
